¿Quién no se ha sentido desesperado al comprobar que los piojos han llegado de nuevo a la cabeza de uno de sus hijos? Repulsión, impotencia, agotamiento… son las palabras que surgen al hablar con otros padres sobre el tema. Y no hay más que buscar un poco en internet y ver las conversaciones en los foros para comprobar el nivel de desesperación y las miles de llamadas de socorro pidiendo consejos al ver que ningún producto es efectivo.

¿Histeria colectiva? ¿Exageración? Ciertamente, no. Cualquiera que haya pasado por ello podrá contar historias de horror sobre:

  • El dineral gastado en productos (muchos productos de farmacia vienen en lotes de loción + champú + loción preventiva, e incluso hay sprays para tratar peluches y sofás, entre 10 y 20 euros cada uno), que hay que usar varias veces. Y también adquirir peines para retirar piojos y liendres, algunos eléctricos (entre 20 y 30 euros).
  • Cómo todos los miembros de la familia fueron cayendo unos tras otros víctimas de los piojos.
  • El tiempo y la energía consumidos poniendo en la lavadora sábanas, edredones, almohadas, colchas, toallas y ropa día sí y día no.
  • La imposibilidad de librarse de los piojos… ¡durante meses!

La pediculosis (infestación por piojos) afecta de forma general a entre el 1 y el 3% de la población en los países desarrollados. Eso son muchos millones de piojos. Y puede dispararse en los colegios hasta el 25% de los alumnos y profesores, o incluso el 50% en algunas ocasiones.

Y es que hay que inclinarse ante el pequeño piojo. No sólo por ser capaz de provocar una verdadera alarma social (hay estudios que incluso constatan los efectos psicológicos traumáticos en niños y cuidadores), sino también por su capacidad de atravesar los siglos alegremente, sin el menor peligro de extinción, y de haber generado todo un sector económico dedicado a su lucha. (1) (2)

¿No le empieza ya a picar la cabeza?

El piojo acompaña al hombre desde tiempos remotos. Se han encontrado piojos y liendres en momias egipcias de 5.000 años a.C., e incluso en restos humanos de más de 10.000 años; pero hay estudios que indican que antepasados del piojo que conocemos hoy ya parasitaban al Homo Sapiens. ¡Y de eso hace miles de años! Da vértigo.

Y es que el piojo (Pediculus humanus capitis) ha encontrado en las cabezas humanas un hábitat ideal que le ha permitido sobrevivir al paso de los siglos sin sobresaltos. Allí tiene una temperatura y una humedad estables, acceso ilimitado al alimento (la sangre humana que succiona efectuando una picadura en el cuero cabelludo), tranquilidad para estar con su pareja y reproducirse, soporte para sus huevos y ausencia de depredadores. ¡El hogar perfecto!

Nuestros parásitos por excelencia son insectos de seis patas, sin alas (no vuelan) y se alimentan exclusivamente de la sangre humana. La hembra pone los huevos (liendres) adheridos a la raíz del cabello, donde eclosionan unos 6 días más tarde, y tan pronto salen del cascarón las ninfas tienen a su disposición toda la comida que necesitan, que les permite llegar a convertirse en adultos unos 7 días después, buscar pareja y reproducirse en un ciclo que dura entre 22 y 25 días.

A su nivel, los piojos también son sibaritas. Prefieren el pelo limpio al sucio y el liso al rizado. Les resulta indiferente la longitud del pelo o el tipo de peinado y no tienen preferencia en ninguna clase social a la hora de elegir a sus hospedadores.

Sabemos que nuestros antepasados también querían librarse de los piojos: los primeros peines para quitar liendres y piojos (las famosas lendreras) datan de 1.500 a.C. Y son prácticamente iguales que los actuales.

¿Seremos capaces nosotros de vencer al piojo en el s.XXI?

El piojo, la nueva gallina de los huevos de oro

Entonces, ¿qué hacer? ¿Gastarse dinero y más dinero en cubrir las cabezas de nuestros hijos de sustancias agresivas, potencialmente peligrosas y que además crean resistencias en los piojos (es decir, que los hace resistentes a la acción de los tratamientos, que dejan de ser eficaces)? Y que además destrozan el pelo, dejándolo seco y estropajoso, difícil de recuperar.

Sin olvidar que no se trata sólo de las cabezas de los niños, porque los piojos se instalan también en la de los adultos, a menudo contagiados por sus hijos.

Una simple visita a la farmacia permite constatar el gran mercado que mueven los piojos. La variedad de productos, marcas, laboratorios, presentaciones y formatos es ingente. En realidad pueden dividirse en dos grupos: el primero, el de los neurotóxicos, que contienen moléculas que actúan sobre su sistema nervioso (malatión, piretrinas…) y el segundo, el de los productos que actúan de forma mecánica, obstruyendo las vías respiratorias del piojo y haciendo que mueran por asfixia y deshidratación.

Los primeros son bastante agresivos para el cuero cabelludo y el medio ambiente, y algunos tienen un riesgo adicional: ¡no se le ocurra secarse el pelo con secador o encender un cigarrillo después de haberlo aplicado, porque puede terminar con quemaduras! Además, crean resistencias en los piojos. Los segundos son menos agresivos para el cabello y su entorno pero son menos mortíferos e igual de caros.

Y es que el precio de los productos no es una cuestión menor: si el pelo a tratar es largo y abundante hay que contar un frasco por aplicación y persona. Si lo multiplicamos por todos los miembros de la familia y por el hecho de que hay que repetir el proceso varias veces, el presupuesto comienza a dispararse.

Todo ello hace que estos productos se hayan convertido en una línea de negocio extremadamente rentable para la industria farmacéutica, que reacciona con ferocidad cuando algún especialista serio pone en duda la eficacia de sus productos. Así, una de las mayores expertas mundiales en el piojo, la doctora Catherine Combescot, investigadora en el CNRS francés y profesora en la universidad de Tours, que ha criado miles de piojos en su laboratorio para observar su comportamiento y evaluar la eficacia de los tratamientos – ¡da miedo sólo pensar en entrar en él!- tuvo la osadía en el pasado de citar marcas de productos y pronunciarse sobre su efectividad. Pero hoy difícilmente concede entrevistas y se niega a dar nombres.

Hay otra posibilidad de lucha contra el piojo, otro subsector económico que está en plena expansión y que ha llegado hace poco tiempo a las ciudades españolas procedente de Estados Unidos, donde hay un auténtico boom.

Se trata de las empresas dedicadas a retirar los piojos, a domicilio o en sus propios locales. Aprovechando la falta de tiempo en la sociedad actual, estas empresas cuentan con empleados que retiran los piojos con aparatos que los aspiran (o proyectando sobre la cabeza aire más caliente que el de un secador para matarlos). Y a continuación aplican el método tradicional: separar el pelo y peinarlo con una lendrera hasta que no quede nada. Eso sí, hay que desembolsar una media de unos 100 euros por persona (… o por cabeza, nunca mejor dicho).

Solución pragmática (y económica) para la lucha contra los piojos

Para quienes buscamos soluciones naturales, pero que también queremos eficacia y economía, les voy a contar una buena estrategia para abordar el problema de los piojos en las familias:

  1. A la menor duda (picor en el cuero cabelludo o la sospecha de liendres en el pelo): examen de todos los miembros de la familia. A veces el más infestado no siente el menor picor.
  2. Con mucha luz, buscar bichos vivos, aunque como se mueven muy rápido, buscar sobre todo las liendres. Preferentemente sobre un lavabo blanco, peinar el cabello con una lendrera. Los piojos caerán sobre el lavabo y ahí tendrá la prueba. Muy importante: no debe compartirse la lendrera. Cada miembro de la familia debe usar la suya, y si hubiera que compartirla, siempre pasarla antes por agua hirviendo.
  3. Si encuentra piojos o liendres, hay que pasar al tratamiento. La mezcla que yo recomiendo es aceite de coco con aceite esencial de árbol de té y aceite esencial de geranio. Recuerde siempre diluir los aceites esenciales con aceites vegetales. Por ejemplo, por cada cuatro cucharadas soperas de aceite de coco, ponga 5 gotas de aceite esencial de árbol de té y 2 gotas de aceite esencial de geranio para un adulto y, para un niño, 4 gotas de aceite esencial de árbol de té y 1 gota de aceite esencial de geranio. ¡Atención! No caiga en la tentación de echar a la mezcla más gotas de la cuenta buscando una mayor eficacia; piense que los aceites esenciales son muy potentes y estas cantidades son suficientes (más, incluso puede resultar peligroso). Puede poner el aceite de la mezcla en un spray difusor, para aprovechar mejor el producto.
  4. Aplíquelo sobre la cabeza, empapando bien el cuero cabelludo y peinando el pelo en toda su longitud. A continuación cubra bien la cabeza con plástico de cocina, bien pegado, para que no quede aire en su interior. Debe dejarlo actuar el tiempo suficiente para que los piojos se ahoguen. Lo ideal sería toda la noche, pero si no es posible intente que actúe al menos un par de horas.
  5. A continuación retire el exceso de aceite con papel de cocina y prepárese para la siguiente fase: peinar todo el pelo con una lendrera. Hay que tener paciencia y hacerlo mechón por mechón, limpiando el peine en un algodón blanco cada vez para ver el resultado.
  6. Cuando ya se ha peinado así todo el pelo, lavarlo dos veces con champú suave para retirar el aceite de coco. El aceite de coco es muy nutritivo e hidratante, por lo que tiene el efecto adicional de actuar como una mascarilla para el pelo.
  7. Repita este proceso a los 7 y a los 14 días, aunque crea que ya no hay piojos, para completar todo el ciclo de vida del piojo.
  8. Y además, cada tres días pida a su hijo o hija que se peine con la lendrera bajo la ducha, o péinele de nuevo con una lendrera usando previamente un spray acondicionador para facilitar el peinado.
  9. No olvide lavar sábanas y toallas a 60 grados cada vez que realice el tratamiento, meter peluches y objetos no lavables en el congelador durante dos días, y que cada miembro de la familia tenga su propio cepillo.
  10. Y sobre todo, intente revisar el cabello de toda la familia periódicamente, a todos el mismo día, antes de que haya señales de alarma. Los expertos aconsejan hacerlo una vez por semana. No lleva mucho tiempo y permite atajar el problema en sus comienzos.

Este método no garantiza la limpieza total de piojos a la primera. Pero con él no maltratará su cabello, evitará desarrollar resistencias en los piojos y además se ahorrará un montón de dinero.

Pero tenga en cuenta que ningún método consigue acabar para siempre con los piojos, sobre todo porque aunque se haya “exterminado” a toda la población de piojos de una familia, pueden producirse nuevos contagios constantemente. En realidad la única forma de lograr acabar con ellos sería que todo un grupo (por ejemplo, todos los alumnos de un colegio y sus familias), iniciaran el mismo tratamiento contra los piojos, pero todos al mismo tiempo, para evitar que cuando algunos están limpios, vuelvan a contagiarse de otros que en ese momento están infestados, lo que convierte las infestaciones por piojos en ciclos sin fin.

¿Ha sufrido alguna vez la invasión de los piojos? ¿Conoce algún otro remedio casero para acabar con este molesto parásito? Le invito a compartirlo con el resto de lectores de saludnutricionbienestar.com haciendo un comentario un poco más abajo.

Fuentes:

  1. Gordon SC. Shared vulnerability: a theory of caring for children with persistent head lice. J Sch Nurs, 2007;23(5):283-292.
  2. Parison JC, Speare R, Canyon DV. Head lice: the feelings people have. Intl J Dermatol. 2013;52(2):169-171.