Los sonidos audibles se sitúan entre los 0 y los 140 decibelios (dB). El ruido del viento en los árboles está próximo a los 20 dB, mientras que una conversación normal o la algarabía en unos grandes almacenes, por ejemplo, rondan los 60 dB.

Ahora bien, el nivel sonoro al que nuestros oídos están sometidos constantemente suele ser más alto, lo que acaba afectando a nuestra audición:

  • 70-80 dB (en el límite de la incomodidad): se corresponde con los gritos, el ruido del tráfico, un patio de colegio…
  • 90 dB (nivel peligroso): es el de un grito cercano, una moto, un cortacésped…
  • 100 dB: se corresponde con un concierto, una sierra eléctrica, una taladradora, un reproductor de música portátil a potencia máxima…
  • 110 dB: en la discoteca, en ciertos embotellamientos de tráfico, en caso de estruendo…
  • 120 dB (en el límite del dolor): están el disparo de fusil, el taladro neumático, un concierto de rock (cuando nos encontramos muy cerca de los altavoces)…
  • 130 dB: por ejemplo, en el despegue de un avión (presenciado desde las proximidades).