Estimado lector

El gobierno alemán acaba de lanzar una campaña publicitaria dirigida a su población más joven y en la cual se les insta a convertirse en “héroes” haciendo… ¡NADA! (Si no vio el vídeo, más debajo le facilito el enlace).

El vídeo muestra a un anciano que relata su juventud durante una entrevista.

Se trata de una proyección a futuro, pues el hombre habla de 2020 como si en ese año se hubiera vivido una guerra terrible; como si él mismo hubiera estado en el frente. Y explica que en ese momento toda la sociedad miraba a los jóvenes porque de su comportamiento dependía la salud de todos.

Agrega que la juventud de su país se demostró entonces extremadamente valiente, convirtiéndose en héroes nacionales al volverse “perezosos como mapaches” y simplemente quedarse en casa.

Sin embargo, luego aparece en pantalla un joven con aspecto de drogado y desplomado en su sofá, comiendo patatas fritas y bebiendo refrescos.

Pretende tener un toque de humor… Pero antes de volver al análisis de este mensaje, permítame un pequeño desvío histórico.

Hace 100 años…

Este vídeo vio la luz pocos días después de las ceremonias de conmemoración del fin de la Primera Guerra Mundial el 11 de noviembre.

En aquella contienda millones de jóvenes como el del vídeo perdieron la vida en batalla.
Millones de soldados, cientos de miles de civiles.

Y encima hacia el final de la guerra, una gripe mal llamada “española” por la prensa internacional se cobraba otras tantas decenas de millones de vidas.

En vista de la tragedia pasada, pero también de la falta de perspectivas para la juventud actual, encuentro esta campaña de muy mal gusto.

En realidad, se trata de un doble golpe: desprecio por los mayores y desprecio por los jóvenes. ¡Todo un dos por uno!

Héroes sin inmunidad

No sé si este mensaje es producto del Ministerio de Salud alemán.

Pero lo que es obvio es que, con semejante estilo de vida, ¡el joven tirado en el sofá probablemente nunca llegará a la edad del hombre entrevistado inicialmente!

Es totalmente sedentario, se atiborra de grasas trans y bebidas azucaradas, mira la televisión todo el día… No tiene planes ni conexiones sociales.

Es probable que acabe obeso, deprimido o diabético, o incluso las tres cosas al mismo tiempo. Y eso, si no llega a algo peor.

No es la primera vez que hablamos de ello: una microbiota saludable y diversa depende de la calidad y variedad de la dieta, pero también del número de relaciones humanas que se tengan y de la actividad física que se realice. (1)

O, lo que es lo mismo: con una flora intestinal deficiente, la moral a la altura de los calcetines y un nervio vago inoperante, es imposible que este joven tenga aliento ni alegría, y no digamos ya inmunidad.

De ese modo su cuerpo no podrá defenderse de las bacterias o virus que lo ataquen y… ¡fin de la historia!

La actividad es la mejor defensa

En mi opinión, esta campaña es un error mayúsculo de cabo a rabo: en este período sombrío, sea cual sea nuestra edad, es imprescindible que nos mantengamos activos.

Debemos permanecer despiertos. Esa es la única forma de preservar una buena salud física y mental.

Por eso, en lugar de dejar que le engatusen con patrañas, voy a sugerirle 5 posibles acciones para lograrlo. Empiece hoy mismo y… ¡ya me dirá cómo se siente en unos días!

  1. Comuníquese. Tómese tiempo para llamar a su familia y amigos, especialmente a los que están aislados. Durante las llamadas telefónicas, además, camine.

  2. ¡Siga caminando! Aproveche todo el tiempo que pueda para andar por casa, por los alrededores o por un parque cercano. Solo busque el mejor entorno y el momento idóneo, pero hágalo a diario.

  3. Use sus manos. Ha quedado claro: si podemos permanecer encerrados en casa es porque nuestra supervivencia está asegurada por la actividad de unos pocos agricultores y de muchas máquinas.

    Y en cambio frente a ellos la mayoría de las personas pasan gran parte de su vida sentadas delante del ordenador, de la televisión, en el sofá…

    Dado que ahora estamos más tiempo de lo habitual en casa, quizá sea el momento idóneo para descubrir en nuestras manos un talento oculto como artesanos. Ya sea bricolaje, costura, origami, cerámica, pintura… ¿qué pierde por probar?

  4. La hora del huerto. El vínculo con la tierra es uno de los mayores desahogos en tiempos de incertidumbre como este. Pero no le pido que me crea porque yo se lo digo, ¡sino que se anime y lo compruebe usted mismo!

    Aunque no tenga jardín, podrá instalar unas simples macetitas en el balcón, en el alféizar de la ventana o incluso dentro de casa. Además, la situación se presta para soluciones solidarias de lo más ocurrentes. Por ejemplo, un amigo mío instaló unas jardineras verticales en la acera en las que, de acuerdo con todos los vecinos, han empezado a cultivar sus propias plantas.

  5. Cocinar. El culto al paladar es uno de los grandes consuelos en momentos como el que vivimos. Eso sí, no se trata de lanzarse a hacer pasteles a diario: debe deleitarse con una cocina ligera (acorde con las necesidades calóricas que tenga ahora), colorida y variada, aunque no por ello menos elaborada y deliciosa.

    Al contrario, ahora es el momento de disfrutar de platos exquisitos: ensaladas otoñales, boniatos, cremas de calabaza…

    Saque sus libros de cocina y vaya más allá. ¡Ah! Y no olvide agregar especias beneficiosas para la salud precisamente en estos tiempos, como por ejemplo jengibre y cúrcuma.

    Tampoco dude en compartir sus recetas y sus secretos de cocina con familiares y amigos, para que ellos hagan lo propio.

Y por supuesto comparta también con los jóvenes de su entorno estos consejos. En lugar de quedarse en casa tirados sin hacer nada, anímelos a cuidarse y ser precavidos… ¡pero sin volverse sedentarios, cultivando cuerpo y mente!

¡A su salud!

Luis Miguel Oliveiras

P.D.: Como le prometí, si no lo ha visto todavía, aquí le dejo el vídeo del que le he estado hablando. No dude en contarme qué le parece a usted dejando un comentario.