Que el equilibrio de la microbiota resulta esencial para mantener un buen estado de salud es algo que ya han demostrado numerosos estudios. Uno de los últimos se ha centrado en los tratamientos cancerígenos y ha confirmado que los pacientes oncológicos que tienen una flora intestinal sana responden mucho mejor a estos(1).

Y es que una microbiota sana permite que el organismo absorba y metabolice mejor los fármacos, lo que a la larga mejora la eficacia del tratamiento. Además, ese equilibrio ayuda a que los pacientes toleren mejor los posibles efectos secundarios que puedan surgir (diarrea, fatiga, náuseas, vómitos…).

De ahí que instituciones como la European Society for Medical Oncology (ESMO) hayan puesto el foco de atención sobre la necesidad de que los tratamientos oncológicos se complementen con probióticos para enriquecer la microbiota y obtener todos los beneficios que ello conlleva.

 

Fuentes:

  1. Soumen Roy, Giorgio Trinchieri: «Microbiota: a key orchestrator of cancer therapy». Nature Reviews Cancer. 2017.