La revisión de más de una década de estudios sobre diferentes prácticas de MBSR (Mindfulness Based Stress Reduction, por sus siglas en inglés) y que ha reunido a más de 846 participantes, ha permitido conocer el modo en que los genes se ven beneficiados por estas prácticas, entre las que se incluyen el mindfulness y el yoga.

Los investigadores se centraron en concreto en los cambios que tienen lugar dentro de la expresión génica; es decir, la forma en que los genes se activan para producir proteínas que influyen en la composición biológica del cuerpo, del cerebro y del sistema inmunológico.

De este modo observaron que cuando una persona está expuesta a un evento estresante, su sistema nervioso simpático aumenta la producción de una molécula llamada factor nuclear kappa B (NF-kB), encargada de regular esa expresión de los genes. La NF-kB produce citoquinas, unas proteínas que causan inflamación a nivel celular y que resultan útiles como mecanismo de defensa… pero sólo si esa inflamación dura poco. Si persiste lo que hace es aumentar el riesgo de padecer trastornos psiquiátricos, como es la depresión.

Según el estudio, entre las personas que practican mindfulness y yoga ocurre justo lo contrario: disminuye la producción de NF-kB y citoquinas, lo que da lugar a una reducción en el riesgo de inflamación y, por tanto, de enfermedades relacionadas con esa inflamación.

 

Fuente: Ivana Buric, Miguel Farias, Jonathan Jong, Christopher Mee: “What Is the Molecular Signature of Mind–Body Interventions? A Systematic Review of Gene Expression Changes Induced by Meditation and Related Practices”. Frontiers in Immunology. 2017.