La revista científica Nature acaba de publicar un artículo espeluznante sobre la implantación de órganos de cerdo en el ser humano. (1)

Hasta ahora no era posible porque el sistema inmunitario del cerdo es diferente al del ser humano y los intentos de trasplantes conllevaban “rechazos al trasplante” bastante previsibles.

Sin embargo, los genetistas han logrado modificar el sistema inmunitario de los cerdos implantando genes humanos en su ADN. Así, el sistema inmunitario de los cerdos transgénicos se ha vuelto más compatible y se ha reabierto la vía del trasplante de órganos de cerdo en el hombre.

En China ya se ha autorizado colocar en el ser humano la córnea del ojo de un cerdo.

En Estados Unidos es posible trasplantar piel de cerdo. Aunque oficialmente no está autorizado, tampoco está prohibido… Un estudio llevado a cabo por el Hospital General de Boston ha permitido identificar decenas de personas que han recurrido a este procedimiento.

La firma neozelandesa Living Cell Technologies está validando en numerosos países un sistema de implantación de partes del páncreas del cerdo en el ser humano con el fin de producir insulina. Se trata del sistema llamado Diabecell y pretende curar a los diabéticos.

El cirujano Muhammed Mohiuddin, del Instituto Nacional del Corazón de Maryland (EEUU), ha implantado un corazón de cerdo en un mono babuino y éste ha llegado a sobrevivir dos años y medio tras la operación. Una vez superados los problemas de rechazo del órgano, estima que ha quedado abierta la vía para trasladar la experiencia al ser humano.

El cirujano David Cooper, de la Universidad de Pittsburgh (EEUU), anunció en junio de 2015 que otro babuino había sobrevivido 136 días con un riñón de cerdo, genéticamente modificado también, para aceptar el trasplante y superar el rechazo al mismo.

Robin Pierson, que dirige el Laboratorio de Investigación de la Universidad de Maryland y que ha realizado decenas de operaciones de este tipo, intenta actualmente trasplantar pulmones de cerdo en babuinos. La dificultad radica en que los pulmones están formados por una fina trama de vasos sanguíneos. Eso significa que la sangre de estos monos se encuentra en contacto estrecho con las proteínas de cerdo (que constituyen los vasos sanguíneos) y hace que coagule. En la actualidad, los babuinos tan sólo sobreviven unos días y, por lo tanto, esta técnica necesita todavía más progresos antes de implantarse.

No obstante, la firma estadounidense United Therapeutics, de Maryland, ha invertido 100 millones de dólares en fabricar cerdos genéticamente modificados, que destina a producir órganos para los seres humanos. Esta empresa ha declarado que quiere llevar a cabo los primeros ensayos clínicos en 2020.

¿Hasta dónde vamos a llegar?

Desde el punto de vista técnico, lo que sigue bloqueando los avances es que los cerdos son portadores de numerosos virus y retrovirus, que están presentes en los órganos trasplantados y que podrían despertarse en los seres humanos con consecuencias imprevisibles.

Así pues, las autoridades sanitarias tienen dudas a la hora de dar luz verde.

Sin embargo, los experimentos con trasplantes de piel de cerdo parece que no han activado esta preocupación y, por lo tanto, es posible, y según mi opinión es de hecho probable por no decir seguro, que los primeros intentos de trasplantes de órganos de cerdo al ser humano se intenten de aquí a poco tiempo.

El procedimiento ya se conoce. Primero, se probará el experimento en un enfermo que se encuentre “en estado de último recurso”. “De todos modos, va a morir, por lo que no tiene nada que perder”, insinuarán los médicos.

Tras varios fracasos, la operación tendrá éxito. Se empezará por un órgano de trasplante “sencillo”, como el riñón.

A continuación, se pasará al corazón, el páncreas, los pulmones, las arterias, el cristalino, partes del intestino, la tráquea…

Así es como empiezan todos los experimentos médicos innovadores, que parecían impensables para las generaciones precedentes pero que luego se convierten en habituales.

Por lo tanto, basta imaginar que, de aquí a tan sólo unas décadas, las personas ancianas habrán tenido tiempo, a lo largo de su existencia, de cambiar la mayor parte de sus órganos vitales y se encontrarán formadas, esencialmente, de cerdo.

¿Cómo debemos reaccionar?

Póngase en esta situación: su hijo está en peligro de muerte, se le podría detener el corazón en cualquier momento.

El cirujano le explica que la escasez de órganos humanos es total, que no hay ningún donante para su hijo, pero que tiene una solución: se le podría implantar el corazón de un cerdo. Aunque no sea nada glamuroso, ¡podría salvarle la vida!

¿Qué padres renunciarían a esta solución? Al fin y al cabo, desde el momento en que no haga daño a nadie, ¿dónde está el problema? Todos podemos salir ganando, ¿no es cierto?

Estoy convencido de que así es como reaccionaríamos todos, incluso yo mismo, pero no estoy completamente seguro, a pesar de todo, de que la operación “no vaya a hacer daño a nadie”.

El progreso, ¿a qué precio?

La operación va a hacer daño… al niño. Va a vivir, por supuesto, pero aceptarse a sí mismo, llegar a vivir con la idea de que lleva un corazón de cerdo latiendo bajo su pecho, eso va a ser tremendamente doloroso.

Y por no hablar de las opiniones de los demás.

Por supuesto, se van a presentar grandes soluciones para remediar el problema.

Se editarán libros para niños donde veremos a un niño “exactamente igual que los demás” e, incluso más feliz que el resto, con un órgano de cerdo.

En los colegios se introducirá en los currículos el aprendizaje de la no discriminación contra los seres humanos con órganos de cerdo.

Se contratará a psicólogos que den apoyo a las personas trasplantadas y a sus familiares para convencerles de que todo es perfectamente normal y deseable.

Hollywood rodará películas que narren historias conmovedoras en las que el héroe que salva al mundo precisamente ha sido salvado unos años antes por un trasplante de corazón de cerdo. El espectador, inconscientemente, llegará a la conclusión de que, “sin estos avances, la humanidad al completo habría desaparecido”. La idea se extenderá y todo el mundo acabará por encontrarlo normal.

Pero hay que reflexionar sobre las amplias consecuencias del progreso técnico. Hoy en día, concebimos la vida como el bien más preciado, cuyo valor absoluto no debe permitir que se interponga ante ella ningún obstáculo moral o legal.

Sin embargo, recordemos que nuestros antepasados nunca pensaron así. ¿Cuántas muertes ha habido por defender la libertad? ¿Cuántas muertes ha habido por defender la dignidad? Por último, ¿cuántas muertes ha habido por defender el elevado ideal que tenían de la humanidad?

Lo repito, si mi hijo estuviera amenazado de muerte y la única solución para salvarlo que se le planteara fuera ponerle un corazón de cerdo, estoy del todo convencido de que aceptaría. Pero en el fondo creo que es algo inhumano, en el sentido literal de la palabra, que el hombre se vea un día obligado, en nombre del progreso técnico, a tomar una decisión de este estilo.

Por último, pensar que nuestra civilización está consagrando ingentes cantidades de dinero a este tipo de investigaciones mientras no se dedica un euro a los medios naturales para conservar la salud, que por otro lado sí son esperanzadores, me parece algo verdaderamente extraño y a la vez triste.

Pero, por fortuna, gracias a usted, estimado lector, ¡no me encuentro solo!

Continúe apoyando la causa. Continúe hablando de Salud, Nutrición y Bienestar a sus allegados. Ya sabe lo importante que es.

Y usted, ¿qué haría si estuviera en sus manos la decisión de salvar la vida de un familiar mediante el trasplante de un órgano de cerdo? ¿Qué opina de los avances médicos que hacen equilibrismo en la fina línea de lo éticamente correcto? Hoy quiero invitarle a compartir su opinión sobre lo que acaba de leer con el resto de lectores de www.saludnutricionbienestar.com dejando un comentario un poco más abajo.

Fuentes:

  1. Nature, 12 novembre 2015, Vol. 527, page 152