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¿Y si las largas listas de espera tuvieran algo positivo?

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Muchas veces el tiempo es el mejor aliado de la salud. Y este texto, en el contamos el curioso caso de un paciente que se curó tras no poder ser operado, lo demuestra.

Las listas de espera cada vez más largas para ser visto y tratado por un médico o especialista causan mucha ansiedad y sufrimiento innecesario.

Ahora bien, como está a punto de ver, lejos de ser un inconveniente en ocasiones eso debe verse casi como una bendición.

Y es que en realidad muchas veces el tiempo es el mejor aliado del médico (¡y del paciente!).

El tiempo, una excelente “medicina”

El médico británico Michael Fitzpatrick reveló a The Daily Telegraph los efectos inesperados del cierre de servicios hospitalarios a causa de la pandemia por Covid.

Hacía tres años que había enviado a uno de sus pacientes al cirujano ortopédico para una intervención de rodilla. Sin embargo, la operación se pospuso varias veces debido a las olas de contagios y, finalmente, se canceló.

Ante la imposibilidad de operarse, el paciente decidió hacer lo único que podía para aliviar su dolor: seguir el consejo que le había dado su médico de practicar ejercicio y comer más sano.

Perdió peso y el dolor de rodilla desapareció, como suele ocurrir, dado que el sobrepeso es la principal causa de dolor por artrosis en las rodillas y los tobillos.

Los médicos de familia saben esto muy bien. Sin embargo, a menudo prescriben medicamentos sobre todo por complacer al paciente, para demostrar que “se está haciendo algo”.

Hay muchas personas que no toleran salir de la consulta sin una receta bajo el brazo.

Sin embargo, como digo, la mayoría de los facultativos saben perfectamente que, en el fondo, numerosos resfriados, rinitis, sinusitis, gripes, gastroenteritis, dolores de espalda y de cabeza, verrugas, picores y llagas terminan desapareciendo por sí solos con el tiempo, sin que nadie sepa realmente por qué.

Que no le frustre la espera

El tiempo es esencial tanto para el tratamiento como para el diagnóstico.

De hecho, a menudo las enfermedades más graves comienzan con síntomas vagos: malestar, fatiga, pérdida de apetito, dolor difuso…

Si los síntomas empeoran rápidamente, en pocas horas, lo más probable es que se trate de una infección, de una dolencia aguda y pasajera. Y en cambio es cuando las cosas empeoran a lo largo de días cuando pueden significar algo más serio.

Es por ello que, con frecuencia, cuando uno acude a una cita médica inmediatamente, ante la primera señal, el médico se ve privado de los medios para entender qué es lo que ocurre.

No es extraño que termine diciéndole que vuelva más tarde, “si los síntomas persisten”.

¿A que le ha sucedido esto alguna vez?

Muchas veces esperar aumenta las probabilidades de recibir un diagnóstico y un tratamiento adecuados. Y esto ocurre incluso con algunas visitas a urgencias.

En “apuros” por la rápida autocuración del cuerpo

El hecho de que nuestro cuerpo tenga una capacidad de autocuración tan poderosa nos ha puesto a la mayoría en una situación difícil en algún momento.

Recuerdo siendo muy niño la angustia y la vergüenza que sentía cuando me daba cuenta de que ya no me dolía nada cuando llegaba el médico a casa.

¿Qué pensaría él? ¿Qué dirían mis padres, que habían perdido un día de trabajo esperando ansiosamente al médico todo el día junto a mi cama?

Pero a veces sucede lo contrario. Una persona arrastra un leve malestar y piensa: “Si dura, debe ser grave”.

En esos casos, una sencilla reflexión ya indica lo contrario: si se tratase de una enfermedad capaz de poner en peligro la vida, con toda probabilidad en un plazo razonable ya habría percibido signos evidentes y un empeoramiento notorio (y en ese caso, por supuesto, lo lógico es que acuda a consulta cuanto antes).

Sin embargo, cuando una persona lleva meses o años experimentando ciertos síntomas leves e “inexplicables” desde el punto de vista médico, pero sin que estos hayan atacado sus funciones vitales y sin que se haya identificado una importante enfermedad, lo más probable es que se puedan descartar las dolencias más graves.

Esto no significa que no sufra potencialmente alguna patología menos conocida, como por ejemplo la fibromialgia, o que la vida vaya a ser agradable o exenta de dolor.

Sin embargo, quizá la situación debería llevarle a buscar otras perspectivas -por ejemplo, de la mano de un médico holístico o integrativo, en el caso de no haberlo hecho ya-, así como causas que no sean las puramente físicas.

Hace un tiempo publicamos un texto que ahondaba en todas estas cuestiones y que ya en su día generó un intenso debate en comentarios (los encontrará al final del artículo). Le animamos a leerlo aquí y a dejar también su opinión si le apetece.


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