A las personas con hipertensión o con riesgo de sufrirla se les suele recomendar que caminen a diario para reducir la presión arterial. Pero ahora un estudio ha concluido que, para alcanzar ese objetivo, interesa más una práctica aparentemente más liviana: hacer estiramientos(1).

Para la investigación se contó con 40 personas con tensión arterial alta y de una media de 61 años, que dividieron en dos grupos. Las del primero siguieron una rutina de estiramientos de todo el cuerpo de 30 minutos de duración, 5 días a la semana. Por su parte, las del segundo caminaron enérgicamente esos 30 minutos los mismos días. Tras medir la presión arterial de todos los participantes al inicio y al final del experimento, de 8 semanas de duración, se observó un menor nivel en el primer grupo.

La explicación está en que con los estiramientos se estiran los vasos sanguíneos que nutren los músculos. Esa mayor flexibilidad reduce el riesgo de rigidez arterial y, en consecuencia, ofrece una mejoría en la presión arterial (a más distención, menos rigidez).

A tenor de estos resultados, los investigadores aconsejan a aquellas personas que tienen hipertensión -o que están en riesgo de sufrirla-, a las que se les suele recomendar que caminen a diario, que acompañen esa rutina con estiramientos para obtener unos mejores resultados.

Fuentes:

1. Jongbum Ko, Dalton Deprez, Keely Shaw et al.: Stretching is Superior to Brisk Walking for Reducing Blood Pressure in People with High–Normal Blood Pressure or Stage I Hypertension. Journal of Physical Activity and Health. 2020.