Los aceites vegetales son muy buenos aliados para tratar e hidratar la piel, como puede que ya sepa. Y es que los beneficios de estos aceites, una materia grasa obtenida por la presión de las semillas o los frutos de una planta oleaginosa (colza, oliva, girasol, sésamo…), son innumerables.

Pero partiendo de su mismo origen hay una gran variedad de productos diferentes, todos ellos muy beneficiosos, que podríamos considerar “primos” de los aceites vegetales.

Los macerados aceitosos

Puede que usted utilice algunos “aceites vegetales” que son en realidad maceraciones de plantas medicinales en un aceite virgen que sirve de vehículo o matriz. El modo de uso de los macerados, su apariencia y sus propiedades se parecen mucho a los de los aceites vegetales convencionales que se obtienen por presión de semillas oleaginosas.

Uno de los macerados más conocidos es el aceite de caléndula (Calendula officinalis), con propiedades antiinflamatorias, hidratantes, antibacterianas… Para obtenerlo, las flores de caléndula se maceran en un aceite virgen relativamente neutro (oliva, sésamo, girasol…). Tras varias semanas, la preparación se filtra y se obtiene un aceite vegetal repleto de ingredientes activos provenientes de las flores de caléndula.

Aquí tiene algunas indicaciones para sacarle todo el partido a este macerado tan útil.

  • Dolor de tripa. Un simple masaje con este aceite le proporcionará un gran alivio. Para ello ponga en su mano de 1 a 2 cucharaditas de macerado orgánico de caléndula y masajee sobre la zona en el sentido de las agujas del reloj. Utilizado de esta manera, este aceite propaga un calor suave en la esfera gastrointestinal y calma los cólicos y los calambres gracias a sus ingredientes activos (fitoesteroles de acción calmante).
  • Irritación o ardor leve. Impregne una compresa con una cantidad generosa de macerado de caléndula. Colóquela en el área irritada (por quemaduras solares, fricción, depilación…) y deje reposar una hora. Pronto notará cómo la piel se calma.
  • Picazón en los párpados. También puede aplicar sobre el ojo cerrado una compresa impregnada en la maceración de caléndula. Trate de mantener la compresa sobre el ojo durante 10 minutos. Luego enjuague con un algodón empapado en agua termal o agua floral de aciano. Al realizar este tratamiento a diario durante 3 días, el párpado enrojecido y seco (incluso en caso de eccema) recuperará su flexibilidad y dejará de sentir molestias.

Otros macerados bastante comunes son:

  • El aceite de hipérico o hierba de San Juan (Hypericum perforatum), que posee un gran poder cicatrizante.
  • El aceite de zanahoria (Daucus carota), para revitalizar piel y cabello.
  • El aceite de árnica (Arnica montana), para tratar golpes y contusiones.
  • El aceite de margarita (Bellis perennis), que tensa y moldea la piel.

Puede encontrarlos en tiendas de productos orgánicos -seguramente junto a los aceites vegetales convencionales- e incluso en alguna farmacia o parafarmacia.

Pero ¡también puede prepararlos usted mismo! Por si se anima, aquí le dejo una receta con la que podrá elaborar su propio macerado:

Receta de un macerado casero

Para hacer un macerado aceitoso usted mismo, en lo primero que tiene que pensar es en el aceite virgen que recibirá los principios activos de la planta.

Elija siempre un producto orgánico, pudiendo optar por ejemplo por aceite de oliva o de girasol. También puede elegir un aceite de sésamo o de semillas de uva, aunque estos quizás sean un poco más difíciles de encontrar.

Luego es el turno de considerar las plantas que se prestarán a la maceración. Es esencial seleccionar aquellas que puedan liberar sus activos en el aceite (ya sean frescas o secas). Siguiendo los ejemplos anteriores, puede utilizar flores de caléndula, capullos y flores de hipérico, flores de árnica…

Cómo preparar un macerado aceitoso

  • Coloque las plantas en un frasco de vidrio grande y previamente desinfectado llenándolo hasta la mitad. Tenga en cuenta que hacen falta alrededor de 300 g de plantas por cada litro de aceite, aunque no hay una regla fija. Lo importante es que las plantas queden completamente cubiertas.
  • Cubra las plantas con el aceite “estable” que haya elegido, que debe ser virgen y orgánico.
  • Sujete un trozo de tela o papel vegetal en la parte superior del frasco con la ayuda de una banda elástica.
  • Coloque el frasco en un lugar templado, a ser posible con iluminación natural durante algunas horas al día para garantizar un calor suave. Evite la exposición directa a la luz solar.
  • Si el nivel de aceite ha disminuido significativamente después de 48 horas, agregue un poco para cubrir las plantas nuevamente.
  • Deje macerar durante un mes y medio aproximadamente. Remueva la mezcla agitando suavemente el frasco cada 2 ó 3 días.
  • Al final del período de maceración, vierta la mezcla en una ensaladera filtrándola a través de un paño de algodón. Escurra los vegetales o plantas que han quedado sobre el paño para extraer todo el aceite que aún pudieran contener.
  • Con la ayuda de un embudo, transfiera el macerado obtenido a una botella, preferiblemente de vidrio tintado en color ámbar o azulado.
  • Cierre y almacene. Puede usar este remedio natural durante 6 ó 7 meses siempre que lo guarde a temperatura ambiente y alejado del aire y de la luz.

Las mantecas vegetales

Otro importante “primo” de los aceites vegetales: las mantecas vegetales. Estas se obtienen de la misma manera que los aceites, con la diferencia de que son sólidas a temperatura ambiente (debido a sus lípidos).

Seguramente conoce la manteca de cacao -una de las más famosas junto a la de karité- pero ¿sabía que es el resultado de la presión de los granos (parecidos a las almendras) que se encuentran en las habas de cacao?

Las mantecas se convierten en aceite vegetal cuando se calientan. Por ello, aplicadas a la piel mediante fricción también se funden y penetran en la epidermis.

El método de extracción de las mantecas vegetales es bastante similar al de los aceites. Los granos se trituran por presión y luego se trabaja la pasta obtenida (a veces con agua) para recuperar las sustancias grasas que constituyen la manteca.

También puede hacerse una extracción con solventes. Estos se utilizan, después de presionar las semillas oleaginosas, para hacer reaccionar las materias grasas durante el calentamiento, facilitando así la separación del solvente y la grasa que constituirá la manteca.

Al igual que los aceites, las mantecas vegetales también poseen muchas propiedades. Las mantecas que resultan de una primera presión en frío, sin refinar, se describen como “crudas” y conservan prácticamente todas las propiedades de la planta. Sin embargo, su olor suele ser fuerte y hay a quien no le gusta, además de que su consistencia no siempre es homogénea.

Las llamadas mantecas “refinadas”, en cambio, son filtradas o “limpiadas a presión” con vapor después de la extracción. Este tratamiento proporciona un producto incoloro e inodoro muchas veces preferido por la industria cosmética. Sin embargo, estas mantecas son menos ricas en principios activos.

Por ello, le recomiendo que para sus recetas y tratamientos elija mantecas “bio” crudas sin refinar. Si realmente no le complacen y opta por una manteca refinada, asegúrese en cualquier caso de que está certificada como orgánica. Esto le garantizará que no ha sido sujeta a una técnica de refinación demasiado dañina.

El enfleurage

Otro proceso en torno a los aceites vegetales es el enfleurage, un método que consiste en esparcir, en un aceite o grasa neutros, las flores aromáticas de una planta (como el jazmín, las violetas, la vainilla…) para capturar su esencia.

Esta técnica ancestral se ha usado tradicionalmente en la industria del perfume para obtener la base en las composiciones del perfume, aunque hoy en día la extracción de esencias se lleva a cabo con procesos más eficientes y menos costosos.

Ahora que conoce estos productos totalmente naturales tan próximos a los aceites vegetales, ¡ya no tiene excusas para seguir usando aceites y cremas plagadas de químicos!