Todas las televisiones del mundo han transmitido el impactante mensaje de la pequeña Greta Thunberg, de 16 años, en la Cumbre sobre la Acción Climática de las Naciones Unidas (ONU).

¡Me habéis robado mis sueños y mi infancia!”, exclamó entre lágrimas frente a los jefes de Estado de todo el mundo, que la escuchaban. “Yo no debería estar aquí, debería estar en el colegio, al otro lado del océano”, sentenció.

 

Y es que, a pesar de su corta edad, Greta invierte desde hace meses gran parte de su tiempo en luchar contra el cambio climático. Incluso ha denunciado a varios países, con el apoyo de UNICEF y de un bufete internacional de abogados, por violaciones de los derechos del niño a causa de la destrucción del planeta.

Estoy seguro de que cualquier persona que escuche a esta valiente joven se emocionará con sus palabras. Y es que Greta posee el tono, la integridad y la convicción de una Juana de Arco del siglo XXI.

Pero no solo eso.

Greta Thunberg además tiene razón cuando afirma que “la gente está sufriendo, la gente está muriendo. Ecosistemas enteros están colapsando. Estamos en el inicio de una extinción masiva”.

Y también, en cierto modo, cuando les reprocha a los dirigentes mundiales y a los adultos en general el nefasto estado actual del medio ambiente: “Nos estáis fallando. Pero los jóvenes están empezando a ver vuestra traición”.

Hay quien dice, sin embargo, que su discurso solo muestra una cara de la moneda.

La realidad siempre tiene dos caras

Sí, los adultos han dejado de lado a los jóvenes en ciertas decisiones y comportamientos; les han fallado, como dice Greta.

Pero no todos lo han hecho. Muchos se preocupan por protegerles, vestirles, alimentarles y educarles, además de adoptar un estilo de vida respetuoso con el medio ambiente.

En Oriente se habla del Yin y el Yang como de las dos caras que subyacen en la esencia de cada persona y de cada cosa. Según esa idea, creo que no podemos limitarnos a decir que “la Naturaleza es buena, pero el hombre es malvado porque la está destruyendo”.

En primer lugar, piense en la Naturaleza. Por un lado nos permite disfrutar de sus flores, de sus árboles, de sus frutos, de sus bellos paisajes, de sus imponentes montañas, de los beneficiosos rayos del sol… Pero por otra nos vemos perjudicados por sus tormentas, inundaciones, virus…

Y esta “doble cara” también está presente en la llamada “civilización humana”, que nos oprime con leyes injustas, restricciones, explotación y desigualdad, pero que también nos brinda ciertas protecciones, bienes materiales y culturales, derechos, tradiciones, así como conocimientos que nos ayudan a vivir mejor.

En cuanto al ser humano, él también está inmerso en innumerables paradojas. Es capaz de lo peor y de lo mejor: de defender a los débiles, de inventar las turbinas eólicas y los paneles solares, pero también de atacar a los más indefensos por puro placer, de consumir demasiado petróleo, de cometer asesinatos y otros delitos casi innombrables…

Pues bien, creo que solo teniendo en cuenta esta dualidad es posible establecer un diálogo constructivo que permita hallar soluciones a problemas tan complejos como el del medio ambiente.

Para tomar decisiones correctas y equilibradas que maximicen el bien de todos es necesario considerar tanto los aspectos positivos como los negativos. Creer que solo hay un lado, una cara de la moneda, que hay Yin pero no Yang, no puede conducir en ningún caso a la verdadera reflexión.

Los problemas se heredan

Greta Thunberg ha heredado, como todos los niños del mundo y de todas las épocas, muchos problemas creados por sus antecesores.

Pero estos también le han dejado cosas buenas: beneficiosos avances médicos, la educación escolar o incluso el barco en el que pudo llegar a Nueva York desde Suecia.

Por supuesto, el mundo tiene aspectos negativos para los niños, incluso muy negativos. Sobre todo para los que nacen en un contexto de guerra, en un barrio pobre, durante una hambruna o en una familia destrozada.

Y, en cualquier caso, para la mayoría de los niños puede ser inquietante crecer en el seno de una civilización tan consumista como la nuestra, una civilización que sin duda daña demasiado a la verdadera madre de cualquier ser humano, la Madre Naturaleza.

Pero esto no quiere decir que a los niños solo les quede maldecir al conjunto de los adultos y al mundo que los ha visto nacer… Todos podemos poner nuestro granito de arena para intentar mejorar la situación y reducir en la medida de lo posible el impacto de la sociedad en el medio ambiente.

Mi mensaje para los padres de Greta Thunberg

Si pudiera dirigirme a los padres de Greta Thunberg les diría:

“Queridos padres de Greta:

Habéis traído al mundo a una niña maravillosa. Su valentía, su determinación y su inteligencia me impresionan. No puedo evitar sentir una gran emoción y admiración cada vez que la escucho.

¡Es alentador que haya personas como vosotros que estén criando a su hija en el respeto y la importancia del bien común! Sin duda necesitamos niños preocupados por el futuro de todos, jóvenes responsables y conscientes de los problemas del mundo.

Pero para que las ideas de Greta puedan llegar aún más lejos no debe olvidar que vivimos en una sociedad que si bien tiene sus aspectos negativos, también tiene su lado bueno. Saber que la Naturaleza, hermosa como es, no es solo un capullo protector y benéfico, y que en cierto modo necesitamos esta cultura moderna, con todas sus imperfecciones, si queremos seguir viviendo como lo hacemos en la actualidad.

Es cierto que muchas veces los adultos somos egoístas y malvados. Pero también lo es que, a pesar de todos nuestros defectos y errores, también hacemos cosas positivas por nuestros hijos y por el futuro.

Claro que sería deseable que hiciéramos mucho más, pero si queremos avanzar en la dirección correcta es importante que trabajemos juntos en el respeto mutuo y en el reconocimiento honesto y sincero de lo que cada uno puede aportar.

La vida es complicada, y los desafíos y obstáculos son numerosos.

Para defender el planeta, los animales, los océanos, el clima… debemos tener en cuenta la experiencia de los adultos que buscan mejorar las cosas. Porque existen y son muchos los que tratan de mejorar su estilo de vida para producir el menor impacto en el medio ambiente.

No es suficiente, dice Greta, y tiene razón.

Es importante que se haga aún más, mucho más, pero también lo es que los problemas complejos como este requieren tiempo y concienciación.

Greta tiene el entusiasmo de la juventud, y esto es maravilloso y esperanzador. Es una niña con carácter y personalidad, una chica valiente y segura con unos ideales de los que en mayor o menor medida todos deberíamos participar.

Pero por su bien quizás sería bueno que sus padres, profesores y amigos la ayudaran a comprender, en toda su complejidad, los desafíos de la edad adulta.

Se me ocurre una inocente propuesta que quizás le ayudaría a entender esto: comparar las dificultades del trabajo agrícola a varias escalas. Está claro que no es lo mismo cultivar un pequeño huerto en el jardín que mantener una plantación destinada al comercio, y lo que yo sugiero es que Greta haga lo que está a su alcance: tratar de sacar adelante un pequeño cultivo orgánico.

Esto le permitirá descubrir cómo germinan las semillas, pero también cómo las plagas de insectos o las inclemencias del tiempo son capaces de acabar con esas plantas en poco tiempo.

Para evitar contaminar tendrá que resistir la tentación de usar químicos y herramientas motorizadas que funcionen con combustibles como el petróleo. Deberá elaborar, por tanto, su propio abono y trabajar solo con sus manos y utensilios como palas o rastrillos. Además se verá obligada a levantarse temprano por la mañana y adecuar sus horarios a las necesidades de riego si quiere ver cómo el huerto prospera.

Entonces se dará cuenta de la dificultad y del tiempo que requiere esta tarea. Vivirá momentos de alegría, pero también de desánimo. Momentos de esperanza y de desaliento.

Greta habrá progresado en su comprensión de la complejidad del mundo y de los desafíos que enfrentan los adultos.

Sin duda, no obstante, sentirá una gran felicidad y satisfacción el día que coseche, por primera vez, sus propios guisantes y algunos puerros o tomates.

Y creo que aquí está la clave, en que Greta se pregunte si tal esfuerzo valió la pena. No dudo que así lo creerá. El siguiente paso será trasladar esa voluntad de sacrificio a otros ámbitos de agricultura a mayor escala, siendo consciente de las dificultades que supone que el idealismo se abra paso entre el poder establecido.

Y podrá, entonces, incluso mejor que hoy, ayudar a proponer soluciones realistas y efectivas a los grandes problemas de nuestro tiempo”.