La idea que se tiene de que el olfato del hombre es muy inferior al de otros animales, especialmente el perro, ha sido totalmente descartada.

Esta idea surgió originalmente en el siglo XIX, cuando se investigaron las distintas regiones del cerebro humano y se constató que el bulbo olfatorio, zona implicada en el sentido del olfato, era proporcionalmente más pequeña con respecto a otras partes del cerebro, a diferencia de lo que ocurría en otros animales. Sin embargo, esto no implica que el ser humano tenga un sentido del olfato inferior.

Así lo ha confirmado un grupo de investigadores alemanes, que acaban de demostrar que el ser humano es incluso capaz de reconocer el olor de sus moléculas de histocompatibilidad. Estas moléculas forman parte del sistema de defensa del organismo, ya que permiten que el cerebro distinga entre las personas, animales u objetos que forman parte del entorno de cada persona, de aquellos que proceden de fuera o incluso son invasivos.

El estudio señala que este es el motivo por el que, por ejemplo, nos olemos la mano de manera inconsciente tras haberla estrechado con un desconocido, ya que de ese modo percibimos un auténtico cóctel de olores que permite que identifiquemos a esa persona como amigo o enemigo. Ese simple gesto, y del que ni siquiera nos damos cuenta, tiene tanta importancia que incluso a través del olor nuestro cerebro ya está estudiando a esa persona para descartarla o no como posible pareja sentimental.

Fuente: Idan Frumin, Ofer Perl, Yaara Endevelt-Shapira, Ami Eisen, Neetai Eshel, Iris Heller, Maya Shemesh, Aharon Ravia, Lee Sela, Anat Arzi, Noam Sobel: “A social chemosignaling function for human handshaking”. Weizmann Institute of Science, Israel