Seguramente una de las palabras que más ha oído en los últimos tiempos es “crisis”. Y no solo cuando se habla de economía, sino al tratar cualquier aspecto de la vida: espiritual, tecnológico, geopolítico, físico…

Sin embargo, creo que no siempre nos referimos a ese término de la manera adecuada. Hay quien considera, por ejemplo, que una crisis es la interrupción temporal de un sistema y que cuando esta termina se vuelve al estado anterior, a la “normalidad”.

Yo no lo veo así.

En mi opinión una crisis es más bien un cambio (así aparece definida en el diccionario de la RAE, la Real Academia de la Lengua Española) y, como tal, puede conllevar cosas buenas o malas (otra de las definiciones de la RAE, de hecho, es la de “situación mala o difícil”).

Es lo que ocurre cuando esa crisis tiene lugar en el plano de la salud, por ejemplo, al ser diagnosticada una enfermedad. Sin duda, puesto que se trata de algo dañino, da lugar a pensamientos y sentimientos negativos, además de que nadie asegura que una vez superada no se vaya a sufrir alguna otra patología…

Entonces, ¿acaso la crisis no sería más bien un estado permanente de sufrimiento?

Cambiar el modo de ver la vida

Si tiene la impresión de que la vida no es más que una constante sucesión de episodios negativos, la solución entonces no puede ser la de esperar encontrar una “puerta de salida de la crisis”, pues jamás dará con ella.

Sin embargo, le será de gran ayuda cambiar la manera en que considera su vida.

Y es que debemos estar dispuestos a cambiar desde lo más profundo de nuestro ser para despertar de esas ilusiones y sueños acerca de una vida similar a la de los cuentos de hadas, donde no existe el sufrimiento ni las catástrofes. Dispuestos, en definitiva, a aceptar la vida tal y como es, incluidos sus inconvenientes.

Como diría Gandhi, “nuestro poder no reside en la capacidad de rehacer el mundo, sino en la de reinventarnos a nosotros mismos”.

La enfermedad como impulso para el cambio

La mayoría de la gente que se interesa por la medicina natural pasa o ha pasado por enfermedades graves o muy graves. Es decir, ha experimentado graves “crisis”.

Así, las personas que están sanas y acuden a la naturopatía de manera preventiva, sin haber estado realmente enfermas ni haber sido testigos de enfermedades en su entorno más cercano, son la excepción.

Normalmente hace falta que el Destino llame a nuestra puerta trayéndonos una crisis en forma de enfermedad… Esa puede ser nuestra oportunidad para cambiar.

Antes de caer enfermo, me pasaba la vida gastándome el dinero en comprar cosas solo para impresionar a personas que realmente no me importaban”, me dijo alguien una vez.

Pero ya no lo hacía. La enfermedad le había dado, como a menudo sucede, la oportunidad de llevar a cabo los cambios que según él debería haber emprendido hacía años. Y es que solemos posponer estas decisiones importantes básicamente porque al principio no comprendemos su importancia.

Hasta que la enfermedad llega y nos recuerda lo que es esencial.

Por ejemplo, que solo se vive una vez y que la vida puede ser muy bella si no perdemos el tiempo o la energía en cosas negativas; que cada aliento y cada latido de nuestro corazón pueden y deben verse como un milagro.

Dos formas de vivir la vida

Al parecer Albert Einstein dijo que “solo hay dos formas de vivir la propia vida: una es hacer como si nada fuera un milagro, la otra es hacer como si todo fuera un milagro”.

En la línea de la segunda de estas opciones, el Dr. David Servan-Schreiber explicó en su libro Anticáncer cómo descubrió la belleza de la vida el día que le fue diagnosticado un tumor cerebral.

De repente, cuenta Servan-Schreiber, se sintió liberado de toda la presión que sus padres habían ejercido sobre él, y que él había ejercido sobre sí mismo, en el “deber” de ser siempre el mejor en todo.

En definitiva, descubrió una buena razón para emplear el tiempo que le quedaba de vida en hacer lo que era importante para él. Sin limitarse a las expectativas de su padre, de sus maestros, de sus colegas y de sus rivales, que hacían que este médico francés viviera la vida como ellos querían, o más bien como él imaginaba que los otros esperaban.

Y ahí es cuando se rebeló. Al dejar de intentar “triunfar” consiguiendo diplomas y realizando hazañas de todo tipo, finalmente se atrevió a ser él mismo. Así fue como consiguió el verdadero éxito.

Por ejemplo, en los libros que han cambiado la forma de pensar de millones de personas, y que muy probablemente han salvado numerosas vidas, en sus crónicas repletas de sabiduría y de verdad…

A esto hay que añadir que la energía que le sobrevino en el momento de su diagnóstico le permitió ¡burlar los pronósticos pesimistas de los médicos! Tanto es así que llegó a vivir hasta 20 años después de que se le diagnosticara el cáncer.

Un tumor maligno que se supone que debía mermar sus capacidades intelectuales y dejarle apenas unos meses de vida le ofreció, sin embargo, la ocasión de ser creativo y de ayudar a los demás descubriendo nuevas opciones terapéuticas. Entre ellas se encuentran el EMDR (desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares, por sus siglas en inglés), y sustancias muy beneficiosas para la salud como los ácidos omega 3 y los antioxidantes.

El Dr. David Servan-Schreiber mostró que la “curación” (que da título a uno de sus libros) no significa superar una patología o lesión. Significa más bien que las heridas ya no controlan nuestras vidas, permitiéndonos incluso acceder a una libertad genuina, la libertad de dejar que nuestros temores queden atrás, porque entendemos que ninguna condición nos impedirá amar.

Y usted, querido lector, ¿ha experimentado esa transformación positiva por una enfermedad propia o de alguien cercano?

Si es así, sería fantástico que lo compartiera con los demás lectores de Tener S@lud y conmigo. Le invito a hacerlo dejando un comentario más abajo.