A menudo nos piden que escribamos sobre utensilios de cocina.

Entre los distintos materiales (acero, acero inoxidable, hierro colado, cerámica, revestimientos antiadherentes, porcelana…), las sartenes o las cazuelas, la temperatura alta y baja, la frecuencia con la que cada uno cocina, el número de miembros de la familia, su presupuesto, el tamaño de la cocina, el tipo de cocina (de gas, eléctrica, inducción, vitrocerámica…), elegir parece la historia de nunca acabar.

Pero no se rompa la cabeza: ¡apueste por cazuelas de acero inoxidable!

Es muy sencillo: unas buenas cazuelas de acero inoxidable acompañadas por una buena tapa y unas buenas asas permiten cocinar de todo, y una sola vida se nos queda corta hasta que se estropean.

Son baratas, permiten guisar, calentar, recalentar e incluso dorar la carne conservando intacto su sabor. Añada una sencilla cesta para cocción al vapor (también en acero inoxidable) y podrá cocinar al vapor sobre la cazuela, incluso a baja temperatura. Además, puede dejar en su interior sin miedo alimentos tanto líquidos como sólidos, calientes o fríos y hasta los más ácidos.

El acero inoxidable de calidad para las cazuelas es por lo general del 18/10, es decir, un acero que contiene un 18% de cromo y un 10% de níquel, una composición que estabiliza los materiales e impide que las partículas tóxicas pasen a los alimentos. Es uno de los materiales más seguros que existen, lo que explica que sea la primera opción elegida tanto en hospitales como en cocinas industriales.

El acero inoxidable 18/10 no se oxida, no se rompe y es resistente a los arañazos. No necesita ningún tratamiento químico para aumentar su resistencia. Es 100% reciclable y, de hecho, entre el 50% y el 60% de los productos de acero inoxidable hoy en día están fabricados a partir de acero inoxidable reciclado.

No obstante, vale la pena invertir en unas cacerolas buenas. La diferencia entre marcas es enorme, ya sea por la calidad de la cocción, que podrá constatar desde el primer uso, o por su vida útil.

Una historia (casi) eterna

Yo utilizo las mismas cacerolas de acero inoxidable desde hace veinte años, así que imagínese la de veces que han cocinado, se han quemado, se han quedado abandonadas en el fregadero, se han lavado con detergente, han pasado por el lavavajillas, se han quedado olvidadas en el fuego o en un rincón de la nevera con una capa de salsa de tomate ácido, o cuántas veces han sufrido una brutal agresión por parte del estropajo o la punta de un cuchillo.

Nuestros hijos las han utilizado como escalón, tambor, casco de caballero, martillo o recipiente para toda clase de experimentos químicos.

Lo crea o no, en la actualidad se encuentran prácticamente igual que el primer día. Tanto el fondo y las asas como el interior y el exterior.

Compruebe el grosor del fondo, la calidad de la tapa y las asas

Las cacerolas de acero inoxidable de buena calidad tienen un fondo grueso compuesto por varias capas de metal superpuestas, generalmente de acero inoxidable y aluminio.

Las capas de aluminio se encuentran entre las capas de acero inoxidable para evitar que entren en contacto con la comida. Cuanto más alta sea la gama, más capas habrá, lo que permite distribuir mejor el calor.

El precio también dependerá de las asas y la tapa.

Yo recomiendo las tapas de metal grueso, aunque eso va en gustos. Son más caras que las de cristal, pero aíslan mejor. Y, por supuesto, también son más resistentes.

En cuanto a las asas, eso ya depende de cada uno. El mango desmontable que resulta tan práctico a la hora de guardar las cazuelas, también le permite ahorrar, ya que sólo necesitará comprarse uno para usarlo con 3 ó 5 cacerolas.

Fabrique su propio producto de limpieza 100% natural, sencillo y eficaz

Para limpiarlas, ¿qué le parecería fabricar su propio producto de limpieza? No le llevará más que un momento y evitará los detergentes químicos que están a la venta. Eche un vistazo a la receta que le propongo.

Estos son los ingredientes necesarios para un litro y medio de producto de limpieza polivalente:

  • 1 litro de agua.
  • ½ litro de vinagre blanco.
  • 2 cucharadas soperas de jabón negro (esto es opcional para un resultado más eficaz, pero necesitará aclarado).
  • 20-30 gotas de aceites esenciales (puede utilizar uno solo o combinar varios): árbol de té, eucalipto, espliego, limón, pino silvestre, menta piperita, canela…

Preparación:

  • En un frasco o pulverizador vacío mezcle el jabón negro y los aceites esenciales.
  • Añada el vinagre blanco y el agua. Agite con fuerza y… ¡ya está listo!