Hoy quiero confiarle un secreto: los 12 deseos que voy a pedir con las uvas esta Nochevieja.

Es muy probable que usted también lo haya leído u oído en algún lugar: la tradición de tomar las uvas para dar la bienvenida al nuevo año como augurio de la buena suerte nació en 1909 a raíz de una muy buena cosecha de uva.

Se cree que los productores, para dar salida al excedente de producto, decidieron comercializarlas como las “uvas de la suerte”. Y ahí nació una costumbre que ha llegado hasta nuestros días.

Sea cual sea su origen, la verdad es que se ha convertido en una arraigada tradición y un entrañable y divertido momento para vivir en familia o con los amigos (¡cuántas veces mis hijos me han colado una uva de más para confundirme!).

Pero también es un momento en el que, aunque pueda sonar algo ingenuo, tendemos a proyectar las ilusiones para los meses venideros. Es algo natural, ya que el cierre del año (y en este caso todavía más, ya que nos encaminamos hacia el fin de la década) supone un punto de inflexión que invita a echar la vista atrás y a evaluar lo conseguido, así como a planificar y a orientar los objetivos futuros.

De ahí que los “deseos” de Año Nuevo sean en realidad esperanzas y expectativas positivas para lo que sabemos que está por venir. Es decir, que simplemente ponemos de manifiesto nuestra intención y nuestra voluntad de que esos proyectos salgan bien.

No hablamos de deseos materiales, sino de los que se esconden en lo más profundo de nuestro corazón. Aquí van los míos:

Mis 12 deseos para 2020

1. Me encantaría ver cómo poco a poco desaparecen de las estanterías de tiendas y supermercados los productos precocinados y ultraprocesados en general, sustituidos por productos frescos, de calidad y de proximidad. Sé que no es algo que se pueda conseguir de forma inmediata, pero si los consumidores tomasen conciencia de la fuerza que poseen como colectivo podrían cambiar muchas cosas a pasos de gigante.

2. En la misma línea, me gustaría que terminase la sinrazón de las estanterías de productos frescos llenas de plástico. Está más que demostrado dónde terminan la mayoría de esos residuos y el colosal desastre que provocan en la Naturaleza. Además, ¿qué sentido tiene que las frutas y verduras, incluso las orgánicas, estén envueltas en capas y más capas de material contaminante?

3. Y pediría por supuesto que quienes no lo han hecho todavía tomen conciencia del ingente consumo de carne que realizamos en nuestro país, y que poco a poco adopten posturas más responsables para con el medioambiente y para con su propia salud. Y es que un reciente informe sitúa a España como uno de los países con mayor impacto ecológico debido a la alimentación, lo que obedece a la tan extendida cultura cárnica. (1)

Siento decirlo de este modo, pero la salud -tanto la nuestra como la del planeta- pasa por un importante cambio de hábitos. Y, aunque no sea necesario eliminar por completo la carne, sí hay que reducir drásticamente su consumo.

4. Querría que los parques vuelvan a llenarse no solo de pequeños jugando, sino también de personas haciendo deporte al aire libre. Afortunadamente cada vez somos más, si bien la tónica imperante sigue siendo el gimnasio. ¡Con la cantidad de beneficios que tiene practicar ejercicio al aire libre y que se pierden de esa forma…! Y eso por no hablar de los que directamente no practican ninguna actividad física en su día a día (en torno al 40% de la población). (2)

5. Que el aire continúe librándose progresivamente del humo del tabaco, que tan mal ha hecho a la salud en general a lo largo de la Historia. Y sobre todo que se reviertan las cifras que indican un alto consumo por parte de los más jóvenes. Si dejar de fumar es uno de sus propósitos de Año Nuevo, espero de corazón que persevere y lo consiga (no olvide que hay soluciones naturales que pueden ayudarle).

6. Me encantaría asimismo ver menos ansiedad a mi alrededor; menos personas corriendo de un lado a otro, sin ser conscientes de lo que les está sucediendo en ese preciso momento. Una profunda crisis de valores impide que la mayoría de la sociedad viva el día a día disfrutando del presente y con atención plena. En lugar de eso, no hacen más que proyectar sus miedos e inseguridades sobre el devenir. Está claro que algo debe cambiar, y cuanto antes.

7. En este sentido, creo que es importante recuperar la capacidad de disfrutar y de emocionarse con las pequeñas cosas, las verdaderamente importantes. De ese modo se combatirían, de paso, el consumismo y el materialismo, que convierten los logros personales y el desarrollo emocional en algo banal y “de segunda”. Tal y como dijo Benjamin Franklin, “la felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días”.

8. También pediría ver menos cabezas bajas y mesas de restaurante en silencio por culpa de los móviles. Muchas veces he hablado de este tema y no quiero parecer radical, pero sin duda hay ciertos contextos en los que, si pudiese, los eliminaría directamente. Menos chatear y más hablar de tú a tú con las personas que nos rodean, amigos y vecinos.

Los mensajes que más hondo calan son los que se dicen en persona, así que estas Navidades trate de compartir buenos momentos, por breves que sean, con todos aquellos a los que quiere.

9. Combatir la epidemia de soledad que desde hace años asfixia a gran parte de la población, especialmente a nuestros mayores, es responsabilidad de todos. Y eso solo se consigue explorando nuevas vías de solidaridad. Por eso mi noveno deseo es que, si no lo hace ya, se anime a empezar con pequeños gestos como ayudar a sus vecinos de más edad con la compra, preocuparse por si necesitan algo si viven solos, acompañarlos cuando saquen a pasear al perro o a realizar algún recado… Puede que le parezca poca cosa, pero le aseguro que el impacto de estas acciones es enorme.

10. Pido también que por fin se empiece a valorar como se debe tanto a la Naturaleza como al inmenso tesoro que esta nos proporciona. Prácticamente cada problema de salud posee un remedio escondido en el mundo natural, esperando para ser encontrado -si es que nuestros ancestros no lo han hecho ya-. Y es que no se puede negar que la evolución de la Humanidad ha bebido del entorno natural desde la noche de los tiempos. ¡Rindámosle el homenaje que merece!

11. Por supuesto también deseo que el 2020 sea el año en el que se empiece a poner fin al sinsentido de la campaña de desprestigio contra la medicina natural, que encima nuestro país parece capitanear. Sigo sin entender la lógica de todo esto: ¿de verdad pretenden hacernos creer que saben más que nadie, a pesar de que la mayoría de terapias a las que atacan llevan siendo usadas con éxito miles y miles de años y están perfectamente aceptadas en otros países de nuestro entorno?

12. Y, por último, permítame reconocer que con la duodécima uva inevitablemente me acordaré de una persona muy cercana que está pasando por una situación de salud un tanto delicada. Hace escasos meses le detectaron un cáncer bastante avanzado y ni un solo minuto, desde el primer día, ha dejado de luchar o ha perdido la esperanza.

Por ello pediré que ni sus ganas de vivir ni las de ningún otro enfermo se apaguen, al igual que hace unos días hizo la lectora Blanca M. con su emotiva carta enviada desde Tener S@lud. Y que tampoco nos flaqueen las fuerzas a quienes estamos a su lado en los momentos difíciles.

¿Y usted? ¿Ya sabe qué va a pedir al 2020? Más abajo puede contármelo. Como siempre, estaré encantado de leerle.

A su salud y… ¡muy feliz Año Nuevo para usted y para los suyos!