Estimado Lector,

El pasado mes de agosto se celebró el 75 aniversario del desastre de Hiroshima.

Y hace 10 años moría este hombre, a la edad de 93 años:

Su nombre es Tsutomu Yamaguchi.

Era japonés, por lo que puede que usted esté pensando: “Morir a los 93 años siendo japonés no tiene nada de raro”.

Sin embargo, Yamaguchi pudo haber muerto a la edad de 29 años. Y hasta en dos ocasiones.

Hiroshima: 6 de agosto de 1945

En 1945 Tsutomu Yamaguchi fue contratado por la famosa empresa Mitsubishi.

En el mes de junio viajó a Hiroshima para supervisar la construcción de unos barcos y el 5 de agosto completó su misión, que duró dos meses.

El día de regreso pactado era el siguiente, el 6 de agosto.

Pero la mala suerte quiso que Tsutomu Yamaguchi olvidase sus documentos de identidad, por lo que dio la vuelta para recuperarlos. De camino, escuchó el rugido en el cielo de un bombardero B29 estadounidense. (1)

No vio el avión, pero sí cómo solo unos segundos después el cielo se iluminó con un destello gigantesco, seguido de un calor infernal.

Estados Unidos acababa de lanzar la primera bomba atómica sobre Japón.

La bomba atómica que cayó sobre Hiroshima mató inmediatamente a 75.000 personas, y casi el mismo número murió a causa de las heridas en los días siguientes.

No fue lo que sucedió a Tsutomu Yamaguchi, que sin embargo estaba a tres kilómetros del epicentro de la explosión.

Sus brazos y parte de su rostro sufrieron quemaduras de tercer grado. Perdió la vista temporalmente y la audición en su oído izquierdo de forma permanente.

Sin embargo, cubierto de vendajes, salió del hospital dos días después y regresó a casa.

Cuenta la explosión y esta se repite

Durante su estancia en Hiroshima, Yamaguchi había dejado a su esposa y a su hijo de 3 años y medio en casa.

Sin embargo, al regresar a su ciudad rápidamente se dirigió junto su jefe, a quien contó todo lo sucedido.

Le estaba explicando que había visto un rayo blanco, sentido mucho calor… cuando, de pronto, otro golpe de luz iluminó las oficinas de Mitsubishi y un calor infernal arrasó el local.

Resulta que este hombre vivía y trabajaba en Nagasaki, donde acababa de ser lanzada la segunda bomba atómica.

Al igual que en la primera ocasión, estaba de nuevo a tres kilómetros del epicentro de la explosión. Y, como la primera vez… sobrevivió.

Creí que el hongo atómico me había seguido desde Hiroshima”, llegó a asegurar más tarde. (2)

Sobrevivir dos veces

Japón es el único país del mundo que ha experimentado ataques atómicos.

Los supervivientes de las bombas de Hiroshima y Nagasaki tienen un título oficial, “hibakusha”, que significa “irradiados”. Se contabilizaron 260.000.

Tsutomu Yamaguchi fue el único “doble hibakusha”. Es decir, que es la única persona en la Historia que ha sobrevivido al impacto mortal de dos bombas atómicas.

Ahora bien, sobrevivió, sí, pero sufrió el resto de su vida a causa del efecto de ambas bombas.

Tuvo que usar vendas para sus quemaduras durante 15 años, además de que permaneció sin pelo durante mucho tiempo. También se quedó sordo de un oído.

Y, por supuesto, no tuvo solo sufrimiento físico, sino que también experimentó el dolor moral.

Su esposa y su hijo, más alejados que él del impacto de la bomba de Nagasaki, murieron de cánceres avanzados. Y él mismo también murió de cáncer, solo que mucho después.

Ikigai

La historia es ya de por sí increíble. Pero es que encima no se detiene ahí.

Los estragos de dos bombas atómicas no pudieron hacerle sobrevivir por más de 60 años por obra y gracia de ningún don divino.

El motivo por el que Tsutomu Yamagochi vivió tanto tiempo a pesar de su sufrimiento físico, a pesar de la pena de ver a su familia devorada por el cáncer causado por la lluvia radiactiva, es obvio: su ikigai.

El ikigai es la “misión” íntima ligada al cuerpo; un objetivo o meta que poseemos y que nos hace durar, continuar, a pesar de la edad y de la enfermedad.

El ikigai de Tsutomu Yamagochi está muy claro: como doble superviviente se sentía interpelado a realizar una profunda misión de testimonio y paz, a fin de que nadie se encontrara jamás en su situación de nuevo.

De las Naciones Unidas a los estantes de las librerías

Varios años después de las bombas en Hiroshima y Nagasaki, Tsutomu Yamagochi aprendió inglés para poder testificar en el idioma de quienes lo habían irradiado.

Fue a la sede de las Naciones Unidas en Nueva York (Estados Unidos), en una cita prevista para promover el desarme nuclear. Luego, escribió poemas.

Para contar el horror de las dos explosiones atómicas.

Para promover la paz.

De hecho, hasta el final de su vida Tsutomu Yamagochi no dejó de traducir sus poemas al inglés, para que los estadounidenses pudieran leerlos. (3)

Y murió solo dos semanas después de que James Cameron, el famoso director de la película Titanic, viajara a Nagasaki para conocerlo con planes de hacer una película sobre él.

Un caso no tan único

No es raro que al hablar de Okinawa (isla japonesa famosa por su numerosa población centenaria) mucha gente se pregunte cómo es posible que los habitantes de este archipiélago, quienes también pagaron un alto precio por las consecuencias de la Guerra del Pacífico, hayan seguido siendo tal modelo de longevidad.

En mi opinión, en muchos casos se debe a la misma razón que explica el caso de Tsutomu Yamagochi: el ikigai de muchos de los que conocieron el horror en la batalla de Okinawa fue testificar, precisamente, para evitar que aquello volviese a suceder.

Un ejemplo que sin duda nos lleva a reflexionar sobre nuestro propio propósito en la vida.