Estimado Lector,

Cada uno de sus dos riñones mide unos 11 cm de largo y pesa cerca de 150 g.

Eso es mucho menos que el hígado, que mide 28 cm y pesa 2,4 kg. Y, sin embargo, al igual que este, los riñones trabajan permanente e incansablemente en la desintoxicación de su organismo.

En concreto purifican los cerca de 6 litros de sangre que usted tiene en el organismo unas 300 veces al día. Eso equivale a unos 1.800 litros cada 24 horas. ¡Algo formidable!

Su funcionamiento es similar al de una planta de tratamiento de aguas residuales, permanentemente en marcha.

Y es que ya esté durmiendo, conduciendo, paseando o leyendo, sus riñones no dejan de trabajar.

¿Y en su interior?

Dentro de cada riñón hay un sinfín de pequeños conglomerados de redes capilares arteriovenosas envueltas en una cápsula. Se denominan “glomérulos” y trabajan sin descanso en la depuración de la sangre, siendo además de lo más eficientes. De hecho, están formados por unidades de filtrado totalmente autónomas; es decir, si una muere, otra ocupa su lugar.

Los riñones, además, clasifican concienzudamente lo que la sangre necesita conservar o eliminar.

Por ello todos los días se evacúan al menos 1 ó 2 litros de orina con las toxinas y los residuos que los riñones depuran.

Esas toxinas están compuestas por contaminantes exógenos (pesticidas, plásticos…), pero también por excesos de minerales, vitaminas y otros productos de desecho de las células.

Ahora bien, a pesar de su importantísimo papel, los riñones son los grandes olvidados, ya que viven a la sombra del hígado.

Por eso quiero reivindicar su importancia clave.

De hecho, en naturopatía el riñón se considera uno de los 5 órganos principales de la inmunidad (por su rol en la eliminación de desechos) junto a los pulmones, el hígado, la piel y los intestinos.

Los riñones son mensajeros

El papel que juegan en la depuración es importantísimo, como ya ha visto, pero en cualquier caso el mérito de los riñones no se queda ahí.

Además de actuar como un filtro, estabilizan y controlan la sangre. Y asimismo sintetizan hormonas, es decir, los mensajeros químicos del organismo.

Con ello, los riñones juegan un rol imprescindible en la regulación de ciertas funciones corporales. Veamos algunos ejemplos:

Por un lado, producen una enzima llamada “renina” que interviene tanto en la regulación de la presión arterial como en la eliminación de sal a través de la orina.

Y por otro lado también participan en la mineralización ósea activando la vitamina D en interacción con el hígado.

De igual forma, producen EPO (eritropoyetina), una citocina glucoproteica que estimula la producción de glóbulos rojos en la médula ósea (de ahí que las personas con insuficiencia renal y que están en diálisis la reciban).

Finalmente, cabe destacar también a las glándulas asociadas a los riñones, llamadas “suprarrenales” (precisamente por su ubicación, sobre ambos riñones) y absolutamente esenciales para la salud. En ellas se sintetizan 5 hormonas indispensables:

  • Adrenalina.
  • Noradrenalina.
  • Cortisol.
  • Aldosterona.
  • Andrógenos.

Es gracias a estas hormonas que las glándulas suprarrenales regulan el estrés, las emociones, la presión arterial, los niveles de azúcar, las reservas de sodio y potasio y la sexualidad.

¡Todo esto a pesar de su minúsculo tamaño!

Cómo cuidar de la salud de los riñones

Lo acaba de ver: los riñones son unos valiosísimos aliados de la salud. De ahí que resulte crucial mantenerlos en buen estado. ¿Cómo?

Aquí tiene 4 pautas básicas que garantizan su correcto funcionamiento:

  1. Evitar el exceso de sal

    Una tarea mucho más difícil de lo que podría parecer, ya que esta sustancia está en todas partes (y en cantidades nada desdeñables): en los platos de restaurante, en la comida precocinada, en los ultraprocesados…

    La razón es que la sal es un excelente conservante.

    El problema es que, cuando se acumula en el cuerpo, agota a los riñones, que dejan de realizar sus funciones reguladoras. Y con ello, evidentemente los riesgos de hipertensión y diabetes aumentan.

    Para limitarlo, siga estos consejos:

    • Destierre el salero de su mesa y agregue especias (tomillo, romero, estragón, cilantro, etc.) a sus platos para mejorar su sabor, así como aceite de oliva.
    • Evite los alimentos enlatados y las comidas preparadas. Priorice el consumo de frutas y verduras frescas y orgánicas.
    • Elabore sus salsas caseras con vegetales frescos y orgánicos o alimentos orgánicos congelados.
    • Opte por cocciones suaves, especialmente al vapor, ya que conservan mejor el sabor de la comida.
    • Limite el consumo de alimentos excesivamente salados: comidas preparadas, carnes y pescados ahumados, algas secas, carnes enlatadas, aceitunas, encurtidos, alcaparras, galletas saladas, salsas industriales, quesos…
  2. Seguir una dieta mediterránea (con productos orgánicos y locales)

    A lo largo de los últimos años los cardiólogos han optado por una estrategia totalmente química -a base de fármacos- para ayudar a sus pacientes. Resultado: la mortalidad cardiovascular no ha descendido demasiado durante este período.

    Y no soy yo quien lo dice. El Dr. Michel de Lorgeril, investigador del CNRS (Centro Nacional francés de Investigación Científica, por sus siglas originales) y experto en cardiología y dieta mediterránea, así lo afirma.

    Durante años este experto ha realizado estudios sobre la relación entre la salud del corazón y la dieta. Su conclusión, aceptada y adoptada por las autoridades sanitarias estadounidenses, es que el colesterol es inocente. Por lo tanto, no tiene sentido tratar de reducir su nivel en sangre a toda costa.

    La única forma realmente efectiva de protegerse es comer más sano y adoptar un estilo de vida saludable.

    En términos generales, se trata de:

    • Consumir principalmente verduras frescas, orgánicas y de proximidad, además de cereales de calidad -evitando el gluten- y legumbres. En el caso de los hongos y algas, ¡cuidado con la sal!
    • Utilizar hierbas aromáticas y aceite de oliva como aliño para casi cualquier plato.
    • Consumir con cierta frecuencia mariscos, siempre que no procedan de muy lejos. Las carnes hay que consumirlas con mucha moderación y provenientes principalmente de animales pequeños. Por su parte, los quesos -preferentemente de cabra y de oveja- se pueden consumir regularmente, pero en pequeñas cantidades.
    • Ser frugal. Es decir, comer solo cuando se tiene hambre y siempre disfrutando de la compañía y, de vez en cuando, de un vasito de vino tinto. La comida debe ser mucho más que llenar el estómago.
  3. Limitar la contaminación y la intoxicación

    En un libro que aborda en profundidad el tema de los tóxicos contaminantes, el doctor y profesor experto en la materia Gilbert Deray critica el uso excesivo de plásticos. En este sentido él está en contra incluso del agua mineral envasada en botellas de plástico, dado que propicia un volumen ingente de contaminación y, además, intoxica el organismo.

    Así, apunta que “las toxinas están presentes en el agua mineral que se bebe todos los días, incluidos arsénico, medicamentos, desinfectantes, cromo, alquilfenoles, pesticidas, perfluoroalquilo, metilparabeno, ftalatos y componentes radiactivos”.

    Esa es la razón por la que aconseja siempre beber agua del grifo, pero filtrándola antes con carbón activado.

    Ahora bien, existen otras estrategias que suponen una solución muy útil para mejorar la calidad del agua, como por ejemplo la ósmosis inversa o beber agua energizada.

    Y, asimismo, en mi opinión el Dr. Deray olvida otros puntos importantes: la contaminación por medicamentos, la mala calidad del aire, el papel de los disruptores endocrinos y los transgénicos…

    Lo que sí hace -y por supuesto yo estoy de acuerdo- es recomendar que se desconfíe de los productos convencionales de limpieza del hogar. Esa es sin duda una de las formas más comunes que tenemos de “dejar entrar” a los tóxicos contaminantes en nuestras casas.

    Jabones ecológicos y artesanales, vinagre, limón y una mayor ventilación en todas las estancias; ¡eso es prácticamente todo lo que necesita para mantener su casa limpia y a salvo sin que su salud se vea resentida!

  4. Hacer desconexiones “zen” de vez en cuando

    El último consejo básico para cuidar de la salud de los riñones de forma efectiva es prestar especial atención al estrés.

    Este último está regulado por las glándulas suprarrenales, por lo que en muchos casos es un problema que termina en manos del endocrinólogo o internista.

    Sin embargo, hay estrategias sencillas para evitar llegar a ese punto. Sobre todo, dormir mejor y parar de vez en cuando. En otras palabras: darse pequeños respiros.

    ¿Cómo?”, se preguntará usted. “¿Cómo escapar a la vorágine en un momento tan complicado como el que ahora vivimos?

    Los medios de comunicación de masas nos ahogan poco a poco a base de información contradictoria y negativa. Pero no solo eso: a pesar de las “lecciones” que muchos creían que aprenderíamos del confinamiento, seguimos viviendo en una sociedad en la que prima la abundancia industrial, en la que la mayoría teme quedarse sin productos de calidad mediocre…

    Mi consejo es que, si quiere sobrevivir en el mundo que nos rodea, evite al menos la cronicidad de esos estímulos ansiosos.

    Esto se consigue a base de paréntesis. Lejos de los problemas, lejos de todo. Por ejemplo, con una buena caminata por el bosque, ya sea solo o con amigos. Esa es una forma segura y efectiva de encontrar un descanso mental de calidad.

    También es útil organizar momentos de desconexión un poco más largos, por ejemplo, cada trimestre.

    Dos o tres días son suficientes.

    Le invito que pruebe, por ejemplo, a pasar un fin de semana sin teléfono, sin obligaciones profesionales ni familiares, en un entorno natural. Que sea un momento enteramente para usted y para aquellos con quienes decida pasarlo.

    Puede aprovechar para trabajar la meditación y la espiritualidad, para ayunar, para hacer ejercicio… Lo que sea que le sirva para parar y conectar con el momento presente.

    Estos momentos de curación son esenciales para mantener una vida saludable -y especialmente para dar un respiro a unos órganos tan sensibles como son los riñones-, permitiéndole además reconectar consigo mismo y con lo que le rodea.

    Mi consejo es que lo pruebe cuanto antes y que en ningún caso lo haga menos de una vez al año. Le dará fuerza para enfrentar la vida cotidiana con retrospectiva y serenidad y, de paso, optimizará su salud renal.