Las personas mayores de 65 años con hipertensión tienen un mayor riesgo de deterioro cognitivo. De ahí la necesidad de llevar a cabo un control de la presión arterial, pues es una manera de reducir el deterioro y evitar este importante factor de riesgo de demencia.

Para probar la eficacia de esta estrategia un grupo de investigadores(1) controló durante tres años la presión arterial de más de 9.000 personas mayores y con hipertensión (más de 130 mmHg de sistólica). El objetivo era, pasado ese tiempo, que los participantes tuvieran una presión arterial sistólica inferior a 120 mmHg.

Una vez alcanzada esa meta comprobaron que no solo la salud cardiovascular de los pacientes había mejorado sustancialmente, sino que también lo había hecho la del cerebro (su riesgo de demencia se había reducido un 15%).

 

Fuentes:

  1. Jeff D. Williamson and Section on Gerontology and Geriatric Medicine: “Effect of Intensive vs Standard Blood Pressure Control on Probable Dementia. A Randomized Clinical Trial”. JAMA. 2019.