Estimado Lector,

Permítame ser rotundo, pero hay que ir con los tiempos.

Ahora bien, con esto no me refiero a comprarse un móvil de última generación o una televisión inteligente. ¡Nada de eso!

Lo que digo es que, para mantener una buena salud todo el año, con un buen nivel de inmunidad que permita evitar los problemas de salud típicos de cada estación, es necesario adaptar los hábitos de vida y la dieta a cada temporada.

Es algo que hacían muy bien nuestros abuelos y bisabuelos, que en invierno se recogían al anochecer, dormían más y comían platos calientes para protegerse del frío. En verano, en cambio, la extensión de los días y las altas temperaturas obligaba a alargar las jornadas de trabajo más allá de la caída del sol, a buscar la “fresca” para descansar…

“Pero todos adaptamos ciertos hábitos al verano y al invierno, es inevitable”, quizá esté pensando usted ahora.

Por supuesto.

Pero lo que es innegable también es que, debido al ritmo frenético que impone la vida moderna y a los hábitos alimenticios de muchas personas (con un exceso de comida ultraprocesada), nada tiene que ver la adaptación de hoy día con la de antaño.

En otras palabras: no es lo mismo comer comidas frías porque aprieta el calor que basar la dieta en productos de temporada, los propios de cada mes del año. Estos poseen las características precisas que nuestro cuerpo necesita en cada momento (como por ejemplo la sandía en verano, que nos hidrata, y los cítricos en invierno, cargados de vitamina C).

Pero esto es solo un ejemplo.

Uno de los grandes secretos de la medicina china

La Medicina Tradicional China (MTC) hace especial hincapié en la adaptación del cuerpo a las estaciones. Tanto es así que incluso cuenta con fases “interestacionales” (para los chinos se trata de una estación más, la quinta) en la que se adapta al cuerpo a lo que está por venir: cambios horarios, de temperatura… (1)

La verdad es que este es uno de los grandes secretos de su eficacia, ya que este sistema médico ancestral se basa principalmente en la prevención de las enfermedades (el mejor médico es aquel que tiene a todos sus pacientes sanos, sin necesidad de curarlos).

Aunque está claro que hay estaciones y meses del año con un clima más “amable” que otros, la clave está en no dejar nunca de cuidarse ni de adaptar los hábitos al momento que se vive.

Así afecta el verano a la salud

El verano, por ejemplo, es una estación en la que son habituales las complicaciones de salud debidas al intenso calor. Y también hay que recordar que en este período los días son más largos, por lo que en general realizamos una mayor actividad.

Es por ello que nuestro ciclo circadiano busca de forma innata adaptar las diferentes actividades biológicas, metabólicas y hormonales del organismo a las condiciones ambientales y de luz propias del verano.

El problema es que nosotros, en lugar de ayudarle, lo entorpecemos.

En España, por ejemplo, vivimos en un huso horario que no nos corresponde (deberíamos tener la hora de Portugal, a excepción de parte de Cataluña y Baleares) y encima adelantamos los relojes con la llegada del “horario de verano”.

Con ello lo único que conseguimos es manipular doblemente nuestro horario vital respecto al solar, desajustando el reloj biológico.

De hecho, para calcular el horario solar real, el que de forma natural marca la pauta al organismo, hay que restar aproximadamente 1 hora respecto a la que marca el reloj en invierno, mientras que en verano esa diferencia llega a ser de 2 horas.

Cómo cuidarse en verano, según la MTC

De acuerdo con la medicina china, el elemento energético que se corresponde con el verano es el fuego.

Es lógico que al mencionar “fuego” y “verano” a muchos les venga a la cabeza el sol, el Astro Rey. En chino este recibe el nombre de “Gran fuego” o “Extremo del Yang”, dado que es una entidad emisora de energía Yang (por simplificarlo, la energía masculina y relacionada con la acción, la actividad y la potencia), al igual que el propio elemento fuego.

Seguro que ahora ya empieza a relacionar conceptos: en verano hay más horas de luz y por tanto más actividad, lo cual explica que sea la estación más Yang del año…

Alimentos “fuego”: cuáles convienen en verano y cuáles no

El color que se corresponde con el elemento fuego -y, por tanto, podríamos decir que con el propio verano- es el de muchos alimentos típicos de esta época del año: el rojo.

Quizá uno de los alimentos rojos en los que primero piense sea el tomate. Resulta muy curioso que, al partir este fruto por la mitad y observar sus cavidades, recuerde a un corazón, precisamente el órgano correspondiente con el elemento fuego.

A otros también les habrán venido a la mente las fresas o la sandía, dos frutas típicas de la temporada estival. Especialmente la última es uno de los alimentos más aconsejables en verano, dado su enorme contenido en agua. Y tampoco es casualidad que en ambos casos sean rojas…

Asimismo, hay otro alimento colorado -aunque en otro tono- muy presente en los meses de verano: la remolacha.

De acuerdo con la MTC, esta raíz tuberosa nutre la sangre (de nuevo el color rojo) y ayuda a la producción sanguínea del organismo.

Cuestión de sabor

En cuanto a los sabores, el que se corresponde con el elemento fuego y, por tanto, con el verano, es el amargo.

A lo mejor cree que usted no consume alimentos amargos en el día a día (o al menos no siendo consciente de ello). Pero ¿acaso no ha tomado usted café esta mañana? ¿O en los últimos días?

Y no solo el café. Otra de las bebidas más consumidas del mundo, el , posee también sabor amargo.

Y entre los alimentos más comunes destacan la rúcula (se considera excelente para el corazón) y el ruibarbo, una planta poco consumida en España pero muy buena para la salud (se usa mucho como purgante de toxinas y para ayudar a la eliminación).

También es fantástico un tipo de calabacín llamado “cundeamor chino” (Momordica charantia) muy consumido en verano en el país asiático (lamentablemente aquí apenas se conoce).

Pero ojo, no todos los alimentos amargos convienen especialmente en épocas de calor.

¿Por qué? Porque solo algunos de ellos son capaces de contrarrestar el elemento “fuego” y, por tanto, el exceso de calor en el cuerpo, permitiendo evitar insolaciones e infartos, entre otros.

Otros alimentos amargos, por el contrario, lo que hacen es precisamente estimularnos y activarnos, dándonos calor y energía Yang.

Seguro que ya empieza a sospechar cuál es cuál…

La naturaleza fría y caliente de los alimentos

El calabacín amargo que tanto consumen los chinos en verano, al igual que el ruibarbo, son plantas de naturaleza fría, por lo que sí sirven para combatir el calor.

El té y el café, en cambio, son de naturaleza caliente, por lo que su función es activadora, estimulante. Es decir, que aportan calor -energía Yang- al cuerpo y no convienen especialmente en verano.

Lo peor de todo es que ambos productos, encima, se tuestan durante su procesamiento, lo que les aporta todavía más calor. De ahí que, en exceso, puedan terminar provocando taquicardias.

Es decir, de nuevo queda clara la relación intrínseca del elemento fuego con el corazón… uno de los órganos que más se beneficia de la “alegría de vivir” propia del verano, pero también de los que más sufren las nefastas consecuencias del exceso de calor. ¡Téngalo muy en cuenta!

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¡A su salud!

Luis Miguel Oliveiras

Fuentes:

1. La interestación cupa los 15 días previos y los 15 posteriores al cambio de estación, aproximadamente. Es decir, hay 4 períodos interestacionales al año, con cerca de un mes de duración cada uno.