Hoy le traigo una información importante que, sin embargo, apenas ha sido difundida en los medios de comunicación.

Y es que la septicemia, también conocida como “envenenamiento de la sangre”, es un problema muy grave de salud, con entre 17 y 19 millones de casos cada año en el mundo y un índice de fallecimiento general del 60%. Para que se haga una idea, es la responsable de casi un tercio de todas las muertes hospitalarias.

Es decir, que millones de personas mueren por culpa de esta dolencia, que en realidad se trata de una reacción incontrolada del sistema inmunitario ante una infección.

El problema es que ningún fármaco es eficaz para contrarrestarla. Por ello la medicina convencional se limita a ofrecer al paciente cuidados intensivos, con una perfusión de hidrocortisona (un potente antiinflamatorio), antibióticos, sedantes, calmantes y noradrenalina (una hormona que actúa como neurotransmisor), además de asistencia respiratoria, a fin de mantener el nivel de presión arterial.

En los países menos desarrollados, donde la calidad de los cuidados intensivos deja mucho que desear, la septicemia mata la mayoría de las veces. Pero incluso en los países de nuestro entorno la tasa de mortalidad de esta enfermedad sigue siendo extremadamente alta, del orden del 40%.

Una solución natural escondida… ¡en una vitamina!

Pese al panorama poco halagüeño, lo cierto es que existe un tratamiento completamente natural contra la septicemia: la vitamina C.

Practicado desde hace décadas en salud natural, en la actualidad empieza a ser señalado universalmente por la medicina convencional como un remedio útil para hacer frente a la enfermedad. Pero eso no significa que no lleve años siendo tildado como uno de los peores ejemplos de “charlatanería”, y que incluso hoy siga siendo criticado y subestimado por muchos.

Ahora bien, recientemente el tratamiento de la septicemia con vitamina C ha sido objeto de un riguroso estudio científico liderado por el profesor Paul Marik, de la Escuela de Medicina de Virginia Oriental (Estados Unidos), cuyas conclusiones han sido publicadas en la revista médica Chest.

Marik no es naturópata, sino un médico con la mente abierta que aceptó desarrollar un estudio que determinase de una vez por todas la efectividad de una solución natural contra esta devastadora enfermedad.

Por ello aceptó tratar con ella a tres de sus pacientes con septicemia y prácticamente desahuciados; es decir, que con toda probabilidad no tardarían en morir debido a un shock séptico y a un fallo multiorgánico.

Así fue cómo, no sin gran sorpresa, vio que todos sus pacientes se curaban “de forma espectacular”, abandonando el hospital en solo unos días y “sin disfunciones residuales en los órganos” -en otras palabras, sin secuelas-. Y todo tras haber recibido, simplemente, un añadido de vitamina C y vitamina B1 (tiamina) en su perfusión, junto a la hidrocortisona presente de forma generalizada en los cuidados intensivos.

Un segundo estudio, mucho mayor, confirmó el resultado

Intrigado por ese primer resultado, el equipo de Paul Marik quiso corroborarlo con otro estudio mayor. En él se dividió a 94 pacientes afectados por septicemia en dos grupos iguales:

  • El primer grupo recibió por vía intravenosa un “cóctel” de 1,5 g de vitamina C cada 6 horas, 50 mg de hidrocortisona también cada 6 horas y 200 mg de tiamina (vitamina B1) cada 12 horas.
  • El otro grupo recibió el tratamiento médico convencional (es decir, los cuidados intensivos antes comentados).

En el grupo tratado con las vitaminas C y B1 y la hidrocortisona, 4 de los 47 pacientes murieron (lo que supone un 8,5%), frente a los 19 fallecidos sobre 47 (el 40%) del otro grupo, que solo recibió cuidados intensivos. (1)

Pero es que además hay que destacar que los pacientes que fallecieron tras haber recibido el tratamiento no lo hicieron a causa de la septicemia, sino de la enfermedad subyacente originaria que después dio origen a la septicemia. (2)

Es decir, que la progresión de la septicemia se habría detenido en todos los pacientes tratados con vitamina C.

Resultados no tan sorprendentes para los naturópatas

Estos resultados extremadamente prometedores no sorprendieron tanto, evidentemente, en el ámbito de la medicina alternativa y complementaria.

Y es que de acuerdo con un estudio publicado en Plos One en 2010, hace ya décadas que se llevan practicando las inyecciones de vitamina C a altas dosis para tratar tanto las infecciones como el cáncer o la fatiga crónica. (3)

Se trata de dosis incluso mucho mayores que las utilizadas en este nuevo estudio, pero sin ningún efecto secundario grave (en ocasiones náuseas y, de forma muy rara, problemas de irritación venosa).

No obstante, aunque se lleve usando con éxito desde hace décadas, este método está lejos de ser reconocido por completo. Y de hecho sigue siendo criticado y menospreciado por algunos medios de comunicación y por el colectivo médico y la industria farmacéutica, que no puede patentarlo y, por tanto, no tiene absolutamente ningún interés en demostrar que funciona.

La experiencia médica “más absurda que jamás habían visto

Cuando les hablé de lo que hacía, mis colegas médicos pensaron que era la cosa más absurda que jamás habían visto. Sin embargo, poco después constataron que, efectivamente, ninguno de nuestros pacientes moría”, declaró Paul Marik en la publicación Critical Care Reviews. (4)

El profesor Marik ya ha sido comparado con el tristemente célebre Ignaz Semmelweis, médico húngaro que fue ridiculizado en su tiempo por haber defendido el lavado de manos y la higiene como medio para evitar las infecciones y las muertes de las madres tras el parto (debido a la fiebre puerperal).

Semmelweis murió en un manicomio, encerrado por sus compañeros. Y además -tomémoslo como una mera coincidencia- sufrió y terminó falleciendo a causa de septicemia.

El mérito del descubrimiento: Linus Pauling, doble Premio Nobel

No se puede decir que el profesor Paul Marik fuese el primero en subirse al “tren” de la vitamina C, sino que es en el químico Linus Pauling, dos veces ganador de un Premio Nobel y quien tomaba a diario hasta 20 g de esta vitamina, en quien recae el mérito de haber descubierto los magníficos efectos de la vitamina C en grandes cantidades para combatir las infecciones, allá por la década de 1960.

Hicieron falta, después de eso, otros 50 ó 60 años para que su descubrimiento por fin empezase a ser reconocido por la medicina convencional.

Y sin embargo en pleno 2019 dudo que sean muchos los hospitales que apliquen este protocolo en los pacientes afectados por septicemia.

Incluso es posible que mueran varios miles de personas más antes de que los responsables reconozcan su error y den la razón a los que denominan “charlatanes” y “fanáticos” de la medicina natural.

Por nuestra parte, siempre del lado de los pacientes y sus familiares, esperamos que la presión pronto sea tan fuerte que consiga hacerlos cambiar de parecer lo antes posible.

Fuentes:

  1. Paul E. Marik, Vikramjit Khangoora, Racquel Rivera, Michael H. Hooper, John Catravas. “Hydrocortisone, Vitamin C and Thiamine for the Treatment of Severe Sepsis and Septic Shock: A Retrospective Before-After Study”. Chest. 2016 Dec 6 Published online 2016 Dec 6. doi: 10.1016/j.chest.2016.11.036 
  1. “The Marik Protocol: Have We Found a “Cure” for Severe Sepsis and Septic Shock?” Written by Salim Rezaie REBEL EM Medical Category: Infectious Disease. Abril, 2017. 
  2. Padayatty SJ, Sun AY, Chen Q, Espey MG, Drisko J, Levine M. “Vitamin C: intravenous use by complementary and alternative medicine practitioners and adverse effects”. PLoS One. 2010;5(7):e11414. Published 2010 Jul 7. doi:10.1371/ journal.pone.0011414. 
  3. Presentation: “The Cure for Sepsis”. Prof Paul Marik (Norfolk, USA). Critical Care Reviews. Marik. “Hydrocortisone, Vitamin C and Thiamine for the Treatment of Severe Sepsis and Septic Shock: A Retrospective Before-After Study”. Chest 2016; epublished December 6th.