Si ya ha vuelto a la rutina y se siente igual o incluso más cansado que antes de irse de vacaciones, sepa que es normal y que tiene remedio.

El problema, según algunos expertos(1), es que esperamos demasiado de las vacaciones, hasta el punto de estas llegan a ser vistas como una especie de “medicamento” que nos curará de todos los males de manera duradera. Pero lo cierto es que esto no ocurrirá, por varias razones:

  1. Cuando uno falta en su puesto, el trabajo se va acumulando a la espera de su regreso. Esto hace que tenga que retomarlo a un ritmo frenético que puede resultar estresante.
  2. Cuando el trabajo ocupa un lugar demasiado importante en el día a día, al irse de vacaciones se tarda bastante en desconectar. Puede que para cuando consiga relajarse ya le toque volver. Por otro lado, ocupar esos días en “hacer cosas para las que normalmente no tengo tiempo”, lo cual suele suceder muy a menudo, también impide descansar adecuadamente.

Consejo de Salud en 1 minuto: Para evitar que el reposo vacacional se quede en una mera anécdota es recomendable mantener una rutina saludable a lo largo de todo el año. Lo mejor es que realice actividad física y dedique tiempo a sus aficiones tanto en verano como en invierno. Piense en qué le hizo sentir bien en vacaciones (¿leer? ¿nadar?) y trate de sacar tiempo para realizar esas actividades de forma continuada. Por último, identifique los buenos momentos en su día a día y vívalos intensamente.

 

Fuentes:

  1. Todo el año de buen humor. Michel Lejoyeux. Maeva. 2018.