Un reciente estudio(1) ha confirmado que las células del sistema nervioso del intestino están implicadas en el desarrollo de la enfermedad de Parkinson. Este trabajo corrobora una nueva hipótesis de la comunidad científica según la cual esta enfermedad neurodegenerativa podría tener su origen en el sistema intestinal (y con signos visibles mucho antes de que se desencadene la enfermedad como tal).

El objetivo de los investigadores era identificar los tipos celulares implicados en los diferentes trastornos para poder diseñar tratamientos específicos más efectivos.

En este sentido, y dado que el párkinson es una enfermedad neurodegenerativa que implica trastornos motores y cognitivos, no les extrañó hallar alteraciones de las neuronas dopaminérgicas (células encargadas de producir dopamina que participan en diversos procesos biológicos -movimiento, motivación y función intelectual-). Más curioso fue, en cambio, observar que también había alteraciones en las neuronas entéricas (es decir, las que residen en el tracto gastrointestinal), lo que confirma la relación entre el desequilibrio de la flora intestinal y el desarrollo de esta grave enfermedad.

Asimismo, descubrieron que los oligodendrocitos, un tipo de neuronas que sirven de apoyo al cerebro, se ven afectadas mucho antes de que lo hagan las neuronas dopaminérgicas. Esto las convierte en una diana muy interesante para diseñar tratamientos precoces que permitan frenar mucho antes el avance de esta grave enfermedad.

Fuentes:

1. Julien Bryois, Nathan G. Skene, Thomas Folkmann Hansen et al: “Genetic identification of cell types underlying brain complex traits yields insights into the etiology of Parkinson’s disease”. Nature Genetics. 2020.