“Muy pocas veces cumplimos nuestros propósitos, por no decir nunca”. Ésta es la rotunda cantinela con la que los medios de comunicación al unísono nos taladran año tras año, echando un jarro de agua fría a las buenas intenciones de quienes quieren ser un poco mejores el año que comienza.

Por ello, o nos recomiendan que no nos comprometamos a grandes cosas porque de todas formas “nunca las llegaremos a cumplir”. O bien nos aconsejan bajar el listón al mínimo: “Ponerme crema protectora contra el sol”, “Desmaquillarme todas las noches”, “Beber más agua” o “Dedicarme más tiempo a mí” son algunos de los consejos que animan a marcarse como metas las revistas y blogs sobre salud.

Querido Lector: con este tipo de propósitos usted se arriesga a no mejorar su vida.

Tener buenos propósitos sí funciona

No existe mayor error en la vida que el que la máxima ambición sea quedarnos como estamos, como tantas veces se suele escuchar.

Es justamente lo contrario a lo que todos, cada día, experimentamos. Desde nuestro nacimiento, la vida ha sido un constante ensayo y error… lo que nos ha permitido progresar.

Consciente o inconscientemente, a diario fijamos nuestros propósitos y así vamos evolucionando.

Nos pasamos la primera infancia haciendo nuestras necesidades en el pañal, llorando porque teníamos hambre, sed, mucho frío, mucho calor, mucho de esto, mucho de lo otro; después cayéndonos de la bici o con los patines, rompiendo platos, sacando ceros en dictado, manchándonos la ropa…

Sin embargo pronto nos dimos cuenta de que todas estos contratiempos se podían evitar: aprendimos a controlarnos, a organizarnos mejor con nuestra ropa y con nuestra alimentación, a saber cuándo poner “b” y cuándo “v” o cuándo las palabras deben llevar “h”, a utilizar con cuidado los bolígrafos o la salsa de tomate para no mancharnos… y ya no tuvimos necesidad de llorar tan a menudo.

Más adelante hemos cometido errores más graves: quizá hayamos conducido demasiado rápido, hablado más de la cuenta, hecho mal nuestro trabajo, provocado un pequeño incendio en la cocina… en cada ocasión las consecuencias para nosotros y nuestro entorno han sido nefastas… y nos hemos prometido solemnemente que nunca nos volverá a pasar. Y en efecto, en muchos casos no lo hemos vuelto a hacer.

Objetivamente todo apunta a que con los años somos mejores.

Puede que haya llevado su tiempo. Usted no ha decidido conducir con más cuidado hasta que no ha tenido un par de sustos al volante.  No ha corregido ese defecto suyo hasta que su marido o su mujer no se ha puesto muy serio. No ha prestado más atención a sus gastos hasta que el banco le devolvió recibos por falta de saldo. No se ha esforzado más en el trabajo hasta que su jefe le sacó tarjeta amarilla… Pero lo importante es el resultado.

Entonces, párese a pensar: usted inicia el año 2013 supuestamente con más experiencia, conocimiento, sabiduría y, por tanto, mejor preparado que nunca. Es un buen motivo para alegrarse.

A continuación le ofrezco algunos pequeños consejos que puede añadir a su lista de buenos propósitos para el año que acaba de comenzar. Pequeñas acciones que, sin embargo, conseguirán hacer que su vida sea mejor, y también la de los que le rodean.

1. Sonría

Sonreír libera endorfinas, los neurotransmisores que activan la sensación de bienestar.

Además, su sonrisa será muy bienvenida por parte de la gente: al verle sonreír se darán cuenta de que se alegra de verlos y entonces ellos también se alegrarán de verle a usted.

No existe nada que transmita tanto como una sonrisa. Y además la vida le devolverá esa sonrisa.

2. Recuerde los nombres

Una de las mejores maneras de agradar y construir buenas relaciones personales es recordar el nombre de las personas que vamos conociendo.

Al saludar diga “Buenos días Antonio” (evidentemente, si es que se llama Antonio), en lugar de un simple “Buenos días”; es una manera sencilla e inmediata de demostrar a la persona que la tiene en cuenta, y especialmente si sólo es la segunda vez que se ven.

Después de varios encuentros, seguir dudando o equivocándose con el nombre de alguien es la prueba indiscutible de que no se ha prestado atención a esa persona, y resulta lógico que ésta se ofenda y le considere un grosero, aunque no sea el caso.

3. Deje de desearle “ánimo” a todo el mundo

¿Tan complicada se ha vuelto la vida como para tener que desear constantemente “ánimo” en lugar de decir “adiós” o “hasta pronto”?

La expresión “ánimo” se utiliza para despedirse de alguien que se encuentra ante una prueba: un amigo que está preparando un examen, un deportista que entrena para una hazaña, un ser querido que afronta una enfermedad, o cuando a su interlocutor le espera una larga y tediosa tarea.

Pero desear “ánimo” a diestro y siniestro es recordar constantemente a los demás, y a uno mismo, las cuestas arriba que tiene la vida, como si conociéramos todas las pruebas en las que vamos a necesitar “mucho ánimo” para seguir viviendo nuestra pobre existencia. Aunque no deja de ser un convencionalismo social, es mucho mejor no dejar caer un mensaje subliminal negativo y que está recordando a quien lo recibe lo dura que es la vida.

4. Nunca se queje

Nada más que añadir. Es una norma absoluta.

5. Reduzca su nivel de estrés

El estrés es un factor que nos genera numerosos disgustos: cuando se está estresado, la vida se hace más cuesta arriba, pero también pueden aparecer problemas graves de salud a largo plazo, desde la depresión al cáncer.

Está demostrado que darse masajes con regularidad reduce la tensión arterial, relaja los músculos y aumenta las hormonas del bienestar en todo el cuerpo. Según investigadores del Hospital Cedars-Sinai Medical Center (uno de los hospitales universitarios más grandes de Estados Unidos), el masaje sueco reduce los niveles de cortisol, la hormona del estrés.

El masaje sueco se dio a conocer hace 200 años por el médico sueco Per Henrik Ling (1776-1839) y comprende ejercicios de distensión, roce, fricción, percusión y vibración que al ejecutarse en un orden concreto liberan las tensiones, fortalecen los músculos y articulaciones, favorecen la circulación sanguínea y facilitan la eliminación de toxinas.

6. Aumente su cociente intelectual (CI)

El cerebro está compuesto principalmente por lípidos. Además contiene otros elementos importantes como el DHA, un ácido esencial docosahexaenoico, de la familia de los omega 3, básico para el desarrollo y buen funcionamiento de la actividad neuronal.

Lamentablemente, el propio cuerpo es incapaz de fabricar DHA. Nuestras únicas fuentes son el pescado azul y el marisco.

Incrementar el consumo de DHA no sólo aumentará su capacidad intelectual (capacidad de aprendizaje, memoria, concentración y creatividad), sino también el ánimo.

Un estudio científico ha demostrado que tomar 900 mg de DHA durante seis meses aumenta la capacidad de aprendizaje y la memoria.

7. Adelgace y fortalezca sus músculos

Las proteínas del “suero de leche” o lactoserum, es decir, el líquido blanquecino que se queda en el envase del queso fresco al retirar el queso, ayuda a definir y reforzar los músculos. Conocido como “whey” en inglés, este suero se vende a precio de oro en forma de complementos alimenticios para deportistas y, en particular, para los llamados “body-builders” o culturistas.

Si usted es vegetariano, sustituya el “whey” por las semilla de cáñamo; las proteínas de estas semillas, que se digieren con facilidad suministrando a nuestro cuerpo los nueve aminoácidos esenciales que necesita, se encuentran además en la proporción adecuada y, desde el punto de vista biológico, facilitan la constitución de proteínas propias, incluidas las inmunoglobulinas. De esta manera observará también cómo se fortalecen sus músculos.

Por último, consuma más coles de Bruselas y más brécol. Estas verduras aumentan la masa muscular porque regulan la producción de estrógenos en el cuerpo. Un exceso de estrógenos, tanto en mujeres como en hombres, provoca la acumulación de grasas y la retención de líquidos.

¡Feliz Año 2013!

PD: Casi la mitad de los españoles (47,3%) piensa que el año 2013 será “peor” que 2012, y un 31,7% considera que estaremos “igual” de mal que ahora, según los resultados del último barómetro del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas). (1)

Si tiene algún conocido que comparta este oscuro punto de vista (sabiendo que NADIE conoce lo que de verdad nos deparará el año 2013 y que no existe NINGÚN motivo para descartar que se vayan a producir buenas noticias), envíele este artículo para que empiece el año con optimismo… y hasta le puede sugerir que se suscriba gratis a Tener S@lud. No cuesta ni un céntimo, sienta bien, puede darse de baja cuando lo desee… ¿qué más necesita?

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Fuentes

1. Barómetro del CIS de noviembre de 2012