Andrea tenía 13 años cuando recibió la primera de las tres dosis de la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH). Sufría desde pequeña asma bronquial y unos días después de su administración sufrió una crisis de asma. Un mes después, tras la administración de la segunda dosis, sufrió una nueva crisis de asma con parada cardiorrespiratoria y convulsiones que la llevó de nuevo al hospital, donde posteriormente falleció.

Esto ocurrió en septiembre de 2012 y ahora, tras un largo peregrinar por instituciones sanitarias y judiciales, el Tribunal Superior de Justicia de Asturias (TSJA) ha reconocido el nexo causal entre la administración de la vacuna y el fallecimiento, condenando al Sistema Sanitario de Asturias por mala praxis.

Más allá del respaldo moral para la familia de Andrea y del reconocimiento de la deficiente asistencia sanitaria que recibió por parte de los hospitales que la atendieron, que la vacunaron pese a ser asmática y que no atribuyeron los síntomas que sufrió a la vacuna, esta sentencia supone de forma indirecta reconocer la existencia de reacciones adversas graves en la vacuna del VPH.

Por eso, esta sentencia reaviva la polémica sobre la vacunación sistemática de las niñas con una vacuna sobre la que existen dudas razonables en todo el mundo sobre su eficacia, su necesidad y su seguridad. Y ante la que, aquí en nuestro país, la Asociación de Afectadas por la Vacuna del Papiloma (AAVP) puso en marcha una petición (ver vídeo) con la que lleva recogidas 40.000 firmas para que se retire cautelarmente la vacuna contra el VPH de los calendarios de vacunaciones y se abra un debate público, independiente y transparente que sirva para sacar a la luz la verdad.