Una idea interesante desarrollada por Rolf Dobelli es que la acumulación de noticias informativas que nos llegan perjudican la salud.

Hacen que nos volvamos más temerosos y agresivos y disminuyen la creatividad y la capacidad de reflexión. Si deja de leer los periódicos por completo, se sentirá más feliz. Está demostrado.

Las noticias son al cerebro lo que el azúcar es al cuerpo. Son fáciles de tragar, y nos facilitan pequeños bocados de placer, no requieren ningún esfuerzo, pero nos acaban perjudicando. Aunque parezca que simplemente nos mantienen informados, las “noticias” nos llenan el cerebro de hechos que carecen de utilidad práctica o teórica alguna para nuestras vidas, que se escapan de nuestro ámbito de acción y que, a menudo, no nos conciernen en absoluto.

Por eso, y a diferencia de lo que ocurre al leer libros, podemos llegar a tragarnos una cantidad ilimitada de titulares, como si de caramelos multicolores para el alma se tratase.

Las noticias son tóxicas

Fíjese en el siguiente ejemplo: un coche pasa sobre un puente y el puente se viene abajo. ¿Cómo abordará la prensa la noticia? Si el conductor sale con vida, puede estar seguro de que será el primero en tener la palabra en el telediario de las nueve. ¿Por qué? Porque es algo excitante para el espectador, el cual va a llegar a sentir todo tipo de emociones fuertes al escuchar el testimonio (adónde se dirigía el conductor, en qué estaba pensando, lo que sintió…), y también porque para el periodista es una información fácil, rápida y barata de producir. La información más útil que se habría podido extraer de lo sucedido sería la solidez del puente, su estructura y el riesgo de que algo semejante ocurriese en otro lugar. No obstante, eso es algo demasiado complicado de analizar y explicar en “las noticias”.

El peligro de la información que nos facilitan de ese modo es que falsea nuestra apreciación del riesgo. Por ejemplo, y por culpa del protagonismo que tienen unas u otras noticias en la prensa y los telediarios, se sobreestima el riesgo de morir en un atentado terrorista y, sin embargo, se subestima el de morir por estrés crónico. De igual forma se sobrestima la felicidad que crea el hecho de ser rico y se subestima la posibilidad de arruinarse la vida por elegir mal al cónyuge.

El abuso de noticias es realmente tóxico para nuestro cerebro, y el único modo de protegernos sería dejar de consumirlas por completo.

No es posible actuar de forma racional ante las imágenes emitidas en los medios de comunicación. Ver cómo se estrella un avión nos marcará tanto que no podremos evitar pensar en ello la próxima vez que nos subamos a uno, independientemente de cuál sea la probabilidad real de que algo así nos ocurra.

Las noticias son inútiles

De entre las 10.000 noticias que haya leído o escuchado en los últimos doce meses, cite una que le haya ayudado a tomar una decisión más acertada con relación a su vida privada o profesional”, dice Rolf Dobelli.

Efectivamente, el consumo de noticias no tiene ninguna utilidad práctica. Mientras que nuestro cerebro necesita hacer un esfuerzo para asimilar las cosas que tienen alguna utilidad, sin embargo no hace ningún esfuerzo para absorber algo que es simplemente “nuevo”.

Nos hacemos ilusiones al pensar que por acumular un gran número de noticias en nuestro cerebro, llegaremos a entender el mundo mejor. Y ocurre lo contrario. Todo lo importante que debemos saber sobre la vida no está en las noticias, sino que surge lentamente de nuestras propias reflexiones.

Así es en el caso de la vida personal, pero también en el de la profesional. Si estar al corriente de las noticias fuese relevante para nuestra trayectoria profesional, los periodistas que elaboran esas noticias se encontrarían en la cima de la pirámide. Y no es el caso.

Y la razón es que las noticias no hacen que reflexionemos, ya que lo único que hacen es ayudar a consolidar nuestros prejuicios. Para reflexionar necesitamos concentración, lo que requiere que no nos interrumpan. Sin embargo, las noticias están especialmente diseñadas para interrumpirnos.

Si le interrumpen constantemente mientras está reflexionando, sus ideas permanecen en la memoria a corto plazo, sin ninguna posibilidad de que se integren en la memoria a largo plazo, que es precisamente donde se almacenan.

Tales interrupciones permanentes no ocurren solamente en los canales de información 24 horas, con sus incesantes titulares sobre todo y sobre nada al mismo tiempo. También los artículos de los sitios informativos de internet están hoy en día plagados de enlaces, de manera que mientras lee el texto, su atención se desvía del tema.

Investigadores canadienses han demostrado que por el simple hecho de que el texto contenga enlaces, el nivel de comprensión disminuye, pues su cerebro se ve constantemente distraído al tener que tomar la decisión de hacer o no hacer clic en ellos, lo cual provoca que se desvíe del tema.

Todo ello explicaría la impresión de perder la memoria y la capacidad de concentración, una sensación ampliamente extendida hoy en día entre las personas más jóvenes.

Las noticias envenenan el cuerpo

Las noticias activan de forma constante el sistema límbico del cerebro. Las catástrofes que se nos anuncian en los titulares todos los días liberan altas cantidades de glucocorticoides (cortisol). Esto altera el sistema inmunitario y reduce la producción de la hormona del crecimiento, que se encarga de regenerar el organismo. Las noticias pueden, por sí solas, someter a una persona con una vida (real) tranquila a una situación de estrés crónico.

Los altos niveles de glucocorticoides perjudican la digestión, reducen el crecimiento de las células de la piel, del pelo y de los huesos, aumentan el nerviosismo y hacen más proclive a las infecciones. Puede llegar a sentirse temeroso, agresivo y reducirse su campo de visión.

Las noticias funcionan como las drogas. De forma más o menos consciente, estamos al tanto de numerosos temas, desde el caso Bárcenas hasta la situación de Venezuela tras Hugo Chávez, pasando por los despidos colectivos y cierres de empresas que se producen cada día en estos tiempos. Y los medios de comunicación nos tientan constantemente para que queramos saber “qué pasará después”.

Los científicos antes pensaban que los cien mil millones de neuronas del cerebro estabilizaban sus conexiones en la edad adulta. Hoy en día sabemos que no es así. Las células rompen constantemente las conexiones viejas para crear nuevas. Cuanta más información consumimos, mayor es el número de circuitos neuronales dedicados a las tareas superficiales y menor es el número de los que se encargan de las reflexiones profundas. La mayoría de los consumidores de información, incluidos los que solían ser ávidos lectores, han perdido la capacidad de leer artículos extensos y libros. Tras unas cuatro o cinco páginas, se cansan, se aburren, su concentración desaparece, necesitan moverse… o directamente se duermen. La razón no es que hayan envejecido o que tengan cosas más importantes que hacer; es que la estructura física de su cerebro ya no es la misma.

Otro efecto particularmente lamentable de las noticias es que nos ahogan con sucesos respecto a los cuales no podemos hacer nada. Al escuchar historias sobre las catástrofes varias que asolan todos los rincones del mundo, nos volvemos pasivos y nos vemos sumergidos en un estado de ánimo negativo, pesimista, fatalista, pudiendo incluso perder toda capacidad emotiva o de compasión hacia los demás, así como la ilusión por el futuro.

Otra víctima colateral de las noticias es la creatividad. “No conozco ningún espíritu creativo que haya devorado noticias; ni escritores, ni compositores, ni matemáticos, ni físicos, ni científicos, ni músicos, ni diseñadores, ni arquitectos ni pintores. Por el contrario, conozco cantidad de personas enfermizamente estériles que consumen noticias como si de una droga se tratase”, observa Rolf Dobelli.

Todo ello no quiere decir que en este mundo no necesitemos periodistas. Todo lo contrario, son necesarios para dar a conocer los hechos más importantes relacionados con nuestro destino común, tanto a nivel local como a nivel mundial. Por lo tanto, no se trataría de dejar radicalmente de estar informado, ni de vivir a espaldas de lo que pasa en el mundo. De lo que se trata es de no volverse adicto a la información (algo a lo que ha contribuido internet, que ha hecho que si no estamos al tanto de lo ocurrido en el minuto anterior, nos sintamos desinformados). Y desde luego, la única manera de entender mejor el mundo que nos rodea es leer artículos de investigación extensos y libros.

¿Qué le ha parecido esta reflexión sobre la saturación informativa que sufrimos? Le invito a dejar su opinión y compartirla con el resto de lectores de SaludNutricionBienestar.com un poco más abajo.

Fuentes

  • “News is bad for you – and giving up reading it will make you happier”, The Guardian, 12.04.13
  • Rolf Dobelli, “Die Kunst des klaren Denkens”, 2011.
  • Nicholas Carr, “The Web Shatters Focus, Rewires Brains“, 24.05.2010