Estimado Lector,

Los laboratorios farmacéuticos están siendo sin duda los grandes beneficiarios de la crisis del coronavirus.

Algunos ya han cobrado fortunas (decenas de miles de millones) por vacunas que aún no existen y nadie sabe si alguna vez existirán.

Y nuestro país no es ajeno a esta carrera.

De hecho, España ha comprado más de 30 millones de dosis de la vacuna ChAdOx1, desarrollada por la farmacéutica AstraZeneca en la Universidad de Oxford, al tiempo que en tres hospitales de nuestro país está a punto de arrancar el ensayo clínico de una “rival”, la vacuna de la firma belga Janssen, que pertenece a la multinacional Johnson & Johnson.

El coronavirus solo crea infelices

Sí, la locura desatada en torno al coronavirus SARS-CoV-2 y la enfermedad que este provoca, la Covid-19, causa angustia a muchísimas personas.

Y la opinión pública, presa del pánico, se vuelve hacia los políticos, exigiendo soluciones.

Pero los políticos no tienen la solución, como tampoco la tenemos usted y yo.

En cambio, lo que hacen es algo muy sencillo y con gran rédito: dan nuestro dinero a la industria farmacéutica a cambio de la promesa de que trabajarán para alcanzar una vacuna.

Ahora bien, la promesa es buscarla, no encontrarla…

Y aun así dar miles de millones de euros a los laboratorios parece ser una estrategia que hace feliz a todo el mundo:

  • A los ciudadanos, que están preocupados por su salud (prueba de ello es que el número de voluntarios para el ensayo clínico de Johnson & Johnson en España se cubrió en solo unas horas).
  • A los políticos, que sienten que de ese modo hacen algo útil.
  • A las farmacéuticas, por supuesto, que se llevan el dinero.

Cuanto más dinero dan los políticos, más serios y decididos parecen de cara a los demás en su lucha contra la pandemia (y por tanto mayor es su hipotética ventaja electoral…).

Sin embargo, hay ciertas cifras en las que hay que detenerse un momento a pensar, sin dejarse arrastrar.

Una bomba de relojería

Por ejemplo, que ya se han comprado miles de millones de dosis de una vacuna que todavía no existe.

Pero hay otras:

  • El gobierno estadounidense otorgó cerca de 500 millones de dólares a la firma Johnson & Johnson, a partir del 30 de marzo, para el desarrollo de una vacuna.
  • Después, durante las siguientes semanas, repitió la operación pero aumentando las cantidades y diversificando las inversiones. Hasta la fecha, el Ejecutivo que dirige Donald Trump se ha gastado al menos 9,4 mil millones de dólares en el desarrollo de vacunas por parte de 7 laboratorios, sin ningún resultado tangible -al menos hasta ahora-, a fin de hacerse con 700 millones de dosis.
  • Estas empresas son Johnson & Johnson, Moderna, Oxford / AztraZeneca, Novavax, Pfizer / BioNTech, Sanofi / GSK y Merck Sharp & Dohme.
  • Por su parte, la Comisión Europea está en “negociaciones avanzadas” con dos desarrolladores para conseguir hasta 700 millones de dosis de vacunas entre ambos. Se trata de Oxford / AztraZeneca y Sanofi / GSK, laboratorios que, como ha visto, también han recibido fondos estadounidenses.
  • Reino Unido, ahora fuera de la Unión Europea, está negociando por separado y ya ha solicitado 250 millones de dosis.
  • Japón ha obtenido 490 millones de dosis, incluidas 250 millones de la empresa estadounidense Novavax.
  • Brasil ha realizado un pedido de 100 millones de dosis a AstraZeneca y asimismo se ha asociado con la china Sinovac para fabricar hasta 120 millones de dosis de su Coronavac, que actualmente se está probando en la población del país sudamericano.
  • Rusia ha anunciado que 20 países no identificados habrían reservado mil millones de dosis de su vacuna Sputnik V (la “v” es de “vacuna”, por supuesto).
  • La Fundación Bill & Melinda Gates, el Wellcome Trust (británico) y países como Noruega e India han unido fuerzas para invertir 890 millones en comprar 300 millones de dosis de la futura vacuna de AstraZeneca.

Recapitulemos: en total estamos hablando de al menos 5.700 millones de dosis de vacunas ya reservadas, a pesar de que no existe ninguna vacuna, ni siquiera experimental, que ya haya sido probada con garantías.

Y son cifras que aumentan sin cesar.

Esta información, a la que apenas se le presta atención ni se difunde, sí es puesta en valor por la prensa de otros países, como por ejemplo Suiza, (país sede de la Organización Mundial de la Salud -OMS- y de muchas empresas farmacéuticas).

¿Por qué quizá nunca tengamos una vacuna contra la Covid-19?

Por desgracia cabe la posibilidad de que la Covid-19 sea una de tantas enfermedades contra las que simplemente no es posible conseguir una vacuna eficaz y duradera.

De hecho, existen otras enfermedades causadas por coronavirus (como la SARS y el MERS) frente a las que no hay vacuna.

Una de las peculiaridades de los coronavirus es que primero infectan la nariz y la garganta y, si no se detienen, pueden pasar a los pulmones y luego a la sangre.

Por ello, para protegerse contra todas las formas de Covid-19 y por tanto también contra el riesgo de transmisión, sería necesario contar con vacunas capaces de inducir y mantener respuestas inmunes muy fuertes y permanentes en las mucosas de la nariz y la garganta.

Sin embargo, la inmunidad total (denominada “esterilización”) es difícil de conseguir a través de las vacunas. (2)

Además, el principio de la vacunación, como sabe, es inmunizar a una persona poniéndola en contacto con una forma más leve de la enfermedad. Esto es lo que nos permite desarrollar los anticuerpos que nos protegerán contra cualquier infección futura.

Pues bien, parece que en el caso de la Covid-19 los pacientes desarrollan poca inmunidad. De hecho, ya se están dando los primeros casos de pacientes reinfectados.

Esto implica que sería necesario volver a vacunar a todas esas personas una y otra vez.

Ello explicaría el inmenso interés de la industria farmacéutica por una vacuna que se debe inocular cada año, o incluso varias veces al año, a toda la población mundial…

Y, por último, no hay que olvidar los problemas tradicionalmente ligados a las vacunas, como es el caso de la de gripe, por poner solo un ejemplo. La corta duración de su eficacia, las constantes mutaciones del virus, el coste y sus efectos adversos… Todos esos factores hacen inevitablemente dudosa incluso su propia aplicación.

No hay que sacar conclusiones precipitadas

Por supuesto, es demasiado pronto para saber qué sucederá y para sacar conclusiones. Y lo cierto es que el descubrimiento de una vacuna, incluso ineficaz, podría suponer una buena noticia para las personas de más edad y más vulnerables.

Pero en cualquier caso ya ve que hay datos que es muy necesario conocer y que como siempre se mantienen lo más ocultos posible por el interés de unos pocos…

Y por eso estamos nosotros aquí, para hacérselos llegar.