En los largos meses de pandemia muchas personas han sufrido interminables colas en el médico, esperas infinitas por una llamada de teléfono de su doctor…

Y esa falta de tiempo también ha resucitado una de las eternas quejas por parte de los facultativos: que una cita médica debería estar motivada por un único problema de salud.

En descargo de los médicos he de recordar que tienen -porque el sistema así lo plantea- apenas unos minutos para atender a cada paciente. (1)

¡Por supuesto que cumplir con esos márgenes se complica cuando una persona saca un listado de dolores y problemas que comentar una vez que consigue hablar con su doctor!

Por qué son tan malas las prisas en las consultas

Muchos médicos coinciden generalmente en un punto: los pacientes no saben priorizar correctamente entre los diferentes problemas de salud que sufren ni tienen claro qué deben contar.

Eso deriva en interminables consultas en las que se entremezclan problemas, haciendo menos eficiente la visita.

Por ejemplo, no es raro ver que una consulta motivada por un ataque de asma reciente, para establecer o ajustar el tratamiento previo, termina con la renovación de otra receta vigente, con una exploración de una mancha en la piel, con el volante para otro especialista…

Este tipo de consultas múltiples consumen mucho tiempo e interrumpen el buen funcionamiento del sistema, es cierto.

Pero lo que también es un hecho es que con frecuencia los verdaderos motivos de una consulta -es decir, el origen real del problema- suelen salir a colación después de un tiempo de conversación.

Incluso casi al final de la misma.

Esto, ¿es culpa del paciente? ¡Por supuesto que no!

 

A menudo se necesita tiempo para desarrollar completamente el hilo de una historia, explicando los pormenores de cada circunstancia.

Y eso es precisamente lo que marca la diferencia y permite entender por qué una persona ha llegado a tal punto en el desarrollo de una enfermedad, como muy bien saben muchos expertos en medicina natural, alternativa y complementaria.

De hecho, lo habitual es que una primera consulta con un especialista de este tipo tenga como duración ¡nada menos que una hora!

Parece mucho, pero en realidad es el tiempo que requiere conocer en profundidad al paciente, escucharle, comprender sus circunstancias y descubrir cómo se le puede ayudar de forma efectiva.

Ahora bien, independientemente de que el médico le dedique 5, 15 ó 60 minutos, es cierto que hay mucho que usted puede hacer para mejorar esa visita. Antes incluso de llegar a la consulta.

Y de hecho ese es el motivo por el que le escribo el Tener S@lud de hoy.

Mejore su experiencia como paciente

La sensación de prisa en el médico no ayuda a nadie. El paciente puede olvidarse de algo importante que debiera comentar y eso, a su vez, puede dar lugar a un error por parte del facultativo.

Por eso le invito a que, antes de acudir a la próxima consulta, la prepare planteándose a sí mismo las preguntas que va a ver a continuación.

Por supuesto, no es lo mismo una visita para renovar una receta que otra en la que se va a hablar de un problema de salud en seguimiento o incluso una en la que se abordará un dolor de origen desconocido.

Especialmente en este último caso, le aconsejo que responda mentalmente -o incluso escribiéndolo sobre un papel- al siguiente cuestionario antes de acudir al centro de salud:

 

    1. ¿Cuál es el motivo que me lleva a la consulta (el problema de salud que me ha empujado a solicitar la cita)? 
    2. ¿Cuándo comenzó ese problema? ¿Cómo lo hizo y bajo qué circunstancias? 
    3. ¿Cómo evolucionó el problema y cuáles son los síntomas actuales? 
    4. ¿Hay algún cambio en mi día a día que yo pueda asociar a la aparición del problema? 
    5. ¿Qué preguntas quiero o necesito hacer al médico sobre este problema o enfermedad? 

Y por supuesto, también:

  1. ¿Tengo alguna otra solicitud que hacer? ¿Es urgente o puede esperar? 

 

En realidad, una versión más reducida de este interrogatorio ya fue propuesta por Hipócrates de Cos ¡hace nada menos que 2.500 años!

Son lo que se conoce como las “3 preguntas básicas de Hipócrates”:

1. ¿Qué le pasa?

2. ¿Desde cuándo?

3. ¿A qué lo atribuye?

No es de extrañar que sea a este célebre médico griego, que de hecho se considera el “padre” de la Medicina tal y como la conocemos, a quien debamos una herramienta de diagnóstico tan útil como esta.

Eso sí, antes de despedirme quiero recordarle que, para ciertas dolencias cotidianas y menores, en la farmacia, en el herbolario o incluso en una tienda especializada un experto en salud podrá asesorarle directamente.

Y no se preocupe: si la situación así lo requiere, sin duda le recomendará que acuda a su médico.

¡A su salud!