Estimado Lector,

Quizá su nombre no le suene, pero Dave McGillivray, de 65 años, es uno de los corredores de maratón más famosos de Estados Unidos.

Ha participado en nada menos que 8 triatlones y ¡140 maratones!

Siendo adolescente ya corría el Maratón de Boston, del cual ahora es uno de los organizadores. Y durante casi medio siglo no se lo ha perdido ni una sola vez.

En resumen, se trata de un atleta más que consumado.

Sin embargo…

… en 2013 McGillivray comenzó a sentir dificultades para respirar al comienzo de sus carreras. Le faltaba el aliento. En sus propias palabras, “sentía que estaba corriendo a gran altitud”. (1)

Los médicos evaluaron su corazón y sus pulmones y las pruebas no mostraron nada anormal.

Sin embargo, poco antes de apagar 60 velas, el diagnóstico finalmente llegó: las arterias de Dave McGillivray estaban severamente obstruidas.

¿Cómo puede ser que le suceda a un gran deportista?

La enfermedad arterial coronaria se manifiesta cuando las arterias encargadas de suministrar sangre oxigenada al músculo cardíaco (miocárdico) quedan total o parcialmente bloqueadas por la presencia de placas de ateroma.

Y es que las paredes de las arterias pueden acumular depósitos de grasa, colesterol LDL oxidado, calcio… depósitos que también reciben el nombre de “placas arterioescleróticas”.

Se trata de un fenómeno que, si bien aumenta naturalmente con la edad, no es inevitable, dado que la arterioesclerosis (la acumulación de esas placas) se debe en gran medida al estilo de vida: tabaquismo, sedentarismo, obesidad, diabetes, hipertensión arterial…

Lamentablemente ya se ha convertido en la principal causa de muerte y de discapacidad en los llamados países “civilizados”. Pero por suerte también hay importantes excepciones. (2)

La población de más edad de Okinawa, por ejemplo, de la que hemos hablado en alguna ocasión, mantiene su estilo de vida tradicional, el cual les ayuda a mantener sus arterias jóvenes.

Este fue el primer descubrimiento del cardiólogo que divulgó el gran secreto de los centenarios de esta isla, el Dr. Makoto Suzuki: su envidiable salud arterial se debe principalmente al hecho de que realizan actividad física regular durante todo el año y a lo largo de todas sus vidas.

Pero no solo eso.

Y es que este hecho en realidad no los diferencia de Dave McGillivray, quien es…

· … un deportista de alto nivel desde la adolescencia.

· … una persona no fumadora.

· … muy delgado y desprovisto de acumulaciones de grasa (por el contrario, es extremadamente musculoso).

¿Por qué se bloquearon entonces las arterias de McGillivray?

La respuesta es simple: por lo que comía.

Hacer deporte no da “carta blanca” en la mesa

Aunque diligente en el deporte, Dave McGillivray cometió uno de los errores más comunes en términos de nutrición: creyó que la actividad deportiva “compensaba” sus excesos con la comida.

En una entrevista concedida en 2018 confesó que nunca había dejado de comer “como un adolescente”. Es decir, mucha comida rápida:

Como corredor, creía que si la temperatura de mi ‘caldera interna’ era lo suficientemente alta todo lo que metiera en ella lo quemaría. Así que comía absolutamente todo lo que quería”. (3)

El artículo en el que fue publicado su testimonio denunciaba el malentendido que reina entre la actividad física y el peso, ya que no son pocas las personas que creen erróneamente que el deporte permite “quemarlo” todo, incluida la comida basura (con exceso de azúcares y de grasas malas).

Sin embargo, un estudio reciente llevado a cabo con niños estadounidenses por un lado y con pequeños de una tribu del Amazonas por el otro ha echado por tierra esa idea: los menores de ambos entornos queman la misma cantidad de calorías.

Sin embargo, en Estados Unidos los niños tienen una marcada tendencia al sobrepeso, lo que no sucede en los de la tribu amazónica.

La explicación está, sencillamente, en la calidad de los alimentos que comen. (4)

Nutrición: el papel que realmente merece

Los comentados hasta aquí son buenos ejemplos que ilustran una cuestión fundamental: la nutrición no es un “componente”, ni un “factor”, ni una “parte” de la salud.

Es su piedra angular, su centro.

Uno puede hacer deporte, no fumar, tener la impresión de seguir un estilo de vida “saludable”… Pero si no presta atención a lo que come, está perdido.

Y es que la forma en que comemos no solo afecta a la salud de nuestras arterias. También puede implicar:

· Un mayor riesgo de desarrollar cáncer.

· Un mayor riesgo de sufrir alzhéimer.

· Una mayor probabilidad de padecer problemas articulares graves (como por ejemplo osteoartritis).

Y eso por citar solo tres ejemplos.

Por desgracia los alimentos procesados, la carne poco saludable (atiborrada de antibióticos, de hormonas…) y las frutas y verduras modificadas genéticamente o impregnadas de pesticidas están por todas partes.

A veces resulta difícil escapar de ellos, del mismo modo que en ocasiones cuesta identificar los alimentos más beneficiosos para la salud.

Pues bien, sin ánimo de resultar presuntuoso debo decirle que lo cierto es que usted tiene mucha suerte. En Salud Nutición y Bienestar ese es precisamente nuestro objetivo: poner a su servicio, día a día, la mejor información para que pueda cuidar de su salud de forma natural y gracias a las mejores estrategias.

Y el éxito lo confirman los múltiples mensajes de agradecimiento que recibimos semana a semana. Créame si le digo que leernos… ¡es ya una gran apuesta!

¡A su salud!

Luis Miguel Oliveiras

Fuentes:


1. Burfoot Amby. “Dave McGillivray: Heart Disease Q & A”. Road Runners Club of America. Nov, 2019. 2. James HF. Rudd, Davies, Weissberg. “Chapter 1. Atherosclerotic biology ans epidemiology of disease”. Textbook of Cardiovascular Medecine, 2007. Eric J. Topol et R.M Califf, Lippincott Williams & Wilkins.

3. Kunitz Daniel. “Can you outrun a bad diet? Experts share their nutrition advice for runners”. Abr. 2018.

4. Urlacher S. et al. “Constraint and trade-offs regulate energy expenditure during childhood”. Science Advances. Dic. 2019.

Imagen

1. Maaatin. Wikimedia Commons