Los aficionados a las setas llevan ya unas semanas disfrutando de salidas al campo en busca del delicioso manjar.

Pero ¡cuidado! Todos los años tienen lugar intoxicaciones e incluso fallecimientos. Así, se producen entre 200 y 400 ingresos hospitalarios al año por su causa, aunque ocurren muchas más intoxicaciones leves que no llegan a los hospitales. (1)

La culpa la tiene el consumo accidental de especies tóxicas. Y es que, aun cuando se tenga cierta experiencia en la recogida de setas, a veces es fácil equivocarse. Por ejemplo, la mortífera Amanita phalloides es capaz de camuflarse entre otras setas comestibles adoptando muchos tonos y colores, causando la muerte por fallo hepático.

Las consecuencias de una intoxicación pueden variar entre ligeras gastroenteritis y malestar general hasta gravísimos problemas hepáticos que exigen un trasplante, problemas en los riñones o incluso la muerte.

Los médicos suelen clasificar las intoxicaciones en función del tiempo que tardan en aparecer los síntomas y el tipo de síntomas. Así, hay intoxicaciones que dan la cara en las primeras seis horas después de la ingestión y producen síndromes gastrointestinales o neurológicos, y otras que aparecen hasta 24 horas después con cuadros clínicos hepatotóxicos, nefrotóxicos y eritromerálgicos.

En el campo no hay fórmulas mágicas para saber si una seta es tóxica o comestible. Ni el olor, ni el sabor ni el aspecto son cualidades definitivas, y ni que decir tiene que no hay que fiarse de la vieja creencia de que las setas venenosas se identifican porque vuelven negros los ajos o las cucharillas de plata.

Lo único que realmente funciona es la experiencia y aplicar la máxima prudencia. Sólo deben cogerse aquellas setas sobre las que no se tenga ninguna duda y desechar sistemáticamente aquellas con las que se tenga la mínima sospecha.

Los otoños inestables como el de este año hacen que las setas sean más fáciles de confundir, dado que la lluvia hace que salgan brotes tardíos que se prestan a confusión. La lluvia también ocasiona que las setas puedan perder su color o, por el contrario, que éste sea más vivo, o que pierdan su ornamentación característica.

Normalmente las intoxicaciones por consumo de setas se producen los fines de semana y de forma colectiva, pues los aficionados a las setas suelen salir a cogerlas en grupos y también se consumen en grupos de familiares o amigos.

No existe antídoto ni tratamiento que garantice la curación. La mortalidad por intoxicación por setas se ha reducido mucho en los últimos años (si hace unos años era el 80%, actualmente se sitúa entre el 5 y el 10%) gracias a la aplicación inmediata de medidas de soporte y tratamiento en los hospitales. (2)

Por eso es tan importante acudir rápidamente a un centro hospitalario en caso de sospecha de intoxicación.

De todas formas, si sale a coger setas, es recomendable tener en casa productos indispensables para poder reaccionar con rapidez ante una posible intoxicación. Estos tres productos pueden salvarle la vida mientras busca ayuda médica:

Carbón vegetal activado. Es un poderoso agente desintoxicante cuya particularidad reside en capturar las toxinas presentes en el sistema digestivo y expulsarlas fuera del organismo. Si se trata de una intoxicación benigna, tomarlo en las 2 horas siguientes a la ingestión acelerará la eliminación de las sustancias no deseadas. Pero si es un caso de intoxicación por Amanita phalloides, cuyos síntomas aparecen de forma más tardía, su eficacia será menor porque una buena parte de las toxinas ya habrá pasado a la sangre. No obstante, el carbón vegetal también forma parte del tratamiento en esta fase de la intoxicación, ya que las toxinas pueden permanecer en el tubo digestivo hasta 60 horas tras la ingestión.

La N-acetilcisteína. La Amanita phalloides puede destruir el hígado de manera fulminante y obligar a un trasplante de urgencia. Ahora bien, la N-acetilcisteína es un principio activo que protege el hígado de los daños ocasionados por los hongos. Actúa regenerando el glutatión, el antioxidante más importante del hígado, hasta conseguir que se restablezcan las funciones hepáticas normales. Las dosis utilizadas inicialmente oscilan entre los 600 y 1200 mg. (3)

La silimarina. Este extracto del cardo mariano también forma parte de los tratamientos para combatir la intoxicación, ya que puede regenerar las células hepáticas dañadas por numerosas toxinas -entre ellas las de la Amanita phalloides– e incrementar los niveles de glutatión. (4)

Si cree que ha sufrido una intoxicación por setas, proporcione al personal médico toda la información posible (cuándo las ha comido, dónde las recogió, cómo las ha cocinado, quiénes más las comieron…). Es importante identificar las setas que se han tomado (e incluso llevar muestras). Los hospitales están alerta ante las intoxicaciones que se producen en otoño y especialmente en los fines de semana y cuentan con la colaboración de micólogos que les ayudan a identificar las setas que han podido causar la intoxicación para poder tratar mejor a sus pacientes.