Reconozco que he leído con el corazón en un puño la entrevista que aparece en el próximo número de Plantas & Bienestar con el Dr. Lagarde, especialista en oncología.

Cuando una eminencia en su campo pone sobre el tapete con tal rotundidad los fallos en el tratamiento convencional del cáncer, y alguien querido está justamente ahora enfrentándose a esa enfermedad, como me ocurre a mí… cuesta contener la respiración.

Para empezar, el Dr. Philippe Lagarde alerta claramente contra las biopsias.

Todos sabemos qué es una biopsia y a priori parece un procedimiento razonable: extraer una pequeña muestra de tejido o un nódulo o un bulto sospechoso para analizarlo y diagnosticar con precisión la enfermedad.

Lo que no todo el mundo sabe es que las biopsias favorecen el desarrollo del cáncer por el que precisamente se ha tomado la muestra. El Dr. Lagarde lo explica claramente en la entrevista que va a aparecer en el nuevo número de Plantas & Bienestar:

Se sabe que una célula cancerosa necesita mucha sangre para desarrollarse, por lo que obliga al organismo a crear nuevos vasos sanguíneos alrededor de ella; es lo que los científicos llaman “angiogénesis”. Sucede lo mismo que cuando una herida atrae mayor cantidad de sangre a esa zona para favorecer su cicatrización. Una biopsia no es ni más ni menos que una herida y, como tal, favorece un flujo de sangre en torno del tumor, que lo alimenta”.

Escalofriante.

Por eso el Dr. Lagarde es contundente al afirmar: “¡¡No hay que practicar biopsias salvo cuando es verdaderamente necesario; nunca de forma sistemática!!

Y ese no es el único despropósito de cuantos se practican sistemáticamente en el diagnóstico y tratamiento del cáncer.

El problema de los fármacos de la quimioterapia

Aquí va otro, que el Dr. Lagarde califica literalmente de “auténtico escándalo”.

Verá.

Las células cancerosas son mutantes, capaces de “aprender” más rápido que el resto de células no tumorales (es decir, las sanas), y es así como pueden hacerse resistentes a la quimioterapia.

Por eso es necesario, según el Dr. Lagarde, combinar al menos tres fármacos diferentes en un protocolo para poder frenar durante el mayor tiempo posible ese fenómeno. Sin embargo, ¿sabe cuántos suelen emplearse en la quimioterapia? ¡Uno solo! La razón, que desgraciadamente no me sorprende, la revela el Dr. Lagarde: “Los laboratorios suelen imponer el uso de un único producto porque quieren saber si es eficaz o no”.

En otras palabras: que los pacientes son poco menos que conejillos de indias en manos de la industria farmacéutica.

Toda esta información, que usted también podrá leer en el próximo número de Plantas & Bienestar, es especialmente relevante cuando viene de boca de un médico que igualmente afirma que la quimioterapia es insustituible frente al cáncer. Es decir, no nos va a contar alternativas al tratamiento convencional -que es imprescindible-, sino todos los errores, defectos y consejos que todo paciente de cáncer debería conocer. Porque abre los ojos a una nueva realidad.

Tres estrategias para optimizar la quimioterapia

Por eso, pese a que esté revelando información reservada en exclusiva a los lectores de Plantas & Bienestar, hay tantas personas que ahora mismo pelean contra el cáncer que considero una obligación moral compartir con todos tres importantes estrategias relacionadas con la quimioterapia:

  1. LA DOSIS MÍNIMA ES LA MÁS EFICAZ.Nada puede de momento sustituir a la quimioterapia, que muchas veces sigue siendo imprescindible, aunque debería utilizarse de forma diferente. Así, la investigación ha demostrado que cuanto más concentrado está el producto quimioterapéutico en el líquido que baña la célula cancerosa, menos penetra en ésta. En definitiva, que en lugar de “golpear” demasiado fuerte hay que buscar una dosis mínima eficaz.
  2. UNA FORMA DE APLICARLA DIFERENTE. También la duración del tratamiento de quimioterapia es importante, ya que una vez el líquido ha penetrado en la célula sólo es eficaz durante la división celular, que dura aproximadamente 36 horas. Dicho de otra manera: una quimioterapia realizada fuera de la división celular no sirve absolutamente para nada. Lo mejor es optar por quimioterapias continuadas a lo largo de tres o cuatro días, con concentraciones más bajas y siempre con la dosis mínima eficaz respecto a las que aconsejan los laboratorios o el protocolo internacional. Esto resulta mucho menos tóxico para el enfermo y permite que el tratamiento llegue en el momento adecuado.
  3. RECIBIR QUIMIOTERAPIA ANTES DE LA CIRUGÍA. Aplicar quimioterapia como tratamiento neoadyuvante (es decir, antes de la operación), permite bloquear la evolución de eventuales micrometástasis. Por lo tanto, sería necesario hacer una sesión antes de prácticamente cualquier intervención, ya que con frecuencia la operación en sí misma empeora notablemente la enfermedad, pues da un “impulso” al cáncer, como si las células cancerosas tomasen carrerilla.

El Dr. Lagarde dirigía un centro oncológico hasta el momento de jubilarse, y es un firme defensor de la convergencia de las terapias naturales con las convencionales.

Por favor, si alguien de su entorno se enfrenta a esta enfermedad, hágale llegar este e-mail. Yo voy a hacerlo con esa persona querida de mi entorno de la que le hablaba al principio que ahora mismo lucha contra la enfermedad.

Sé que es delicado hacerlo, pero si yo estuviese ahora mismo en esa situación agradecería que alguien me hiciese llegar lo que el Dr. Lagarde ha desvelado en Plantas & Bienestar para poder hablarlo con mi médico tranquilamente.

En el nuevo número de Plantas & Bienestar el Dr. Lagarde también revela mucha más información sobre el papel de las terapias naturales y la alimentación en el tratamiento de la enfermedad, y quien desee adentrarse en ellas está por supuesto invitado a solicitar su suscripción.

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Pero independientemente de ello, estos consejos del Dr. Lagarde ya tienen un enorme valor.

Espero que su difusión ayude a los pacientes a conocer mejor sus opciones terapéuticas.

Los casos de cáncer han aumentado un espeluznante 28% en los últimos seis años, prueba de que quizá, tal como denuncia el Dr. Lagarde, el enfoque actual hacia la enfermedad no es del todo correcto.