Si hubiera un palmarés de los grandes éxitos del marketing del sector agroalimentario de los últimos años, el jarabe, sirope o miel de agave (que son algunos de los nombres con los que se lo conoce) se llevaría la medalla de oro.

Hace diez años, el público en general (e incluso muchos expertos) ignoraban por completo la existencia del jarabe de agave, pero se hizo un hueco en las tiendas ecológicas para partir luego a la conquista de los estantes de los supermercados con un ímpetu que aun no ha decaído.

Hoy en día el jarabe de agave se encuentra en todo tipo de comercios. Y es que cada día son más los hogares que ya lo hayan probado, por no hablar de los millones que lo han introducido en su alimentación.

¿Por qué razón? Porque los expertos en marketing que lanzaron el sirope de agave tuvieron la genial idea de hacerlo pasar por una sustancia totalmente nueva, con un poder endulzante superior al del azúcar, sin mayor efecto sobre la glucemia (la tasa de azúcar en la sangre) que la fruta y, por lo tanto, recomendada para los diabéticos, al ser completamente “natural” y, por supuesto, “biológico”.

Además, las campañas de comunicación que acompañaron el lanzamiento del jarabe de agave dieron a entender con gran habilidad que se trataba de un producto tradicional, utilizado desde tiempos inmemoriales en México.

Esta operación permitió que al consumidor le pareciera razonable el precio tan desorbitado del jarabe de agave y que se multiplicaran las líneas de productos alimenticios que lo contienen; hoy en día lo encontramos en bebidas, barritas de cereales, postres y en numerosos productos, todos ellos en los estantes de dietética o ecológicos de las tiendas.

Pero, en realidad, el jarabe de agave no es ni tradicional ni bueno para la salud.

Su índice glucémico (el efecto sobre la tasa de azúcar en la sangre) puede ser tan elevado como el de la glucosa pura. Y ni está recomendado para los diabéticos ni para las personas que quieren perder peso o encontrar el equilibrio alimentario.

¿Qué es el agave?

El agave es una planta que crece sobre todo en México, pero que hoy en día se encuentra en todas las regiones cálidas y secas, así como en los países mediterráneos. Hasta hace muy poco, a esta planta sólo se la conocía por ser el componente principal del tequila.

Cuando la planta alcanza los diez años, se le retiran las hojas para extraerle el corazón, que puede pesar entre 25 y 75 kg y tiene la forma de una piña grande. Se extrae la savia que se encuentra en su interior y se transforma en “jarabe de agave” hirviéndola durante varias horas, del mismo modo que los canadienses hierven la savia del arce para obtener el jarabe de arce.

El producto que se obtiene de este proceso se llama inulina y tiene un alto contenido en fructosa.

Ideas falsas sobre el jarabe de agave

El consumidor piensa a menudo que el sirope de agave contiene pocas calorías. Esta afirmación es falsa. De hecho, una cucharadita contiene 16 calorías, es decir, lo mismo que el azúcar.

Los diabéticos y prediabéticos lo consumen porque piensan que su índice glucémico es débil y que su consumo no acarrea picos de glucemia en sangre. Pues cuidado, pues en realidad, todo depende de la manera de elaborarlo. Según los modos de fabricación, el índice glucémico (IG) del jarabe de agave puede variar de 55 (como los espaguetti bien cocidos) a 90, es decir, lo mismo que el azúcar blanco. Con toda probabilidad, no encontrará información sobre ello en la etiqueta.

Si es usted diabético, es importante que sepa que se han llevado a cabo muy pocos estudios sobre la relación entre el sirope de agave y la diabetes, y la mayoría de ellos se han hecho con ratas, no con humanos.

¿Por qué la fructosa supone un problema?

Permítame primero aclarar un punto importante. La fructosa concentrada no se encuentra de manera natural en la fruta ni, de hecho, en ninguna otra parte de la naturaleza. Cuando encontramos fructosa en la naturaleza, siempre va acompañada de enzimas, agua, vitaminas, minerales, fibras y pectina, y está mezclada de manera natural con otros azúcares.

Por el contrario, la fructosa concentrada se obtiene mediante un proceso de refinamiento, de manera artificial.

Cuando usted come fruta, la fructosa se absorbe lentamente antes de pasar por el hígado, que la transforma en energía disponible de inmediato. En cambio, si consume fructosa concentrada, o purificada, ésta llega demasiado rápido al hígado, que no la puede transformar toda en energía. Así, el excedente se transforma en grasas, que circularán por la sangre antes de almacenarse.

Si ha leído con atención este último párrafo, habrá descubierto la clave del misterio que le explica por qué comer fruta es bueno para la salud y comer fructosa es malo.

Y es que aunque la fructosa no aumente ni disminuya la glucemia, no se convierte en glucosa sanguínea como el resto de azúcares, de ahí la idea de que el jarabe de agave, tan rico en fructosa concentrada, sería bueno para los diabéticos.

Como idea no estaría mal… la pena es que en realidad no es así.

Hace muy poco, unos investigadores de Harvard han demostrado que comer fruta entera disminuye el riesgo de diabetes de tipo 2, mientras que beber zumo de fruta, rico en fructosa concentrada y carente de fibras, aumenta dicho riesgo. (1)

Además, la fructosa inhibe el nivel de leptina, la hormona de la saciedad que indica al cuerpo que ya no tiene más hambre. En otras palabras, la fructosa aumenta el deseo de seguir comiendo; y no sólo hace ganar peso, sino que también carga el cuerpo de grasa en el lugar más peligroso para la salud: entre los órganos vitales y las vísceras (la grasa visceral), en la zona del tronco/vientre.

Esto ha sido demostrado claramente por un estudio de mayo de 2009 publicado en el Journal of Clinical Investigation. (2)

Conclusión: el jarabe de agave es rico en fructosa y ésta es mala para su organismo. El jarabe de agave ni es tradicional ni es natural, al ser altamente refinado. Por lo tanto, es algo que hay que evitar tomar.

Entonces, ¿qué hacemos?

Voy a darle unas pautas, pero debo decirle que, de todos modos y en cualquier caso, debería acostumbrarse a tomar menos azúcar.

Cada español consume de media 29,7 kg de azúcar al año, lo que es demasiado. Para llevar una alimentación sana, no se deberían superar los 8 kg al año.

Pero a la espera de tomar las decisiones necesarias (y por fuerza radicales) para alcanzar ese nivel, tenga en cuenta dos puntos importantes:

  • Evite los edulcorantes artificiales, ya que de todos modos provocan más perjuicios que el azúcar natural.
  • ¿Ha probado la stevia? Se trata de un edulcorante natural utilizado por los indios guaraní del Paraguay y de Brasil, compatible con las dietas hipoglucémicas y las dietas para diabéticos.

¿Azúcar?, ¿Jarabe de agave?, ¿Miel?, ¿Fructosa?, ¿Stevia? Y usted… ¿con qué endulza sus comidas? Le invito a compartir sus comentarios con todos los lectores de saludnutricionbienestar.com un poco más abajo.

Fuentes

  1. Muraki I, Imamura F, Manson JE, Hu FB, Willett WC, van Dam RM, Sun Q. Fruit consumption and risk of type 2 diabetes: results from three prospective longitudinal cohort studies. BMJ 2013 Aug 28; 347: f5001.
  2. Kimber L. Stanhope, Jean Marc Schwarz, Nancy L. Keim, Steven C. Griffen, et al. Consuming fructose-sweetened, not glucose-sweetends, beverages increases visceral adiposity and lipids and decreases insulin sensitivity in overweight/obese humans. The Journal of Clinical Investigation 2009; 119: 1322-34