Algunos estudios ya habían demostrado que la luz azul daña la retina y aumenta el riesgo de degeneración macular asociada a la edad (DMAE). Pero ahora un nuevo estudio alerta de que este tipo de luz, que abarca una longitud de onda de entre los 380 y los 500 nanómetros, también afecta a la salud de la piel(1).

La explicación está en que la constante exposición a esta radiación acaba alterando la síntesis de algunas proteínas de la piel, lo que deteriora la barrera cutánea y produce estrés oxidativo. Como consecuencia la dermis envejece con más rapidez y se produce una mayor pigmentación, pudiendo aparecer manchas.

Los investigadores señalan que el límite para que se desencadene el estrés oxidativo es estar expuestos a la luz azul de las pantallas más de 48 horas seguidas. No obstante, incluso en el caso de que no se alcance ese límite, también alertan de que existen otras fuentes de luz azul que contribuyen a esa exposición, como son las luces LED o incluso el sol a ciertas horas del día. Por tanto, en realidad lo recomendable sería que el tiempo máximo de exposición a las pantallas fuera bastante inferior.

 

Fuentes:

  1. “La evidencia científica del efecto de la luz azul en la piel”. Congreso de Dermatología. 2019.