En caso de cáncer, lógicamente lo primero es controlar el tumor, para que no ponga en riesgo la vida del paciente. No obstante, esta enfermedad conlleva otros riesgos que no se vigilan tanto, como es la enfermedad tromboembólica venosa, una de las complicaciones más frecuentes del cáncer y, de hecho, la segunda causa de muerte entre los pacientes oncológicos.

Esta gran incidencia se debe a que los tumores producen sustancias procoagulantes que pueden conllevar la formación de trombos. Y a esto hay que añadir que la cirugía y la quimioterapia (principales tratamientos anticancerígenos) también inducen la formación de trombos por la simple colocación de los catéteres o porque el paciente debe estar inmovilizado durante mucho tiempo.

Por todas estas complicaciones los pacientes oncológicos tienen hasta 7 veces más riesgo de sufrir un evento tromboembólico, así como un 20% más de tromboembolismo recurrente. Es por ello que, si tiene cáncer, es muy importante que acuda a su médico para asegurarse de que el riesgo tromboembólico esté completamente controlado(1).

 

Fuentes:

  1. Guías Clínicas Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM): “Trombosis en el paciente oncológico”. 2019.