Estimado Lector,

Si únicamente pudiese actuar en una estancia de mi casa para eliminar los químicos tóxicos presentes en ella, sin duda yo elegiría el dormitorio.

Basta con pararse a pensar en la cantidad de tiempo que pasamos en él (de media invertimos en torno a un tercio de la vida en dormir) para comprender por qué.

Y además resulta realmente sencillo convertir esta estancia en un refugio libre casi por completo de contaminantes, saludable y acogedor. Solo tiene que tener cuenta unas sencillas pautas de las que hoy voy a hablarle:

1. Haga de su cama su nueva mejor amiga

No me andaré con rodeos: los colchones fabricados con ingredientes sintéticos despiden gases y liberan químicos al aire que se inhalan al dormir. Por eso el primer paso es hacerse con un colchón de buena calidad.

No se trata necesariamente de que tire hoy mismo el que tiene en su cama, sino de que tenga presentes varios aspectos importantes cuando le toque comprar uno nuevo.

Es muy probable que su colchón (o alguno de los que haya tenido en el pasado) contenga espuma de poliuretano (PU), que se degrada con el tiempo deformándolo, así como poliestireno extruido y poliéster, todas ellas sustancias derivadas del petróleo y del gas natural.

Asimismo, es probable que haya sido tratado con pirorretardantes (polibromodifenil éteres o PBDE) y con químicos resistentes al agua e incluso a las manchas, que son carcinógenos reconocidos.

Entre los principales químicos antiinflamables que usan los fabricantes de colchones destacan:

  • El formaldehído.
  • El ácido bórico.
  • El trióxido de antimonio.
  • El cloruro de vinilideno.
  • El borato de zinc.
  • La melamina.
  • El óxido de decabromodifenilo.
  • Los polibromodifenil éteres (PBDE).

En la superficie de un colchón podría haber hasta 700 g de estos químicos. ¿Se imagina lo que supone para el organismo pasarse años respirando eso noche tras noche? Realmente hay pocas exposiciones nocivas de tanta intensidad y duración como la que sufrimos al dormir sobre un colchón cargado de tóxicos.

Por ello la mejor solución es sin duda hacerse con un nuevo colchón elaborado con materiales naturales y sin tratar, que no contenga tóxicos. Algunos expertos recomiendan la guata de lana orgánica, un material naturalmente ignífugo y resistente a los ácaros del polvo que además repele la humedad (algo muy necesario especialmente para quienes transpiran mucho durante la noche) y es muy buen amortiguador.

Ahora bien, si considera que no necesita cambiar de colchón todavía, también puede probar a colocar un cubrecolchón acolchado de lana y algodón orgánicos. ¡Le aseguro que marcará la diferencia!

Y si por el contrario está pensando en cambiar la cama entera, incluyendo el somier, apueste por la madera maciza y evite por encima de todo los tableros de partículas o aglomerado, ya que por lo general despiden gases tóxicos.

2. Un dormitorio no es una oficina

Es importante tener también en cuenta la contaminación electromagnética presente en el dormitorio y cómo esta puede afectar a la salud, ya que por lo general las habitaciones están repletas de cableado eléctrico y de aparatos como televisores, despertadores, reproductores de vídeo o de música, teléfonos…

De hecho, hoy por hoy parece que ya somos minoría quienes no dormimos con el teléfono móvil en la mesilla, a pesar del importante riesgo que eso supone para la salud.

Pues bien, todos esos elementos que tenemos en el dormitorio emiten constantemente radiaciones electromagnéticas, a las que encima somos más sensibles mientras dormimos.

Un estudio de seguimiento realizado en Estados Unidos demostró que la exposición a algunos campos electromagnéticos (CEM) puede tener efectos graves para la salud, entre ellos cáncer y enfermedades neurológicas.

Por su parte, un grupo de investigadores suecos descubrió que los adultos expuestos a fuertes CEM en casa y en el trabajo tienen 3,7 veces más probabilidades de desarrollar leucemia que los que no lo están.

Por lo general, dormir bajo la influencia de uno o varios campos electromagnéticos dificulta la conciliación del sueño profundo, mientas que la exposición a la corriente eléctrica, en especial por la noche, provoca dolores de cabeza, pesadillas y mal descanso, depresión y fatiga, entre otros síntomas, además del riesgo de desarrollo de otras enfermedades a largo plazo.

Se pueden utilizar ciertos aparatos, como por ejemplo un medidor de Gauss, para evaluar el nivel de CEM presentes en una estancia. Eso le ayudará a saber si usted y su familia están expuestos a un nivel aceptable o si por el contrario deben adoptar medidas urgentes para librarse de la influencia de las emisiones electromagnéticas.

Ahora bien: por regla general hay que situar cualquier aparato eléctrico tan lejos como se pueda de la cama, incluido el reloj despertador -y especialmente si es digital; pues emiten un CEM muy potente, que alcanza incluso un metro-.

Además de eso, otra buena solución es colocar alguna planta verde de interior en el dormitorio, ya que ayudará a absorber los CEM. Especies como la Areca, el Rhapis, la hiedra (Hedera), la Gerbera y el filodendro (Philodendron), entre otras, son especialistas en captar las toxinas presentes en el aire.

3. No se olvide del Feng shui

La disposición de los distintos elementos en el espacio es casi tan importante como que estén elaborados con materiales naturales y orgánicos. Eso es, al menos, lo que defiende el Feng shui, una disciplina oriental ancestral que asegura que la distribución del mobiliario en el hogar influye en la salud, la riqueza, las relaciones personales y el bienestar en general.

En el Feng shui es importante que el cuerpo se sienta seguro por dentro y por fuera. Y según sus principios las vistas que uno tiene desde su cama serían una alegoría de la perspectiva que se tiene de la propia vida. Es decir, que aquello que ve cada noche al acostarse y cada mañana al despertarse estaría determinando el fluir de su día a día, haciéndole afrontar la vida con actitud positiva o, por el contrario, con pesimismo.

Aquí tiene cuatro pautas básicas para reorganizar el dormitorio de acuerdo con las teorías de esta filosofía:

  • Que un lado de la cama toque una pared.
  • Que la puerta de la habitación se vea desde la cama, estando acostado, pero sin tenerla enfrente. Por el contrario, si esta está frente a la puerta habría que colocar un baúl o un banco pequeño a los pies de la cama.
  • El cabecero debe estar un poco separado de la pared.
  • El hueco que haya bajo la cama, si se aprovecha para guardar cosas, debe estar muy bien ordenado.

También el color de la habitación es importante en el Feng shui. Algunos expertos en la materia sugieren que los mejores colores son los castaños claros, marrones, rosas, amarillos… Si prefiere un color un poco más fuerte, podría apostar por el chocolate, el coral, el frambuesa, el lavanda, el berenjena…

También se aceptan el blanco, el negro, el gris, el azul y el verde, pero teniendo presente que darán un aspecto más frío y algo menos acogedor a la habitación.

Hay otros saberes tradicionales más allá del Feng shui que también han abordado la organización de los espacios. En este sentido, los postulados hinduistas del Vastu sastra sobre construcción y decoración son igual de interesantes.

Mi recomendación es que pruebe a hacer algunos de los cambios propuestos sobre todo si siente que no descansa bien. Por probar no perderá nada y yo estoy convencido de que notará el resultado.

¿Qué hay de la ropa de cama?

Debe huir de la ropa de cama que mezcla algodón y poliéster, y en especial de las telas que se publicitan como de “fácil cuidado” o “sin plancha”, pues incluyen acabados con formaldehído que no desaparecen por más que se laven.

En cambio, debería apostar por unas sábanas 100% algodón orgánico (aunque estudiando bien su procedencia y leyendo la letra pequeña de las etiquetas, pues no siempre son del todo fiables) o por unas de bambú.

Estas últimas, tremendamente suaves, son una alternativa natural muy asequible. Aunque durante su procesado el bambú se trata con elementos químicos (estos están presentes en prácticamente cualquier proceso industrial hoy día), en este caso desaparecen en poco tiempo sin dejar rastro.

Respecto a las mantas, puede probar con la lana pura o ecológica y no tratada con plaguicidas químicos. Las fibras de la lana absorben y almacenan la humedad y atrapan las bolsas de aire, por lo que las mantas de este material regulan muy bien la temperatura sea cual sea la época del año (es decir, haga más o menos frío). Además, la lana es hipoalergénica y resistente a ácaros y mohos.

Un truco extra para un armario sin olores de forma 100% natural

Voy a darle un truco extra para ambientar los armarios y conseguir que la ropa mantenga un buen olor de forma natural, sin necesidad de recurrir a las archiconocidas bolas de naftalina, tradicionalmente fabricadas con pesticidas como el paradiclorobenceno (PDB) o el naftaleno (ambos han sido considerados tóxicos y posibles carcinógenos por parte de diferentes organismos oficiales).

Para prescindir de la naftalina con éxito dé preferencia a la madera de cedro (bastan unas pocas virutas colocadas dentro del armario) y use clavo, eucalipto, lavanda, canela en rama o laurel, plantas antipolillas por excelencia. Meta las plantas secas en una bolsita de tela y colóquela en la parte superior del armario. ¡Eficacia garantizada durante meses!

Ya ve que es posible convertir el dormitorio en un pequeño oasis de bienestar con apenas un poco de esfuerzo. Y sin embargo su salud y su descanso van a notarlo enormemente, como le ocurrió a Beth Greer, la autora del libro La casa natural (Editorial Zenith, 2018), en el que se recogen varias de las ideas que he expuesto hoy.

Son tan útiles que una vez leí el libro solo pude apresurarme a pedir permiso a su autora para compartirlas con usted. Mi agradecimiento a ella y a todos los autores y editoriales tan comprometidos como nosotros con la salud natural.