Ahora han sido Barcelona y Cambrils, como antes fueron Londres, Estambul, París, Niza, Ankara, Madrid, Alepo, Kabul, Bruselas o Manchester, entre otros tantos lugares golpeados por la sinrazón terrorista.

Nos escriben lectores y amigos de todo el mundo preguntándonos si estamos bien, si alguien de nuestro equipo o sus seres queridos se ha visto afectado, enviándonos su solidaridad para todo el país, el último en ser golpeado ciegamente por la barbarie.

Todos estamos bien, aunque con el corazón roto.

En los últimos tiempos, el mundo de los hombres está demostrando la extensión de su locura asesina. Y dejando en nuestras mentes el poso de un mundo demasiado pesado, demasiado negro.

¿Cómo reaccionar cuando el mal se asienta en nuestras vidas? ¿Cómo puede uno no dejarse llevar por la tentación de la furia?

La pérfida estrategia de los terroristas es crear inseguridad y miedo en todas partes, interrumpir la vida cotidiana, callar las risas y la alegría. Que tengamos miedo a salir a la calle, a pasear, a sentarnos en una terraza, a ir a comprar, a viajar. El terrorismo, como su propio nombre indica, quiere instaurar el terror.

Y es difícil no dejarse llevar cuando el odio de unos cuantos deja las calles cubiertas de sangre y dolor, llevándose por delante tantas vidas inocentes.

Pero creo que es precisamente en estos momentos cuando debemos hacer todo lo que esté en nuestras manos para no dejarnos abrumar, buscando en nosotros mismos refugios de paz.

Guardar luto por las víctimas, solidarizarnos con los heridos, con las familias… pero también seguir adelante, siempre adelante.

Ojalá hoy le estuviera escribiendo de plantas maravillosas, de remedios beneficiosos para su salud, de investigaciones científicas fruto del esfuerzo de los hombres que nos hagan vivir mejor. Pero en lugar de ello, esos monstruos han querido que haya que hablar del horror.

Es nuestra obligación buscar y recuperar la calma interior y la belleza en las cosas que nos rodean. Porque nosotros sabemos hablar de amor y del bien, y ellos sólo saben hablar de muerte y del mal. Y el bien siempre prevalecerá.