Gracias al sentido del olfato podemos reducir la ansiedad, pero también podemos enviar señales al cerebro para que esté más alerta, por ejemplo cuando percibimos un olor desagradable. Y es que el olor enriquece la percepción que se tiene de lo que nos rodea, hasta el punto de que la memoria olfativa permite desencadenar recuerdos del pasado de manera automática.

Es lo que se conoce como “recuerdo involuntario”, que es el que sentimos por ejemplo al oler un plato que comíamos de pequeños y rápidamente recordamos esos días de la infancia, o cuando el olor a desinfectante hace que evoquemos los días que estuvimos ingresados en el hospital.

Y es que existe una estrecha relación entre el olor y las emociones, debido a que la parte del cerebro encargada de procesar los olores está situada en el sistema límbico, también vinculado con las emociones.

Pues bien, un estudio acaba de indicar que si se tiene una memoria olfativa defectuosa también se tiene más predisposición a sufrir demencia. Así se ha confirmado al ver que las personas que tienen el gen ApoE (que implica el riesgo de sufrir alzhéimer), también tienen problemas a la hora de identificar los olores.

Este hallazgo abre la puerta para que las pruebas de memoria olfativa formen parte de las herramientas que actualmente se están usando para detectar la demencia en sus etapas iniciales.

Fuente: Christina Zelano, Jessica Montag, Rehan Khan y Noam Sobel. “A Specialized Odor Memory Buffer in Primary Olfactory Cortex”. Journal Plos. 2009.