Era la estrella del Un, dos, tres…, aquel programa mítico que reunía a familias enteras las noches de los viernes delante de la televisión.

Ahora las nuevas generaciones ya no asocian la calabaza a la Ruperta ni a que los concursantes se volviesen a casa con las manos vacías, sino a Halloween, a terroríficos disfraces y a noches de muertos vivientes.

Pero la calabaza, más allá de modas y mitos, es un alimento de primer orden al que me gustaría dedicar hoy este Tener S@lud.

Fueron los españoles quienes la introdujeron en Europa tras aprender a cultivarla en América, continente en el que se cosechaba ya en la Antigüedad. Ahora bien, hay registros que apuntan que la calabaza también lleva muchos siglos siendo sembrada en países de Oriente.

Aunque en un primer lugar los europeos la utilizaron como comida para los animales, poco a poco se fueron obteniendo variedades más dulces y sabrosas. Y así fue como esta fruta (sí, se trata de un fruto, al igual que el tomate y el pepino) dio el gran salto a nuestros platos.

Su importancia se ha plasmado de muy diversas formas a lo largo de la Historia. Las pepitas de calabaza habrían sido usadas como cuentas del rosario en algunos monasterios en la Edad Media, la propia fruta habría servido como moneda durante cierto período en la actual Haití y su cáscara, utilizada para guardar agua o vino, se convirtió en uno de los símbolos identificativos de los peregrinos del Camino de Santiago.

Esta tradición jacobea ha pervivido hasta la actualidad, al igual que dichos y expresiones populares con la calabaza como protagonista. “Dar calabazas” es, sin lugar a dudas, una de las más conocidas.

Por si se lo pregunta, se cree que el origen de esta frase está en una antigua costumbre propia de ciertos pueblos rurales. Al parecer, cuando acudía a comer a casa un pretendiente que no era bien recibido, se le daba un plato de calabaza tras la comida, en lugar de un cigarro. Y es que este alimento ha sido durante mucho tiempo considerado un “antiafrodisíaco” capaz de bajar o anular la libido.

Y asimismo no hay que olvidar que la calabaza posee también cierto componente mágico: además de ser un clásico de la noche de Halloween fue la herramienta perfecta que sirvió al hada madrina de Cenicienta para construir una espectacular carroza.

No obstante, la elección de este recurso literario tiene más sentido de lo que parece. Y es que resulta que ninguna otra planta es capaz de producir un fruto mayor que la calabaza (un granjero belga logró el Guinness World Records con un ejemplar que pesaba prácticamente ¡1.200 kilos!).

El porqué de su importancia

La calabaza nunca habría llegado a adquirir tal relevancia en nuestra cultura si no fuese un alimento excelente para la salud.

Tanto su carne como sus preciosas semillas (también comestibles después de asadas) están repletas de nutrientes (vitaminas, minerales…). Y de las pepitas puede extraerse, además, un aceite fantástico y muy aromático.

La calabaza contiene gran cantidad de antioxidantes, entre los que destacan los carotenoides (alfa-caroteno, beta-caroteno y beta-criptoxantina) y las vitaminas C y E. Estos antioxidantes son sustancias capaces de neutralizar los radicales libres, unas moléculas agresivas generadas por el metabolismo de las células del cuerpo y por lo general muy inestables. (1)

En determinadas circunstancias los radicales libres pueden resultar útiles, especialmente a la hora de destruir las bacterias patógenas que atacan al organismo. Sin embargo, en exceso desencadenan un estado de “estrés oxidativo” que aumenta el riesgo de sufrir enfermedades crónicas, dolencias cardiovasculares y cáncer. (2)

Ensayos realizados en probeta y con animales han demostrado que los antioxidantes que contiene la calabaza protegen la piel contra los rayos solares y disminuyen el riesgo de tumor y de enfermedad ocular. (3) (4)

Además, al transformarse en vitamina A los carotenoides también refuerzan el sistema inmunitario permitiéndole combatir las infecciones, un efecto que se ve reforzado por la riqueza de la calabaza en vitamina E, hierro y folato, útiles para mejorar la inmunidad del organismo. (5)

De ahí que precisamente sea tan beneficioso comer calabaza en esta época del año en la que comienza a atacar el frío. ¡Es uno de los vegetales de temporada que más conviene estos meses!

Grandísima aliada de la salud ocular

La calabaza es excelente para los ojos también por su riqueza en vitamina A, en luteína y en zeaxantina, todas ellas sustancias que reducen el riesgo de sufrir cataratas y degeneración macular asociada a la edad (DMAE). (6) (7)

Pero, además de eso, las vitaminas C y E contribuyen a proteger la mácula de los desgastes relacionados con los radicales libres y que se producen debido a las excesivas concentraciones de luz.

Gran cantidad de potasio y de fibras

En cuanto a sus efectos sobre la digestión, la calabaza también es excelente: facilita todo el proceso y, además, sus fibras nutren enormemente la flora intestinal.

Del mismo modo, su riqueza en potasio reduce el riesgo de sufrir hipertensión arterial (HTA) o un accidente cerebrovascular (ACV) o ictus.

Puede ser utilizada de muy diversas formas: en sopas, gratines, tartas… En concreto, el pastel de calabaza a la canela, una receta típica de Estados Unidos, ha ganado mucha fama en Europa en los últimos años (si aún no lo ha probado, le recomiendo que lo haga, ¡está delicioso!).

Ahora bien, puede prepararse de otras formas mucho más sencillas. Por ejemplo, basta con asar en el horno grandes trozos de calabaza que haya salpimentado previamente.

La verdad es que constituye por sí sola una completa comida; una cena ideal, por ejemplo, para aquellos que desean comer sano y ligero.

Cuestión de variedades

Los más puristas disputan sobre apelativos y categorías, ya que existe una enorme variedad de calabazas (cacahuete o moscada, hoikkaido o potimarron, alcayota o de cabello de ángel…).

Pero, al fin y al cabo, todas son calabazas y todas poseen enormes beneficios para la salud.

Y otro punto a su favor: cualquiera de ellas se conservará muy bien en invierno. Así que, sea cual sea su variedad preferida, bastará con que la guarde en un lugar fresco, seco, bien aireado y… ¡bien visible! Solo de ese modo podrá disfrutarla también con los ojos antes de comerla.

Fuentes:

  1. Ami Ben-Amotz, Rachel Fishier. “Analysis of carotenoids with emphasis on 9-cis β-carotene in vegetables and fruits commonly consumed in Israel”. Food Chemistry. Volume 62, Issue 4, 1998, Pages 515-520, ISSN 0308-8146. doi.org/10.1016/S0308-8146(97)00196-9.
  2. “Chronic inflammation and oxidative stress as a major cause of age-related diseases and cancer”. Nemat Khansari, Yadollah Shakiba, Mahdi Mahmoudi. Recent Pat Inflamm Allergy Drug Discov. 2009 Jan; 3(1): 73–80.
  3. “β-Carotene and other carotenoids in protection from sunlight”. Wilhelm Stahl, Helmut Sies. Am J Clin Nutr. 2012 Nov; 96(5): 1179S–1184S. Published online 2012 Oct 10. doi: 10.3945/ajcn.112.034819.
  4. “The role of carotenoids in human health”. Elizabeth J. Johnson. Nutr Clin Care. 2002 Mar-Apr; 5(2): 56–65.
  5. “Selected vitamins and trace elements support immune function by strengthening epithelial barriers and cellular and humoral immune responses”. Silvia Maggini, Eva S. Wintergerst, Stephen Beveridge, Dietrich H. Hornig. Br J Nutr. 2007 Oct; 98 (Suppl 1): S29-S35. doi: 10.1017/S0007114507832971.
  6. “Association of vitamin A and β-carotene with risk for age-related cataract: a meta-analysis”. Aimin Wang, Jing Han, Yunxia Jiang, Dongfeng Zhang. Nutrition. 2014 Oct; 30(10): 1113–1121. Published online 2014 Mar 12. doi: 10.1016/j.nut.2014.02.025
  7. “AREDS : au-delà du rapport 8”. Revues Génerales. Micronutrition.

Fuentes:

  1.  Página web “lawebdelundostres.es”.
  2.  Guinness World Records. Twitter.