Entre ciertos defensores de las medicinas naturales está bien visto rechazar todo tipo de píldoras con el argumento de que llevar un estilo de vida sano es suficiente para tener buena salud.

Ya se imaginará que no estoy metiendo en el mismo saco a la gran industria farmacéutica, que vende píldoras que contienen venenos químicos, y a los fabricantes de complementos alimenticios, que venden nutrientes esenciales… igualmente en forma de píldoras. Incluso hoy en día aún no se ha hallado un medio mejor que las píldoras para garantizar la composición, la dosificación y la ausencia de contaminación de estos productos naturales.

Hay píldoras que sientan bien, ya que contienen nutrientes que nuestro cuerpo necesita, y que no se encuentran en cantidad suficiente en nuestra empobrecida alimentación moderna. Por eso hoy quiero hablarle de las píldoras de vitamina B y ácido fólico.

Investigadores de la Australian National University acaban de demostrar que las píldoras de vitamina B12 y ácido fólico mejoran la memoria y el funcionamiento del cerebro. Su estudio, publicado en The American Journal of Clinical Nutrition, una de las revistas médicas de nutrición más prestigiosas, demuestra que la toma cotidiana y a largo plazo de ácido fólico y vitamina B12 aumenta las capacidades cognitivas, en especial la memoria, que mejora en un plazo de dos años. (1)

Las vitaminas del grupo B son indispensables para el sistema nervioso. Por eso, cuanto mayor sea su nivel de estrés, más necesitará usted vitamina B. Si tiene carencia de ella, el que sufre es su sistema nervioso, y en particular su cerebro.

Desarrollo del estudio

La directora del estudio, la doctora Janine Walker, trabajó junto con su equipo durante dos años con un grupo de personas mayores que sufrían depresión y estrés por sus condiciones de vida. El estudio consistió en dar a un grupo de voluntarios una dosis diaria en forma de píldoras de 400 microgramos de ácido fólico y 100 microgramos de vitamina B, y medir si esto ralentizaba su declive cognitivo.

Otro grupo recibió un simple placebo (falsas píldoras). Al cabo de 12 y 24 meses, los investigadores sometieron a ambos grupos a pruebas para medir sus capacidades mentales.

Los miembros del grupo que había tomado las píldoras de ácido fólico y vitamina B “verdaderas” demostraron tener una memoria notablemente mejor que los del otro grupo. El equipo de investigación descubrió que el estrés causa una inflamación de las estructuras neuronales en el cerebro e impide las transmisiones eléctricas y químicas entre las células nerviosas, que son necesarias para la formación de la memoria y el mantenimiento de las capacidades cognitivas. El cuerpo se sirve de las vitaminas del grupo B, y en particular de la vitamina B12, para combatir la inflamación en el cerebro y permitir una buena comunicación de las neuronas.

Otras reflexiones sobre los complementos alimenticios…

Desde siempre, los hombres han consumido otros productos además de su alimentación cotidiana. Muchos de esos productos no servían para nada, es cierto; pensemos por ejemplo en los testículos de tigre, o en el cuerno de rinoceronte, que se sigue vendiendo actualmente a 50.000 dólares el kilo en China debido a sus virtudes supuestamente afrodisíacas… (2)

No obstante, si a los hombres se les ocurrió probar sustancias tan extrañas, es sin duda porque habían constatado que algunas tenían auténticas virtudes terapéuticas. De hecho, la medicina moderna utiliza aún la aspirina, cuyo origen se encuentra en la corteza del sauce blanco, y la quinina, surgida de un árbol de Sudamérica, entre otros.

Yo mismo me encuentro entre quienes piensan que gracias a su conocimiento de las plantas, de determinados extractos de animales y de las virtudes de los minerales, los hombres han podido sobrevivir hasta el presente.

La medicina científica moderna nos quiere hacer creer que, antes de ella, los médicos eran todos charlatanes que lo único que sabían era aplicar sanguijuelas a sus enfermos y administrarles inútiles lavativas, y que no había existido nada útil antes de Pasteur y los antibióticos. Todo lo más, acepta incluir a Hipócrates, médico griego del siglo V antes de Cristo.

Pero el Homo sapiens tiene por lo menos 200.000 años. Ha vivido 197.500 años antes de Hipócrates, y los antropólogos incluso remontan el género “Homo” a 3 millones de años.

Por lo tanto, una de dos:

  1. O bien las enfermedades que nos afligen no son graves y pueden curarse solas en su mayoría, por lo que un número suficiente de entre nosotros llegaría sin ningún medicamento, mal que bien, a la edad adulta y a engendrar suficientes niños para asegurar la supervivencia de la especie. Según esto, toda la medicina moderna no es en el fondo más que una medicina de bienestar, más o menos superflua.

 

  1. O bien la humanidad debe precisamente su éxito, y su longevidad, a su capacidad de servirse de plantas y otras sustancias naturales que ha descubierto para cuidarse. Es gracias a éstas que pudo escapar de una desaparición cierta causada por las múltiples infecciones, virus, cánceres y otras enfermedades que comprometen cualquier posibilidad de sobrevivir en un entorno hostil (del tipo de aquél en el que habitaba el hombre primitivo).

La segunda posibilidad es la única coherente con las observaciones de los paleoantropólogos (que estudian a los hombres prehistóricos) y de los etnólogos (que estudian a las tribus que han conservado su modo de vida tradicional): en ellas el uso de venenos, pociones, partes de animales y plantas medicinales (o que así se suponen), es cotidiano y generalizado.

Si un profesional de la salud actual, opuesto al uso de complementos alimenticios, llegase a una de estas tribus y les explicase que una “alimentación equilibrada”, “deporte” y “ejercicios de relajación” son suficientes para asegurar una salud óptima, se le consideraría un loco peligroso.

Las píldoras que venden hoy en día los laboratorios (serios) de complementos alimenticios no son sino la forma moderna, generalmente testada científicamente y aséptica de esos remedios que se han usado desde tiempo inmemorial. Conocerlos –o interesarse por ellos– forma parte de los conocimientos imprescindibles que a mi juicio debe tener el ser humano moderno.

Me gustaría conocer su punto de vista sobre el tema. No dude en escribirnos para contárnoslo a contacto@saludnutricionbienestar.com o  haga un comentario al final de  este artículo.

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Fuentes

1. Janine G Walker, Philip J Batterham, Andrew J Mackinnon, Anthony F Jorm, Ian Hickie, Michael Fenech, Marjan Kljakovic, Dimity Crisp y Helen Christensen, «Oral folic acid and vitamin B-12 supplementation to prevent cognitive decline in community-dwelling older adults with depressive symptoms—the Beyond Ageing Project: a randomized controlled trial», The American Journal of Clinical Nutrition, 14 de diciembre de 2011.

2. GEO N°384 de febrero 2011 p.78.