Esta es una pregunta que más pronto o más tarde se hacen quienes se interesan por la nutrición y quieren alimentarse bien, sobre todo si quieren reducir su consumo de leche de vaca. Anticáncer para unos, disruptor endocrino para otros… parece que todo el mundo tiene una opinión sobre la soja, y muchas veces contradictoria.

Por eso sabemos que este artículo que publicamos este mes en el nuevo número de Salud AlterNatura va a interesar a todo el mundo.

La mayoría de las discusiones sobre los efectos de la soja en la salud se centran en el papel de los fitoestrógenos, unos compuestos vegetales que se encuentran en pequeñas cantidades en diferentes plantas y, de manera significativa, en la soja.

En esta leguminosa los fitoestrógenos se denominan isoflavonas. Su estructura es similar a la de los estrógenos que produce el organismo, esas hormonas que se encuentran especialmente en las mujeres y en menor cantidad en los hombres. De este modo, estos compuestos vegetales pueden imitar los efectos de los estrógenos o, por el contrario, contrarrestarlos. De hecho, se habla de una acción perturbadora endocrina porque estas moléculas pueden modificar el normal funcionamiento de las hormonas.

El descubrimiento de las propiedades perturbadoras endocrinas de los fitoestrógenos tuvo lugar a comienzos de la década de 1940, cuando los ganaderos australianos constataron que sus ovejas se volvían estériles cuando pasaban demasiado tiempo pastando en campos ricos en tréboles, una planta que también posee muchos fitoestrógenos. Las que no quedaban estériles presentaban una tasa anormalmente alta de abortos, e incluso sus corderos sufrían anomalías durante su crecimiento.

Una vez quedó constatado este hecho, los efectos de la exposición a los fitoestrógenos constituyeron un aspecto muy importante dentro de la agricultura. Pero más inquietante fue que, a raíz de esta confirmación, los efectos perturbadores también se observaron en otras especies: ratones, pájaros, peces, monos, vacas, rinocerontes… Y también en los seres humanos.

Llegados a este punto puede intuir por qué el consumo de soja es objeto de grandes polémicas, que se pueden resumir en estas dos sencillas cuestiones:

1- ¿Cuáles son los beneficios y los inconvenientes de la soja científicamente demostrados?

2- ¿Puede cualquier persona comer (o beber) soja sin riesgos para la salud? ¿En qué cantidad?

Si las respuestas le interesan, le invito a leer con detenimiento este mes Salud AlterNatura, donde por fin lo aclaramos punto por punto. Le adelanto que no hay una única respuesta aplicable para todo el mundo, sino muy distinta según su edad, su sexo… ¡y hasta del lugar del mundo donde usted viva!

Yo que usted no me lo perdería.

La liebre del bisturí y la tortuga de los cánceres

Hoy día el cáncer de próstata se detecta cada vez más precozmente.

“Eso es algo bueno”, seguramente pensará usted.

Debería serlo… salvo porque el diagnóstico de este cáncer, que evoluciona lentamente (tanto que, de hecho, se le conoce como la “tortuga” de los cánceres), suele llevar aparejadas medidas médicas radicales o, como mínimo, precipitadas.

Hablamos de la biopsia y prostatectomía.

Y no sin daños “colaterales” (como disfunción eréctil).

En el número de junio de Salud AlterNatura dedicamos un artículo a este tema, en el que le explicamos por qué el cáncer de próstata forma parte del envejecimiento normal de esta glándula y por qué con frecuencia no hay ningún motivo para preocuparse.

Gracias a este artículo, usted conocerá:

  • Los indicadores precisos que deberían alertarle de un potencial daño en su próstata.
  • Las claves de una vigilancia activa y verdaderamente efectiva.
  • El régimen alimenticio que debe adoptar para reducir los riesgos.
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