El pequeño Joseph era sólo un bebé cuando estuvo ingresado en el centro de neonatos del Cardinal Glennon Memorial Hospital de Saint-Louis, en Missouri (Estados Unidos), enchufado a un respirador artificial desde hacía seis semanas.

Su actividad cerebral se registraba con un electroencefalograma y, cuando éste fue plano, se interpretó como muerte cerebral.

El concepto de muerte cerebral (o muerte encefálica) es el que permite declarar muerta a una persona que ha perdido sus funciones cerebrales aunque permanezca con actividad cardíaca y respiratoria gracias al soporte vital artificial. Y es lo que, si fuera el caso, desencadena el proceso de extracción de sus órganos destinados a la donación.

Pero lo que le ocurrió a aquel bebé allá en 1975 es que el neonatólogo que le atendía no lo desenchufó inmediatamentemente del respirador. Y días después el pequeño empezó a respirar sin ayuda, y finalmente recibió el alta y abandonó el hospital. Creció y se desarrolló con toda normalidad; iba a la escuela, hacía atletismo y jugaba al béisbol. Hoy trabaja como bombero en Saint-Louis.

Aquel neonatólogo que le atendía es el Dr. Paul Byrne y aquel caso despertó su interés por el concepto de muerte cerebral y sus implicaciones legales.

Hoy el Dr. Byrne (defensor de la donación, y esto es importante recalcarlo) es uno de los expertos más críticos con el concepto de “muerte cerebral” erigido en criterio determinante para obtener órganos vitales vivos y sanos para los trasplantes.

Quienes quieren desacreditarlo enarbolan las creencias católicas del Dr. Byrne como prueba irrefutable de que está equivocado. El “problema” es que no está solo.

Hace un tiempo el diario británico Daily Mail publicó el caso de un joven inglés cuyos padres le habían salvado literalmente la vida al negarse a autorizar la extracción de sus órganos para donación. (1)

El caso ocurrió en el Hospital de la Universidad de Coventry, en el norte de Inglaterra. Stephen Thorpe, de 17 años, resultó gravemente herido en un accidente de coche en el que murió su amigo Mattew, de 18, que conducía. A raíz de la gravedad de sus heridas, los médicos indujeron el coma y, dos días más tarde, lo declararon en estado de “muerte cerebral”, activando el procedimiento de extracción de órganos y la búsqueda de receptores.

Pero los padres de Stephen, que no se separaban de su lado, afirmaron que “sentían” que su hijo “todavía estaba allí”, y solicitaron que fuera examinado por otro neurocirujano ajeno al hospital, tras cuyo dictamen decidieron solicitar al hospital que sacaran a su hijo del coma inducido. Cinco semanas más tarde, Stephen recibió el alta y volvió a casa.

¿Por qué le hablo hoy de todo esto?

Hay cosas de las que es más cómodo no hablar.

Por supuesto que en un país como el nuestro, al igual que en los de nuestro entorno, existe la libertad de expresión. Pero hay temas en los que hay una visión tan compacta de lo que es lo correcto que el simple hecho de cuestionarlo, incluso un simple aspecto, te convierte en foco de las críticas.

Nuestro país es líder mundial en trasplantes de órganos. Se trata de una técnica médica compleja, que salva vidas, en la que juega un papel esencial la solidaridad y en la que nuestro país, a la zaga en tantas cosas, ha logrado un protagonismo incuestionable, convirtiéndose en un espejo en el que se mira el mundo.

Los medios de comunicación se hacen eco una y otra vez de los grandes hitos que sigue alcanzando nuestro país año tras año en esta materia, y acercando al gran público infinidad de historias de gran calado humano que hablan de la generosidad de las familias de los donantes y del agradecimiento y la esperanza de los receptores.

Nadie quiere remover el asunto de la muerte cerebral (instaurado en 1968 en el marco del trasplante de órganos), de la línea divisoria entre la vida y la muerte, de las veces en las que personas declaradas en ese estado se han recuperado, ni de la necesidad que hay muchas veces de anestesiar al donante antes de extraer sus órganos pues incluso en estado de muerte cerebral es sensible a las operaciones quirúrgicas (es lo que se conoce como “efecto lázaro”). (2)

Cuando se trata de trasplantes, es más sencillo hablar de vida, de esperanza, de generosidad, de solidaridad… y desacreditar con argumentos fáciles a quienes discrepan.

Sin embargo, tenga claro que no es un debate cerrado. Los expertos siguen hablando de ello.

Sin ir más lejos, en septiembre del año pasado, hace apenas seis meses, la Universidad de Granada organizó unas jornadas científicas internacionales en relación con la determinación de la muerte en el contexto de la donación de órganos. Se habló de las fronteras entre la vida y la muerte, del diagnóstico de muerte real, del consentimiento, de ciencia y de ética. (3)

Participaron expertos llegados de todo el mundo de disciplinas como la antropología médica, la sociología, la filosofía, la medicina o el derecho sanitario.

Como ve, no es un debate que esté ni mucho menos cerrado. ¿Y quién habla al público de esto? ¿Se había usted enterado, por ejemplo, de que aún hoy expertos de todo el mundo se siguen reuniendo para hablar de las mismas cosas que se intentaron dar por cerradas allá en 1968?

En Salud AlterNatura jamás nos cerrarán la boca. La realidad nunca suele ser plana, y desde que lanzamos nuestro primer número apostamos por dar voz a quienes nos parecía que debían ser escuchados, aunque tocaran asuntos ciertamente incómodos.

El próximo número es un ejemplo de ello.

Hemos entrevistado para usted al Dr. Paul Byrne, el mismo médico que hace 22 años salvó la vida de aquel bebé atado a un respirador. Somos conscientes de que es un tema controvertido, y que nos criticarán por darle cabida en nuestras páginas. Pero le aseguro que lo que cuenta le sorprenderá por su lucidez y le hará reflexionar.

Por supuesto, también podrá leer a quienes no piensan como el Dr. Byrne, de forma que sea usted quien extraiga sus propias conclusiones. Y es que este no es un tema baladí y conviene tener las ideas claras al respecto. Ojalá las decisiones de ese tipo no tuviesen que tomarse nunca, pero si desgraciadamente ese momento se llega a presentar, no siempre se está en disposición de leer la letra pequeña.

Puede pedir aquí este ejemplar antes de este sábado 18 de marzo.
Fuentes:

  1. “The boy who came back from the dead: Experts said car crash teen was beyond hope. His parents disagreed”. Daily Mail. 24 April 2012.
  2. Beecher H.K., Adams R., Barger A.C. y Curran W., “A definition of irreversible coma: report of the Ad Hoc Committee of the Harvard Medical School to examine the definition of brain death”, JAMA 1968, 205 (6), 337-340. DOI:10.1001/jama.1968.03140320031009.
  3. “Dying, Death, Donating”. International Conference on the Ethics of Organ Donation. September 7-8, 2016. Granada (Spain).