Mantener nuestro cuerpo a la temperatura adecuada es nuestro primer gasto de energía. Precisamente por ello, una de las razones del aumento de la obesidad en Estados Unidos es la generalización de los aparatos climatizadores, que generan frío o calor para mantener la temperatura siempre constante, lo que nos impide adelgazar.

Esto permite a los norteamericanos vivir al margen de las estaciones, del tiempo y de la hora del día. Al no tener ya prácticamente necesidad de adaptarse a los cambios del clima, su metabolismo se ralentiza, su consumo de calorías baja… y la grasa se acumula.

Los desastres del aire enlatado

Con cierta frecuencia asisto a cursos y conferencias que tienen lugar en esos típicos grandes hoteles de congresos en los que permanecemos prácticamente aislados durante dos o tres días, pasando de la habitación a la sala de conferencias y haciendo todas las comidas también en el hotel, sin salir al exterior.

Todos los trayectos se hacen en ascensor, siempre andando sobre moquetas, y las salas están cubiertas de tela, con iluminación eléctrica. Debido al aire acondicionado, las ventanas están cerradas y la temperatura es siempre la misma.

El efecto en el cuerpo es espectacular. Tras unas horas, los párpados se vuelven pesados, la cabeza se embota, los oídos comienzan a zumbar; las manos están sudorosas y los pies se hinchan. Comienzas los bostezos. Uno trata de recuperarse pasando al comedor. Sin embargo, después de un par de comidas, el efecto se invierte, se sienten náuseas al mismo tiempo que se tiene la sensación de no haber comido lo suficiente; se tiene sed, al mismo tiempo que la impresión de haber bebido demasiado. Muy pronto, toda su energía se va en una lucha desesperada contra el sueño: las voces de los oradores consiguen adormecerle, las presentaciones, que se suceden una tras otra, exigen esfuerzos sobrehumanos para mantenerse despierto. Y por la noche, en cambio, resulta imposible cerrar los ojos.

En realidad, para adelgazar y estar en forma, ¡el cuerpo necesita ser azotado por los elementos! Lejos de resfriarle, nada como la lluvia, el viento, el sol, el frío y el calor que se alternan para fortalecerle y darle salud.

Es por ello que una de las primeras medidas que debe seguir si quiere perder peso es reactivar su metabolismo, sometiendo a su cuerpo a variaciones de temperatura y de condiciones atmosféricas.

Baje la calefacción en invierno, corte el aire acondicionado en verano para adelgazar

Además de ahorrar energía, va a poner a trabajar a pleno rendimiento el metabolismo de su cuerpo para mantenerse a la temperatura adecuada, y perderá sus kilos de más (si es que tiene alguno).

Ducha escocesa

Para sobrevivir a los congresos, he adoptado el hábito de practicar la ducha escocesa, es decir, rociarme un buen rato, mañana y noche, con agua lo más fría posible.

Esta práctica puede parecer brutal, pero uno se acostumbra fácilmente si se inicia en su práctica de la forma adecuada. Y es que no se trata de empezar un buen día saltando de la cama, aguantando la respiración y lanzándose a darse una ducha de agua helada.

Hay que ir poco a poco y gradualmente. En primer lugar, dúchese como de costumbre y, a continuación, vaya subiendo la temperatura hasta aproximadamente 40° C, es decir, la temperatura máxima que podemos soportar sin quemarnos.

Después de unos minutos a 40° C, usted tendrá tanto calor que sólo deseará una cosa: bajar la temperatura para sentirse mejor.

En ese momento debe ir bajando la temperatura de la ducha hasta que el agua esté tibia, fresca, y después se sube otra vez la temperatura a 40 ° C. Una vez que de nuevo tiene demasiado calor, se baja la temperatura al máximo, y así sucesivamente durante unos quince minutos, debiendo permanecer bajo el agua fría durante cada ciclo la mitad de tiempo que bajo el agua caliente.

Sesión tras sesión irá descubriendo que cada vez soporta mejor el agua fría, hasta que un buen día se dará cuenta de que es muy agradable sentir el agua casi helada sobre su cuerpo.

Se trata del mismo principio del baño nórdico, que consiste en alternar sesiones de sauna y de rodar en la nieve. Es una práctica que relaja considerablemente el cuerpo y lo fortalece.

Después de un tiempo, se dará cuenta de que ya no le hace gran efecto y tratará de redescubrir el placer del agua bien fría al pasarla por los puntos calientes de su cuerpo: la cabeza,  la nuca, las caderas, el interior de los muslos, es decir, allí donde la sangre se retira cuando se tiene frío.

Su cuerpo reaprenderá así a autorregular su temperatura.

Excelente para la circulación

Bajo el agua caliente, las arterias y las venas se dilatan para dispersar el calor con más facilidad. Por el contrario, bajo el agua fría se contraen para evitar la pérdida de calor. De esta forma, su sistema sanguíneo reencuentra su capacidad de adaptación y aumenta su elasticidad, convirtiéndose en una excelente forma de luchar contra la rigidez de las arterias.

Después de un poco de práctica, los más fuertes pasarán directamente al agua fría al salir de la cama, lo que evitará el derroche de agua y energía que conlleva una ducha demasiado larga y caliente.

Pero aunque no se anime a las duchas escocesas, lo que en cualquier caso sí debe hacer es terminar su ducha de siempre disminuyendo la temperatura del agua. Y es que hoy en día tendemos a tomar duchas demasiado calientes y a ser cada vez menos resistentes a las fluctuaciones de temperatura. De ahí la tendencia a aumentar de peso y a que nuestra salud sea más vulnerable al frío en invierno.

¿Qué le ha parecido este artículo? ¿Se plantea incorporar a sus rutinas diarias tomar una ducha más fría o incluso la ducha escocesa? En saludnutricionbienestar.com sus comentarios son bienvenidos, por ello le invito a compartir su experiencia con todos nuestros lectores  un poco más abajo.