En el siglo XVIII tener la gota era algo chic. Se la llamaba “la enfermedad de los reyes”. Y todavía hoy es, en el imaginario popular, la enfermedad de los grandes comedores y vividores de la época.

Pero la gota no es algo del pasado. Esta enfermedad ha duplicado su prevalencia e incidencia durante las últimas dos décadas en España, afectando ya a entre el 1 y 2% de la población. Y cuando se trata de hombres mayores de 70 años, esta cifra se eleva al 5%. (1)

Esta imagen representa a un hombre al que los excesos de comida y de alcohol le han provocado gota, una inflamación muy dolorosa que por lo general afecta al dedo gordo del pie.

La gota es una forma de artritis aguda localizada preferentemente (75% de los casos) en la articulación metatarso-falángica del dedo gordo del pie, provocada por cristales microscópicos de urato monosódico, que es una sal derivada del ácido úrico. Los microcristales de ácido úrico suelen localizarse en articulaciones y vísceras, de modo particular en el riñón.

El exceso de ácido úrico en sangre, denominado “hiperuricemia”, provoca la inflamación de las articulaciones, en las cuales se forman unos cristales muy dolorosos. La hiperuricemia es el dato fundamental para diagnosticar la enfermedad. Se consideran valores normales de ácido úrico en sangre los inferiores a 6 mg/dl en la mujer y 7 mg/dl en el hombre.
El exceso de ácido úrico lo causa el abuso en el consumo de carnes rojas, marisco y alcohol (sin embargo, y contrariamente a lo que pueda parecer en la imagen superior, el sobrepeso no tiene nada que ver).

La enfermedad se extendía en otro tiempo entre los círculos aristocráticos habituados a la caza y las fiestas, de ahí su reputación.

Por el contrario, se cuenta que en la posguerra española, época de penurias generalizadas en el país, cuando se presentaba un enfermo con gota en un hospital universitario, a ese centro donde era atendido peregrinaban alumnos de medicina de todas partes para conocer de cerca la enfermedad.

Lo que está claro es que en el siglo XVIII las causas de la gota no estaban aún identificadas. La gente sólo constataba que la artritis afectaba a la alta sociedad, rica y cultivada, y no a la población más pobre e ignorante.

Más pudientes que los demás, los “gotosos” (como se conocía a los enfermos de gota), vivían de media más años que el resto de la población. Entre otros personajes históricos, padecieron gota el emperador Carlomagno, los reyes Carlos I de España, Enrique VIII de Inglaterra, Luis XIV (el “rey Sol”) y el presidente Theodore Roosevelt.

La conclusión que parecía más razonable (aunque por supuesto fuese errónea) era que la gota no sólo era un signo de estatus, sino que también era buena para la salud, ya que los gotosos vivían más que el resto.

Se creía que, gracias a las crisis de gota, el cuerpo evacuaba las sustancias nocivas del cuerpo, y por ello se recibía la enfermedad con regocijo, pues se la consideraba un presagio de longevidad.

Intensos dolores exquisitos

Añadamos a todo esto que el sufrimiento provocado por la gota entra dentro de una categoría muy particular, la de los “intensos dolores exquisitos”.

Médicamente hablando, se trata de dolores localizados en zonas muy acotadas que aparecen por sacudidas u oleadas. Pero esos dolores resultan también “exquisitos” al procurar una forma de placer en el contraste entre la sacudida y el alivio que inmediatamente le sigue.

Ese es el mismo placer que experimentan los niños que tienen un diente flojo. Lo balancean, juegan con él con su lengua y, a veces, empujan de tal forma que provocan un placer doloroso. O lo que muchos no tan niños buscan cuando se aprietan una zona dolorida.

Este fenómeno en el que el dolor extremo provoca cierto placer podría estar ligado a la producción de endorfina en el cerebro. La endorfina es la hormona del placer, que atenúa el dolor físico al tiempo que aumenta la sensación de felicidad y satisfacción.

Enfoque natural contra la gota

Lo cierto es que la gota provoca un sufrimiento terrible. El dedo gordo se inflama de tal modo que incluso la piel podría reventar.

El enfermo debe permanecer muchas veces inmovilizado, ya que el mínimo movimiento de aire alrededor de la zona afectada puede resultar insoportable.

El remedio oficial a base de plantas para tratar el ataque agudo de gota es la colchicina, un principio activo que también sirve de base para los fármacos de la medicina convencional para tratar esta enfermedad.

Extraída del cólquico (Colchicum autumnale, también conocido como “azafrán bastardo” o “silvestre”), una flor muy tóxica, la colchicina se prescribe en dosis ínfimas durante las crisis agudas de artritis y de gota.

Otro agente farmacológico para reducir los niveles de ácido úrico en sangre es el alopurinol, un inhibidor de la xantioxidasa, una enzima que facilita la acumulación de ácido úrico en sangre.

Pero también existen estrategias nutricionales que pueden ayudarle a prevenir y aliviar la gota, antes de tener que recurrir a los fármacos.

Hay que limitar el consumo de carne roja, rica en purinas, ya que éstas se transforman en ácido úrico. Elimine asimismo de su dieta el marisco, las vísceras y las leguminosas, ricas también en purinas.
Limite también el consumo de bebidas alcohólicas, ya que el alcohol hace disminuir la eliminación renal de ácido úrico. Los ataques de gota suelen aparecer durante la noche tras una cena copiosa y rica en marisco, pescado azul o carnes rojas, acompañada de un exceso de alcohol.

Reduzca su consumo de bebidas azucaradas (lo cual también incluye los zumos de fruta). Según un estudio neozelandés publicado en 2013, la toma de este tipo de productos aumenta la concentración de ácido úrico en sangre en los individuos con una variante genética determinada, denominada SLC2A9.

Por otro lado, la fructosa, que a menudo encontramos en este tipo de bebidas azucaradas, también aumenta el riesgo de padecer gota, tal y como demostró un estudio realizado por la Escuela de Medicina de la Universidad de Boston.

Tome vitamina C, que reducirá su nivel de ácido úrico en sangre y por lo tanto ejercerá un efecto positivo sobre la gota, y coma menos tomates, pues de acuerdo con un estudio publicado en 2015, podrían favorecer la aparición de la gota. (2)

También son aconsejables las tisanas y bebidas diuréticas, es decir, aquellas que hacen orinar y evacuar urea y ácido úrico. Y es que, en definitiva, la gota está provocada por una insuficiencia renal a la hora de evacuar esta sustancia. Existen numerosas tisanas que pueden ayudar: de rabos de cereza, de alcachofa, de hojas de abedul, de ortiga…

¿Y si ya tiene gota?

Durante la crisis debe beber mucho, entre 2 y 3 litros de agua al día. Beba medio litro nada más levantarse.

Y otro remedio natural que a veces se aconseja es aplicar ortigas frescas (es decir, urticantes) sobre la zona inflamada. Según parece, el alivio es bastante rápido y efectivo… pero como afortunadamente yo nunca lo he necesitado, no puedo afirmarlo con seguridad.

Fuentes:

  1. Datos de la Sociedad Española de Reumatología (SER). Mayo, 2016.

  2. Tanya J Flynn, Murray Cadzow, Nicola Dalbeth, Peter B Jones, Lisa K Stamp, Jennie Harré Hindmarsh, Alwyn S Todd, Robert J Walker, Ruth Topless and Tony R Merriman. “Positive association of tomato consumption with serum urate: support for tomato consumption as an anecdotal trigger of gout flares”. BMC Musculoskeletal Disorders 201516:196 DOI: 10.1186/s12891-015-0661-8. Received: 20 December 2014Accepted: 4 August 2015. Published: 19 August 2015.