Deporte. Esfuerzo. Superación. Ilusión. Sueños cumplidos. Trabajo en equipo. Orgullo…

Ahora que han comenzado los Juegos Olímpicos de Río ojalá esas fueran las palabras que acudieran a mi mente. Pero no puedo apartar de mis pensamientos la imagen de esos bebés afectados de microcefalia y otras anomalías cerebrales y el futuro que les espera, así como la irresponsabilidad de quienes decidieron no priorizar la salud por encima de todo y no tomaron la valiente decisión de aplazar o reubicar los Juegos. Por eso, la palabra que inevitablemente me viene a la cabeza en estos días de las primeras medallas y las primeras decepciones deportivas es otra: zika.

Y quiero explicarle por qué. Con toda la crudeza que el caso requiere. Por favor, siga leyendo lo que hoy quiero contarle.

“Hay riesgos para todos los que viajen a los Juegos Olímpicos”

Así de clara es la “Guía de Salud Pública para viajeros a Río de Janeiro para los Juegos Olímpicos y Paralímpicos 2016” que ha publicado el Departamento de Salud Pública de NYU Langone Medical Center, un reputado centro médico académico dependiente de la Universidad de Nueva York, tradicionalmente orientado a dar respuesta a los problemas urgentes de salud pública. (1)

Como sin duda el zika lo es.

Por esto en su guía no se andan con paños calientes ni eufemismos ni ceden a lo políticamente correcto, sino que llaman a las cosas por su nombre. Aseguran que “viajar a Brasil podría plantearle riesgos a usted mismo, a sus seres queridos y a sus futuros hijos” y por ello proporciona a los atletas y viajeros en general información clara y profunda para que, si deciden ir, lo hagan desde el “consentimiento informado”.

Me gustaría saber por qué los españoles (atletas, delegaciones, visitantes…) no han contado con algo parecido. En su lugar, el Ministerio de Sanidad español distribuye un díptico con información claramente insuficiente, además de obsoleta, de la expansión de una enfermedad que exigiría información rigurosa, constante, detallada y actualizada. (2)

El Zika es un virus que se aisló por primera vez en un macaco Rhesus en el bosque de Zika, en Uganda, en 1947, de donde tomó su nombre. La primera epidemia humana tuvo lugar sesenta años después, en la isla de Yap, en la Micronesia francesa, en 2007, pero sus consecuencias se silenciaron.

Estallaron nuevas epidemias en Polinesia y Nueva Caledonia en 2013 y 2014, sin que en ningún caso hubiese reacción por parte de las autoridades sanitarias.

Y un año más tarde, en 2015, la enfermedad se transmitió a Sudamérica. El 1 de febrero de 2016 la Organización Mundial de la Salud (OMS) calificó como emergencia de salud pública de importancia internacional la epidemia del virus del Zika.

Entonces todo eran incertidumbres. Hoy sigue siendo mucho lo que desconocemos, pero muchas incógnitas se van despejando y todo cuanto vamos sabiendo es más y más preocupante.

Hoy, en plenos Juegos Olímpicos de Brasil (el país más afectado y cuya celebración nos hará entrar en una nueva etapa de expansión; tiempo al tiempo) quiero que sepa lo último de esta epidemia que empieza a estar fuera de control.

Una nueva enfermedad: síndrome congénito del zika

Primero fue la sospecha de que las mujeres embarazadas infectadas por el virus podían transmitírselo al feto, y éste en algunos casos sufrir como consecuencia microcefalia. Hoy esa relación causa efecto ya está fuera de toda duda, pero las consecuencias de la transmisión intrauterina del virus de la madre al feto son muchísimo más amplias, por lo que la OMS ya habla de una nueva enfermedad: el síndrome congénito del zika. (3)

Así, ya es “oficial” que el virus estaría vinculado a otros problemas graves que padecería el niño al nacer, como daños cerebrales, convulsiones, espasticidad (rigidez muscular), problemas de visión y de oído, problemas cardiacos, digestivos y genitourinarios, entre otros. Además, y esto es muy importante, las disfunciones neurológicas (tanto físicas como cognitivas) pueden darse en bebés que tengan la cabeza de tamaño normal (es decir, que no vayan asociadas a la microcefalia).

La propia OMS ha alertado en ese mismo informe de que la alta expansión del virus haga que “muchos miles de niños” vayan a sufrir este nuevo síndrome que les va a provocar discapacidades de moderadas a severas.

Mosquitos: más especies, más resistentes y más extendidos

Desde el principio estuvo claro el papel del mosquito Aedes aegypti en la expansión del virus. El mosquito actúa como vector, lo que significa que un mosquito debe picar a una persona infectada y, posteriormente, picar a otra sana, a quien transmitiría a su vez la enfermedad.

La OMS y el Comité Olímpico Internacional (COI) intentaron tranquilizar a la opinión pública asegurando que la actividad de ese mosquito iba a ser muy baja en Brasil durante los Juegos, dado que allí es invierno, y ese mosquito necesita altas temperaturas.

Pues bien, la primera sorpresa es que durante los Juegos está habiendo temperaturas más altas de lo normal (algunos días superiores a 30º). La siguiente es que el mosquito aegypty se está extendiendo por todas partes (ya hay casos de transmisión de zika en Estados Unidos por picaduras de esta especie, presente en muchos estados). En España no hay poblaciones de aegypti, pero los entomólogos las esperan de un momento a otro debido a la globalización de los transportes y el consiguiente trasiego de personas y mercancías y al aumento de temperaturas.

El virus del zika también puede transmitirlo otro mosquito de la familia Aedes, su primo el Aedes albopictus (coloquialmente conocido como “mosquito tigre”), presente en zonas más frías.

En España, por ejemplo, está bien instalado en la península, especialmente en la costa mediterránea. La novedad es que cada vez se encuentran más ejemplares en el centro. Los últimos hallazgos que han despertado la alerta de los entomólogos dan fe de su presencia en Aragón. El hecho de que haya colonizado una zona del prepirineo alerta a los expertos respecto a su cada vez mayor tolerancia al frío. (4)

Y una última sorpresa respecto a la transmisión del zika a través de mosquitos: el Culex quinquefasciatus (un mosquito común conocido como “zancudo doméstico”) también tiene la capacidad potencial de transmitir el virus. De momento no está demostrado que haya infectado a nadie, pero se ha encontrado el virus en su organismo, por lo que potencialmente podría transmitirla. Y lo malo es que es una especie de mosquito muy común.

La vía sexual: contagio de todas las formas posibles

El pasado mes de febrero se alertó de la “posible” transmisión del virus del zika por vía sexual, tras el contagio a su mujer del virus por parte de un hombre estadounidense que había viajado a Senegal, donde lo había contraído.

Hoy ya no hay adjetivos paliativos ni comillas para definir esta vía de contagio, plenamente confirmada, de la que además se están cumpliendo una a una todas las posibilidades. Así, ya sabemos que un hombre infectado (con o sin síntomas) puede transmitírselo a sus parejas sexuales, sean hombres o mujeres, al igual que ya hay casos documentados de transmisión de mujer a hombre (por ejemplo, la de una mujer de la ciudad de Nueva York a su pareja).

Aún no están documentados casos de transmisión de mujer a mujer, ni si se puede transmitir al besarse, pero los expertos alertan de todas las vías sexuales (vaginal, anal u oral) y de todas las formas de actividad sexual en las que haya intercambio de fluidos, puesto que en todos ellos se ha detectado el virus (semen, fluido vaginal, saliva e incluso orina).

La guía del Departamento de Salud Pública de NYU Langone Medical Center de la que le hablaba al principio de este texto es clarísima en cuanto a sus consejos respecto a la transmisión sexual del zika para quienes viajan a Río.

La única manera de garantizar que no va a transmitir el virus a su pareja sexual es absteniéndose de tener relaciones sexuales [en Río]. Sin embargo, es poco realista suponer que todas las personas vayan a abstenerse de tener relaciones en uno de los mayores encuentros internacionales del mundo, donde prevalece una atmósfera festiva”.

Tampoco eluden un par de factores críticos. El primero es que en Brasil el uso de los preservativos es muy bajo (el 40% de los adolescentes no los utilizan y la cifra va aumentando con la edad), y el segundo es que Brasil destaca por su activo sector de la prostitución. Todo ello hace que sea necesario ser extremadamente cauto respecto a los encuentros sexuales durante los Juegos.

Obviamente, todas estas precauciones dificultarían o impedirían la transmisión por vía sexual de los viajeros a Río, pero no la transmisión mediante picaduras de mosquitos.

Firmas que son compromiso

El zika es una cuestión muy seria, una enfermedad de la que aún es más lo que ignoramos que lo que sabemos. Y los Juegos Olímpicos son un polvorín que traerá, según prevén muchos científicos, la dispersión y el contagio exponencial de la enfermedad. Los riesgos son desproporcionados.

Por eso hace unos meses pusimos en marcha una petición con la esperanza de movilizar conciencias e intentar frenar la celebración de los JJOO en un país que se haya en el mismo epicentro de la epidemia de zika.

No estábamos solos en esa idea. Más de 200 científicos y expertos de todo el mundo, encabezados por el profesor Amir Attaran, catedrático de Epidemiología y Salud Pública de la Universidad de Ottawa (Kansas, Estados Unidos) solicitaron también al Comité Olímpico Internacional (COI) y a la OMS aplazar los juegos o celebrarlos en otro lugar. (5)

Creímos firmemente que hasta el último momento valía la pena intentarlo.

Es obvio que no lo conseguimos.

Pero no crea que no ha servido para nada.

Más de 12.000 personas apoyaron con su firma nuestra postura. Y 12.000 personas son muchas.

Así que este e-mail que hoy escribo, además de para informarle de las últimos y alarmantes datos sobre el zika, es también para mostrar nuestro agradecimiento de corazón a todos los que firmaron la petición.

Cada firma transmite solidaridad, empatía y preocupación por la salud pública.

Tenemos el firme compromiso de seguir denunciando lo que se empeñan en silenciar.

Si usted no firmó la petición está a tiempo de hacerlo. No servirá para replantear la celebración de los Juegos Olímpicos, pero servirá para decir bien fuerte a las autoridades que nuestros pensamientos y nuestras preocupaciones están con la salud.

Cuando los deportistas haya abandonado la Villa Olímpica y los periodistas y fotógrafos ya no estén allí inmortalizando cada hazaña deportiva, comenzará otro capítulo de esta historia: el de la expansión del zika por el mundo.

Por eso, si no lo ha hecho le pido que también se una a esta petición. En nombre de la salud de todos.

También le animo a que reenvíe este texto a sus contactos, que también puede compartir a través de las redes sociales.

P.D.: LAS CIFRAS DEL ZIKA EN ESPAÑA. Continúa la constante expansión del zika en nuestro país. Los últimos datos del Ministerio de Sanidad (del 8 de agosto) ya hablan de 219 casos confirmados, de los cuales 37 corresponden a mujeres embarazadas (frente a los 193 y 26 respectivamente de la semana pasada). Por favor, firme la petición en este enlace.

Fuentes:

  1. “Public Health Guide for Travelers to Rio de Janeiro for the 2016 Olympic and Paralympic Games”. Departamento de Salud Pública de NYU Langone Medical Center. Actualizada el 2 de Agosto de 2016.
  2. “Informe para viajeros sobre el virus zika”. Ministerio de Sanidad. Gobierno de España.
  3. “Defining the syndrome associated with congenital Zika virus infection”. Anthony Costello, Tarun Dua, Pablo Duran, Metin Gülmezoglu, Olufemi T Oladapo, William Perea, João Pires, Pilar Ramon-Pardo, Nigel Rollins & Shekhar Saxena. Bulletin of the World Health Organization 2016;94:406-406A.
  4. “Mosquito alert”, sistema de alerta ciudadano para investigar, seguir y controlar la expansión de las dos especies de mosquito (Aedes albopictus y Aedes aegypti). mosquitoalert.com
  5. Open Letter to Dr. Margaret Chan, Director-General, WHO (Copied to the International Olympic Committee). Authors: Prof. Amir Attaran (University of Ottawa: aattaran@uottawa.ca), Prof. Arthur Caplan (New York University, USA: arthur.caplan@nyumc.org) Dr. Christopher Gaffney (University of Zürich: christopher.gaffney@geo.uzh.ch), Prof. Lee Igel (New York University, USA: lee.igel@nyu.edu).