Un padre puede transmitir a su hijo e incluso a su nieto la propensión a ser obeso cuando crezca, según acaba de confirmar un estudio de la Universidad de Copenhague.

Todavía se desconoce el mecanismo a través del cual se produce esta “predisposición genética a engordar”, pero en base al estudio realizado, cuyos resultados se han publicado en la revista Molecular Metabolism, se cree que la clave está en el semen.

Y es que se ha descubierto que los espermatozoides de los hombres que tienen un exceso de grasa y los de los que son más delgados tienen marcas diferentes en sus genes, especialmente en los que están implicados en el control del apetito.

Por tanto, la nutrición y la salud metabólica del padre puede influir en la que tendrán sus hijos e incluso sus nietos, a través de pequeños fragmentos de ARN (ácido ribonucleico, molécula de la que se vale el ADN para transferir información vital durante la síntesis de proteínas) que se pegan al esperma.

La buena noticia es que estos marcadores que se transmiten de generación en generación no quedan impresos en el ADN (ácido desoxirribonucleico que contiene las instrucciones genéticas para el funcionamiento de todos los organismos) de manera definitiva, por lo que son reversibles y a partir de la tercera generación desaparecían… Lo malo es que tanto los hijos como los nietos sí sufrirían la obesidad del padre, estando predispuestos genéticamente a padecerla ellos también.

Fuente: Jennifer E. Cropley, Sally A. Eaton, Alastair Aiken, Paul E. Young, Eleni Giannoulatou, Joshua W.K. Ho, Michael E. Buckland, Simon P. Keam, Gyorgy Hutvagner, David T. Humphreys, Katherine G. Langley, Darren C. Henstridge, David I.K. Martin, Mark A. Febbraio, Catherine M. Suter. “Male-lineage transmission of an acquired metabolic phenotype induced by grand-paternal obesity”. Molecular Metabolism. 2017.