El ejercicio intenso es el mejor escudo protector contra la metástasis

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Que el ejercicio físico es beneficioso para las personas con afecciones cardíacas o diabetes, entre otras, ha sido ampliamente contrastado por la investigación científica. Y, asimismo, se sabe que en caso de cáncer el ejercicio ofrece beneficios protectores, ya que mejora la tolerancia a los tratamientos oncológicos, mejorando con ello su eficacia.

Ahora, una investigación ha ido un paso más allá(1) al demostrar que el ejercicio físico intenso (es decir, con el que el corazón alcanza el 80% de sus pulsaciones máximas, como sucede al correr, montar en bici o andar cuesta arriba) evita la aparición de metástasis. Esto es, cuando el tumor se propaga por otros órganos, lo que supone hasta el 90% de las muertes oncológicas.

En dicho estudio se monitorearon a casi 3.000 personas en su día a día a lo largo de dos décadas. De este modo se comprobó que aquellas que realizan una actividad física de alta intensidad tienen hasta un 72% menos de riesgo de desarrollar metástasis, sobre todo en los ganglios linfáticos, los pulmones y el hígado.

Este efecto se debería a que el ejercicio intenso conlleva un mayor consumo de glucosa por parte de todos los órganos y músculos, ya que de ella obtienen la energía necesaria para funcionar. Pero, en el caso de que se haya desarrollado un cáncer, la feroz competencia que existe entre órganos y músculos por consumir ese azúcar hace que las células cancerígenas no dispongan de la energía necesaria para que haya metástasis.

Fuentes

1. Shivang Parikh, Paulee Manich, Irit Markus et al.: “An Exercise-Induced Metabolic Shield in Distant Organs Blocks Cancer Progression and Metastatic Dissemination”. Cancer Research. 2022.


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