El pasado martes, recién comenzado el día, me quedé sin batería en el coche.

Abrí la puerta para empujarlo unos metros y ¡pum!, golpeé una farola.

La chapa se había hundido unos centímetros. Casi ni se veía, pero ya era suficiente para que la puerta no cerrase.

Llamé a mi taller de confianza. Me prometieron una reparación exprés si iba rápido el perito del seguro. Acepté y allí que se presentó la grúa.

Una hora después me llamaron por teléfono:

Señor Dupuis, se lo prometo, en 30 años no me había pasado nunca…”.

Resulta que el coche estaba mal sujeto y se había caído de la grúa. El capó, el radiador y toda la parte delantera habían quedado aplastados. El perito del seguro lo declaró siniestro total; un coche que estaba casi nuevo (vamos, tenía 7 años, pero apenas lo había usado).

Y usted me dirá: “La verdad que es una pena, pero… ¿qué tiene que ver esto con la salud?”. Ahora verá.

Menos medicina, más salud

Según el profesor de Medicina H. Gilbert Welch, autor del libro Less Medicine, More Health (Menos medicina, más salud), muchas veces los médicos se ven obligados a “hacer algo” (recetar medicamentos, mandar hacer análisis, radiografías…), para contentar al paciente. (1)

A veces sencillamente se sienten obligados a demostrarle que le han entendido. En realidad saben que algunos pacientes consideran que un buen médico es aquel que receta muchos medicamentos y que no duda en darles la baja o remitirles a un especialista.

Este es en mi opinión uno de los efectos negativos más graves de nuestro sistema de salud.

Y es que, como en el caso de mi coche, que acabó completamente destrozado cuando al principio no tenía más que un “rasguño”, muchos pacientes subestiman totalmente los riesgos de un tratamiento médico.

Por qué los mejores médicos muchas veces no hacen nada

Ya no es sólo que este sistema implique un desastroso aumento del gasto sanitario, cuya consecuencia inevitable es que se empieza a restringir la asistencia médica que también es indispensable (por ejemplo, la dosis de vitamina D), sino que dicha sobremedicación implica muchos otros inconvenientes ocultos.

Esta es la razón por la cual el doctor H. Gilbert Welch dice que “los mejores médicos muchas veces no hacen nada”. (2)

Un medicamento que disminuye la glucemia (el nivel de azúcar en la sangre) puede disminuir en exceso el nivel de azúcar. Esto no es bueno ni para el corazón, ni para el cerebro. Un escáner de la columna vertebral conseguirá casi siempre encontrar alguna cosa anormal en la espalda, como les ocurre incluso a las personas que no tienen dolor de espalda. Los más probable es que dicha anomalía no tenga nada que ver con su dolor de espalda, pero supondrá sin embargo un motivo para operarse (lo cual puede acarrear graves consecuencias, como que un dolor temporal se transforme en un dolor de espalda crónico). Si le duele la cabeza y un escáner cerebral no revela nada anormal, el neurólogo le puede recetar un examen médico del cuello por ultrasonido. Puede que mientras esté comprobando el suministro de sangre al cerebro el radiólogo dé con un pequeño tumor en la tiroides. Y ahora sí que tiene usted un problema grave porque sentirá mucha presión para “hacer algo” (aunque, si se buscase bien, se encontrarían pequeños tumores en la tiroides en muchos adultos).

El cáncer de tiroides, al igual que el de próstata en los hombres mayores de 75 años, en realidad es muy habitual y la mayoría de las veces no causa la muerte. De no haber sido diagnosticado, la mayoría de los pacientes nunca se habrían enterado y habrían fallecido por otra causa.

En cambio, la operación de cáncer de próstata provoca problemas de incontinencia e impotencia. En caso de extirpación total de la próstata, aparecen en el 93% de los casos, tal y como puso de manifiesto un estudio danés que se presentó en Madrid hace un par de años en el 15º Congreso de la Asociación Europea de Urología. (3)

Por su parte, la extirpación parcial o total de la tiroides conlleva una sucesión de problemas de desequilibrio hormonal con potenciales efectos a todos los niveles del organismo, incluido el estado de ánimo y las ganas de vivir. De hecho, las hormonas tiroideas regulan el funcionamiento de todas las células del cuerpo.

Una buena relación con su médico

¿Qué pensaría de un asesor financiero que, cada vez que se encontrara con usted, le hablara de hacer nuevas inversiones? ¿O de un vendedor de seguros que continuamente le recomendara aumentar su cobertura? ¿O de un dentista que en cada visita quisiera sacarle un diente?

Lo cierto es que los profesionales de verdad no siempre necesitan hacer algo. Al igual que uno se alegra cuando el dentista, después de revisarle la boca, le comenta que no tiene que hacerse nada, que no le sorprenda si el médico no le receta nada al terminar la consulta.

No se trata de incompetencia. Más bien todo lo contrario: lo mejores médicos, los que más saben, los más experimentados son los que se atreven a decir a sus pacientes que lo mejor es no tocar el problema de salud y dejar que intervengan los agentes de autocuración del cuerpo.