Año de nieves, año de bienes”. Eso es lo que reza un dicho popular del que me he acordado estos días.

No obstante, en plena ola de frío y con temperaturas gélidas como prácticamente no se recuerdan, es difícil pensar en otra cosa más que en mantenerse caliente y a resguardo del intempestivo clima.

Hay quien hace frente a estas adversidades con más y más calefacción. Y desde luego no hay duda de que es una compañera muy útil estos días.

No obstante, para sentirse bien no es necesario arruinarse.

La calefacción central, la doble ventana y los aislamientos prácticamente no existían hace 60 años y de forma general todo el mundo sobrevivía al invierno.

Por eso he decido recopilar algunos de esos secretos de antaño para redescubrir los encantos del invierno, incluidos los días gélidos como los que estamos viviendo.

La ropa interior de invierno

Puede parecer una tontería, pero al igual que muchas personas han olvidado cómo alimentarse correctamente, otras han dejado de vestirse como es debido (especialmente en épocas de temperaturas extremas).

Es fundamental llevar varias capas de ropa, pues el aire existente entre prenda y prenda aísla más que la ropa en sí misma.

La primera capa, pegada al cuerpo, debe ser aislante y permitir la transpiración. El cuerpo se enfría por el paso del aire frío, pero lo hace hasta 5 veces más rápido si está en contacto con una superficie mojada. De ahí que para aislar del frío sea imprescindible llevar siempre la ropa bien seca, especialmente la interior, y además que esta última abrigue todo lo posible.

De este modo, como parte de arriba hay que contar con una camiseta interior térmica, preferiblemente de manga larga y de cuello alto. Y para la parte de abajo, unas medias gruesas de lana para las mujeres y calzoncillos largos para los hombres (también mejor si son de tejido térmico). Por último, unos calcetines gruesos y de lana en ambos casos.

Por supuesto, no soy ajeno a que la moda del calzoncillo largo ha desaparecido casi por completo hoy en día, así como a que muchos hombres se sentirán incluso algo ridículos llevándolos. Sin embargo, se trata de un accesorio fundamental para luchar contra el frío incluso si encima se llevan pantalones gruesos, como por ejemplo de pana.

Del mismo modo, las capas exteriores deben ser largas y no deben comprimir el aire que las separa de la ropa interior, para que exista un buen aislamiento.

Es decir, para la parte de abajo hablamos de un pantalón (también puede ser una falda larga en el caso de las mujeres) y, para la de arriba, una camisa gruesa y un jersey de lana o un jersey de cuello vuelto con una chaqueta encima.

En total, dos capas de ropa en la parte de abajo y tres en la de arriba.

Equipado con estas prendas ya debería poder pasearse por cualquier interior sin pasar frío. Pero por supuesto hay que prepararse también para los exteriores…

El abrigo de invierno

El objetivo principal del abrigo es protegernos contra el viento, para que la colocación estratégica que hemos hecho de las primeras capas de ropa pueda seguir manteniéndonos calientes incluso cuando nos encontramos al aire libre.

Por ello, es mejor un abrigo fino e impermeable que uno más gordo pero que deje pasar el aire frío (piense que una prensa impermeable, que no deja pasar el agua, tampoco colará el viento).

Ahora bien, en el terreno de los abrigos hoy en día podemos encontrar cazadoras y anoraks de una eficacia realmente increíble… y de precio también increíble (de hasta mil euros o más, dependiendo del modelo y de la marca de la que se trate).

Ojo, no estoy criticando; estas prendas son caras, pero el precio se corresponde con la calidad. De hecho, estos abrigos tan cómodos y caros son tan eficaces que incluso permiten a las personas que se visten con la ropa interior incorrecta (¡sí, sin calzoncillos largos!) y que viven en casas sobrecalentadas salir a la calle sin pasar frío.

Sin embargo, resulta mucho más razonable y económico invertir en ropa interior buena. De este modo no necesitará un abrigo que caliente tanto, sufrirá un contraste menor al salir a la calle y al volver de ella y ¡hasta reducirá la factura de la calefacción!

Ojo con los pies

El primer dolor agudo provocado por el frío es el de los dedos de los pies congelados (los dedos de las manos es más fácil calentarlos, por ejemplo metiéndolos en los bolsillos).

Esto se debe a que, cuando el organismo presenta riesgo de enfriamiento, el flujo sanguíneo aminora y la sangre se retira de las extremidades.

Es por eso que los pies son tan sensibles al frío.

De hecho, a través de ellos y del contacto con un suelo frío y húmedo corremos el riesgo de perder todos los beneficios que aporta un buen conjunto de ropa invernal.

En definitiva, que al igual que la ropa interior, los zapatos son un elemento clave de la “estrategia antifrío”. Es imprescindible que tengan una suela gruesa y aislante y asimismo deben ser de caña alta, es decir, que cubran al menos el tobillo (una parte también muy sensible a las bajas temperaturas).

Gorro, bufanda y guantes

Cuando hace frío, la sangre se retira hasta el cerebro y el corazón. Eso quiere decir que la cabeza se calienta más. Y por eso se dice que es la parte del cuerpo por la que más calor se pierde (en concreto, hasta la mitad del calor corporal acumulado).

Por ello es necesario esforzarse en protegerla y sin duda lo mejor para lograrlo son los gorros, que permiten mantenerla caliente y repartir más calor al resto del organismo.

De hecho, para mantener una buena temperatura en el cuerpo un buen gorro puede ser tan eficaz como un abrigo cuando el tiempo es frío y seco. Por algo será que, cuando hace bueno, muchos esquiadores se quitan la cazadora… ¡pero se dejan el gorro puesto!

También es fundamental la bufanda, que permite proteger la nuca y los hombros, otra zona de intensa pérdida de calor debido al paso por el cuello de arterias y venas de gran importancia. Pero es que además esta prenda también evita que la capa de aire caliente que tenemos debajo del jersey se escape por arriba (debido a la tendencia ascendente del aire caliente).

Por último, aunque resulte obvio, recordar que al igual que un buen par de zapatos protege los pies del frío, un buen par de guantes evitará que se le enfríen demasiado las manos.

Comer y beber contra el frío

Es otra de las grandes claves en la terapia de choque contra las bajas temperaturas. Y es que, si los alimentos que el cuerpo absorbe se utilizan como combustible para producir energía, una parte de esta se utiliza, en forma de calor, para mantener el equilibrio térmico.

Es decir, que cuando el frío persiste tendemos a gastar más energía para calentar el organismo, por lo que es necesario ingerir más calorías.

Sin embargo, existe una idea falsa que tampoco se debe olvidar: la grasa no protege lo suficiente del frío. Esto funciona para los animales que hibernan o que viven en el hielo, pero no para las personas.

¿Qué hacer, entonces? Pues varias comidas ligeras y calientes a lo largo de la jornada, a fin de mantener los niveles de energía óptimos.

Respecto a la bebida, hay que saber que cuando el tiempo es frío y seco la transpiración, pese a ser constante, es menos perceptible. De hecho, corremos un importante riesgo de deshidratarnos sin darnos cuenta.

Y además por lo general la falta de hidratación debilita el cuerpo frente al frío.

Por ello hay que beber algo más de lo normal, sin esperar a sentir sed (que es en sí misma un síntoma de deshidratación), y evitar el alcohol y el café, que deterioran la capacidad de autorregulación del cuerpo.

Muy buena alternativa son, por supuesto, las infusiones de jengibre, entre otras especias de acción calorífica (además de antiséptica). Pero también las sopas en todas sus variedades.

Hace un tiempo ofrecí a los lectores de Tener S@lud la receta de una sopa llena de vitaminas y minerales especialmente aconsejable para los días muy fríos. Aquí se la dejo de nuevo, por si quiere probarla.

Siguiendo estas recomendaciones comprobará cómo el invierno y el frío resultan mucho menos deprimentes de lo que parecen. De hecho, si se equipa bien podrá incluso sentirse feliz y disfrutar de la nieve de estos días.

Y es que tampoco hay que olvidar que mantenerse activo es, a fin de cuentas, la mejor forma de no pasar frío.

¡A su salud!

Luis Miguel Oliveiras