Mientras paseaba por la orilla del mar, me he topado con un equipo que fotografiaba a una modelo, que formaban parte de la producción de un reportaje de moda para una revista femenina.

Me resultó gracioso, porque le habían puesto ropa que le venía demasiado grande y que, por la espalda, estaba llena de pinzas para la ropa e imperdibles.

Eso no se ve en las fotos. Pero presenciar la escena en directo resulta de lo más curioso. Sobre todo porque sabemos que, de todos modos, esas fotos luego se retocan por ordenador: se borran las imperfecciones de la piel, se realza el pecho, se estilizan las piernas, etc.

La fuerza de la manipulación publicitaria

Casi todos nosotros pensamos que no estamos influidos por la publicidad. Pensamos que conocemos sus trucos y nos creemos capaces de resistir a la manipulación.

En realidad, desde el mismo momento en que nos juzgamos a nosotros mismos, por ejemplo, para determinar si somos guapos o no, si somos felices o no, si somos deportistas o no, tendemos a juzgar nuestras vidas comparándolas con las que vemos en la televisión, en las revistas, en el cine, en las series o en los anuncios.

Sucede lo mismo cuando intentamos juzgar nuestra valentía o nuestra fuerza. Nos guste o no, tendemos a valorarnos comparándonos con los protagonistas de novelas o de películas; a valorar nuestro rendimiento deportivo comparándolo con el de los profesionales que vemos en la televisión.

Incluso puede que hayamos llegado a pensar que el hecho de que hoy día cualquiera pueda grabar vídeos directamente de la realidad, compartirlos y subirlos a internet iba a cambiar todo esto; que las personas aprenderían a distinguir perfectamente las escenas reales de las retocadas y editadas.

Pero, de hecho, sucede todo lo contrario: en las estaciones de esquí, por ejemplo, los responsables están preocupados por la cantidad de esquiadores que pretenden reproducir las locas acrobacias que se exhiben en Youtube. Presenciamos cómo cada vez son más los necios que se embarcan en aventuras para emular lo que han visto en los vídeos grabados por otros y para poder difundirlo a su vez ante el mundo; unas proezas que hace 50 años sólo se habrían planteado los más intrépidos. Y no hablo ya de la popularidad de los deportes extremos, como el “Desafío Red Bull”, donde la gente salta acantilados, cruza precipicios por una cuerda o desciende por paredes rocosas en bici.

Este efecto de imitación existe a todos los niveles. Sabemos que, hoy en día, las autoridades intentan por todos los medios prohibir la presencia de modelos excesivamente delgadas en los desfiles por riesgo de que promuevan la anorexia en las adolescentes.

Un mundo trucado

El problema reside en que, en el mundo de la televisión, del entretenimiento, e incluso del deporte, todo está trucado. Es evidente que las personas que están ante las cámaras sencillamente no tienen las mismas limitaciones que la gente corriente.

Detrás de todos estos deportistas, modelos y actores famosos hay empresas, inversores y agencias de comunicación que “llevan su imagen” y que les proporcionan medios materiales con los que ningún particular puede competir, aunque solo sea por el número de horas que pueden dedicar al entrenamiento o a su preparación física (a nosotros en cambio nos sale caro hacer deporte, ¡no nos pagan por ello!).

Lo mismo sucede con los actores, tan seductores. Recientemente he visto fotos de George Clooney tomadas por sorpresa en la calle, y también de Angelina Jolie y Brad Pitt. Es posible que usted las haya visto también, porque han circulado masivamente por internet.

Recuerdo que pensé que, si me los hubiera encontrado de frente en el tren, puede que ni los hubiera reconocido; y, con toda seguridad, no me habría fijado en ellos.

Para que aparezcan así de fantásticos en la gran pantalla, se necesita un ejército de maquilladores, peluqueros, sastres, técnicos de iluminación y, sobre todo, buenos cámaras que sean capaces de captar su sonrisa y su mirada en el momento preciso. Sólo así es posible hacer una película entera en la que aparezcan extremadamente seductores en todo momento.

No digo con esto que no tengan ningún mérito, ni que todo el mundo pueda ser como ellos. Son auténticos profesionales; grandes actores que saben interpretar y que ya tenían, inicialmente, una buena base. Pero, en lo que se refiere meramente al aspecto físico, no hay tanta diferencia entre ellos y el resto de los mortales. Son sobre todo los efectos especiales, el maquillaje y el arte del cine y de la fotografía los que les confieren ese atractivo que a nos parece único.

Elegir un modelo de vida adecuado

Todo esto sirve para recordarnos que, al evaluar nuestras vidas y fijarnos objetivos, estaremos cayendo en una trampa diabólica si nos comparamos inconscientemente con personas que han sido fabricadas por la industria del entretenimiento o del deporte.

Sin duda, debemos hacer un esfuerzo por deshacernos de estos falsos modelos, tan inaccesibles que, de hecho, no existen. Al menos no en la vida real…

Nuestros únicos puntos de referencia razonables son:

  1. Para empezar, nosotros mismos. ¿Dónde estábamos hace cinco años, hace un año o hace un mes? ¿Hemos hecho progresos o no?
  2. Luego, las personas cercanas a nosotros, que tienen nuestras mismas limitaciones. Ese vecino, amigo, familiar, o incluso esa persona que nos cruzamos en el transporte público, que parece de nuestra misma edad y con quien podríamos tener cosas en común.

¡Ojo! No digo con esto que debamos conformarnos con una vida mediocre y banal. Más bien lo contrario: debemos darnos cuenta de que, sea cual sea nuestra situación, cada uno somos un ser independiente, excepcional, que vive una vida excepcional, a menudo llena de dificultades excepcionales. Y, sobre todo, no debemos denigrar nuestra propia existencia o nuestra persona imaginando que existe un “mundo aparte” (el mundo de las estrellas, el mundo de Hollywood, el de “los famosos”) repleto de gente más guapa, inteligente, fuerte y feliz que nosotros.

Eso no es verdad.

Todos somos seres humanos con la misma dignidad; todos tenemos nuestras alegrías y nuestras penas, y nuestra única responsabilidad es aspirar a la mejor versión de nosotros mismos a partir de lo que ya tenemos, olvidando por completo los personajes artificiales que vemos en las revistas.

Luego existen verdaderos modelos de vida; personas que pueden servirnos como referencia porque realmente han hecho cosas dignas de admiración. Son los grandes personajes de la historia: grandes artistas, genios, héroes…

Pero conviene asegurarse primero de que sean personas de carne y hueso, y no simples mitos. Si es cierto que han existido y que han hecho cosas buenas en la vida, entonces sí podremos encontrar en ellos una buena fuente de inspiración. Como también lo son esas personas cercanas que todos hemos conocido alguna vez (un familiar, un amigo…) y de quien admiramos su generosidad, su ecuanimidad, su capacidad de trabajo, su entrega a la familia o a los demás… héroes cotidianos en quienes también podemos mirarnos. Todos ellos, con sus valores y proezas, grandes o pequeñas, nos ayudan a superarnos a nosotros mismos.

 

¿Ha sentido en algún momento que no era lo suficientemente guapo, delgado o atractivo para poder alcanzar sus objetivos? Comparta su experiencia con el resto de lectores de www.saludnutricionbienestar.com haciendo un comentario un poco más abajo.