La aspirina proviene originalmente del sauce y de la Spiraea ulmaria (o Filipendula ulmaria), conocida esta última también como “reina de los prados”. Y es que ambos vegetales son ricos en ácido salicílico (“salix” significa “sauce” en latín), el cual ha sido utilizado durante cientos -tal vez miles- de años para combatir la fiebre, el dolor y la inflamación.

Pero a pesar de su origen vegetal, la aspirina no es tan natural ni inocua como pudiera pensarse en un primer momento.

El problema del ácido salicílico

Lo que pasa con el ácido salicílico es que causa úlceras y sangrados en el estómago. Por ello, los químicos que lograron aislarlo en el siglo XIX buscaron el modo de hacerlo menos agresivo. Y se dieron cuenta de que una pequeña modificación (la adición de un grupo acetilo, es decir, una molécula compuesta por dos átomos de carbono, tres átomos de hidrógeno y un átomo de oxígeno) producía una sustancia igualmente efectiva contra la fiebre y la inflamación, pero mucho menos irritante.

Así nació la aspirina, nombre comercial del ácido acetilsalicílico. Sin embargo, aunque se limitó su efecto irritante, aún en la actualidad la aspirina sigue causando problemas de estómago, incluso en pequeñas dosis, sobre todo si se toma a diario (algo que únicamente debe hacerse en los casos concretos que le detallaré más adelante).

Los comprimidos “gastrorresistentes” no ayudan

Aunque la aspirina se tome como un comprimido recubierto con una capa “gastrorresistente”, que se disuelve en el intestino delgado, el estómago sigue sin estar a salvo. Y por mucho que algunos fabricantes de aspirinas se escuden en que no hace daño al estómago… esto no es cierto.

De hecho, para reducir el dolor la aspirina inhibe las prostaglandinas (sustancias de carácter lipídico que forman parte de la respuesta natural del organismo al daño) en todo el cuerpo, lo que conlleva unos efectos indeseados sobre la mucosa gástrica. Es lo que pasa también cuando, por ejemplo, se aplica una crema antinflamatoria en la rodilla y esta causa problemas en el estómago.

La aspirina fluidifica la sangre

En la actualidad muchas personas (y sus médicos), siguen dependiendo de la aspirina porque esta fluidifica la sangre o, al menos, al ser un antiagregante plaquetario, evita que las plaquetas se adhieran formando coágulos.

Para las personas que tienen las arterias del corazón obstruidas y que corren el riesgo de sufrir un ataque cardíaco si un coágulo se atasca, tomar una aspirina a diario parece una buena idea. Pero, ¿hasta qué punto esto es así?

Cuando yo era joven, se creía que el riesgo de úlcera de estómago y de sangrados relacionados con las aspirinas era tan bajo que todo el mundo podía -¡incluso debía!- tomar una cada día. Así, recuerdo cómo en el instituto varios amigos de 17 ó 18 años, deportistas y en buena forma, se tomaban un comprimido efervescente todos los días.

Por fortuna, en la actualidad nos hemos alejado de esta locura. Y es que las recomendaciones oficiales ahora son más claras y adecuadas: no hay que tomar aspirina si no se tiene un riesgo cardíaco específico, porque el peligro de hemorragia supera con creces los beneficios. En este caso “riesgo cardíaco” hace referencia principalmente a personas que han sufrido un ataque al corazón o un accidente cerebrovascular (ACV), o que tienen las arterias en muy malas condiciones.

Es decir, que la aspirina solo estaría recomendada especialmente en personas mayores sin ningún riesgo de hemorragia por alguna enfermedad ni úlceras en el estómago, para las que la dosis diaria sugerida es de entre 75 y 150 mg.

De acuerdo con un gran metaanálisis de ensayos aleatorizados de fármacos antiplaquetarios publicado en el British Medical Journal (BMI), cada año se previenen de 10 a 20 accidentes cardiovasculares (que engloban los cerebrovasculares) por cada 1.000 pacientes en riesgo que toman aspirina. (1)

Pero, ¿qué dicen los expertos en salud natural?

¿Es mayor el beneficio o el riesgo?

Un número no determinado, pero probablemente muy alto (quizás un 70%) de los accidentes cerebrovasculares no son causados por un coágulo en el cerebro sino, por el contrario, por una hemorragia.

Y, como es sabido, la hemorragia tiene lugar cuando la sangre no se coagula lo suficientemente rápido y fluye fuera de un vaso sanguíneo. En la mayoría de las ocasiones, sobre todo en personas mayores, la hemorragia se produce por la rotura de una arteria cerebral, producida por hipertensión o arterioesclerosis. En jóvenes, la causa más común de hemorragia cerebral es la rotura de un aneurisma.

Por lo tanto, a menos que el accidente cerebrovascular se pudiera diagnosticar indiscutiblemente como “isquémico” (causado por un coágulo), sería incluso más peligroso prescribir aspirinas a una persona que ya haya tenido un ACV que a una persona que no haya sufrido ninguno.

En el caso de las personas que han tenido un ataque cardíaco, un ACV isquémico o arterioesclerosis avanzada, la pregunta es: ¿tomar aspirina reduce lo suficiente su riesgo de sufrir un nuevo accidente cardiovascular como para justificar un mayor riesgo de sangrado?

Antes de responder a esta delicada cuestión, creo necesario subrayar su complejidad. Es cierto que los accidentes cardiovasculares son con mucha frecuencia mortales y casi siempre incapacitantes. Por su parte, el sangrado gastrointestinal es grave pero, en la mayoría de los casos, no es mortal ni causa discapacidad.

¿Cómo conseguir el equilibrio entre ambos? En efecto, resulta muy difícil. Requiere una revisión detallada del estado general de salud del paciente, particularmente con respecto a las posibilidades de sobrevivir, y de curarse, si se sufrieran problemas de sangrado.

Unos investigadores estudiaron durante 10 años a personas que seguían un tratamiento antiplaquetario tras haber sufrido un accidente cardiovascular isquémico y vieron que el número de casos de sangrados en pacientes de más de 75 años (226 episodios sobre un total de 1584 pacientes) era ligeramente mayor que en los de menor edad. (2)

Además, de los casos de hemorragia en los pacientes que superaban la edad de 75 años, 35 fueron mortales y 95 fueron de mayor importancia. Por tanto, el riesgo de muertes por sangrado por tomar aspirinas en personas de más de 75 años que hayan sufrido un accidente cardiovascular sería de alrededor de un 0,6%.

En cuanto al riesgo de accidente cardiovascular, un estudio demostró que este disminuye aproximadamente un 20% en las personas que han tenido un accidente cardiovascular isquémico (un infarto o un ACV isquémico) y que toman aspirina. Este mismo estudio confirmó la ineficacia de la aspirina en las personas que no han sufrido estos accidentes. (3)

En resumen: la aspirina no ha demostrado interés clínico en prevención primaria, es decir, en aquellos sujetos que nunca han presentado un evento cardio o cerebrovascular. Por el contrario, posee cierta eficacia en prevención secundaria, es decir en el ictus o en el reinfarto de miocardio en los pacientes que ya han sufrido este tipo de proceso y que siguen presentando factores de riesgo cardiovascular.

En conclusión…

Si se ha sufrido un accidente cardiovascular isquémico y se toman pequeñas dosis de aspirina a diario no hay por qué preocuparse por el riesgo de sangrados, pero tampoco hay que esperar grandes resultados.

Y es que este “tratamiento” no es realmente tal, ya que hay otras medidas que se deben llevar a cabo al mismo tiempo para reducir de manera efectiva el riesgo de recaída. En este sentido es muy importante la alimentación que se sigue.

Así, para evitar problemas cardiovasculares el único método realmente efectivo para reducir el riesgo (incluido el de recidiva), es la dieta mediterránea. Este tipo de alimentación reduciría las probabilidades de sufrir un accidente cardiovascular en un mínimo de un 30%, según una investigación española, aunque algunos estudios elevan esa cifra al 70%. (4) (5)

Por ello, nunca me cansaré de recomendarle que tome verduras, aceitunas, aceite de oliva, pequeños pescados grasos, algo de cereales, vino tinto… ¡eso sí, todo siempre en su justa medida!

Fuentes:

  1. “Collaborative meta-analysis of randomised trials of antiplatelet therapy for prevention of death, myocardial infarction, and stroke in high risk patients”. Antithrombotic Trialists’ Collaboration. BMJ. 2002 Jan 12;324(7329):71-86. Erratum in: BMJ 2002 Jan 19;324(7330):141.
  2. Linxin Li, DPhil. Olivia C Geraghty, DPhil. Ziyah Mehta, DPhil Prof Peter M Rothwell, FMedSci on behalf of the Oxford Vascular Study Show footnotes. “Age-specific risks, severity, time course, and outcome of bleeding on long-term antiplatelet treatment after vascular events: a population-based cohort study”. Open Access. June 13, 2017. doi.org/10.1016/S0140-6736(17)30770-5.
  3. Bavry AA, Elgendy IY, Elbez Y, Mahmoud AN, Sorbets E, Steg PG, Bhatt DL and for the REACH Registry Investigators. “Aspirin and the risk of cardiovascular events in atherosclerosis patients with and without prior ischemic events”. Clin Cardiol. 2017; 40: 731. 738. doi.org/10.1002/clc.22724
  4. Ramón Estruch, Emilio Ros, Jordi Salas-Salvadó, Maria-Isabel Covas et al. “Primary Prevention of Cardiovascular Disease with a Mediterranean Diet”. N Engl J Med 2013; 368:1279-1290. DOI: 10.1056/NEJMoa1200303.
  5. Lorgeril, Michel de et al. “Mediterranean diet, traditional risk factors, and the rate of cardiovascular complications after myocardial infarction: final report of the Lyon Diet Heart Study.” Circulation 99 6 (1999): 779-85.